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El Papa sandía
Eduardo Saez Maldonado. 24.06.15 
“Deseo reconocer, alentar y dar las gracias a todos los que, en los más variados sectores de la actividad humana, están trabajando para garantizar la protección de la casa que compartimos” *
El movimiento ecologista, particularmente en España, ha sido tradicionalmente ninguneado por la mayor parte de la población en general y por las clases dirigentes (y no sólo políticas) en particular. “Gentes preocupadas por proteger florecillas o pajarillos: trivialidades irrelevantes”. La izquierda va integrando poco a poco la defensa ambiental en sus idearios aunque sigue estando infravalorado en sus programas. El movimiento llamado de “ecología política”, aunque sigue siendo considerado por muchos como una continuación de las “banalidades” mencionadas, está derramando en nuestras conciencias aspectos mucho más globales de su fundamento teórico. Y es que, mucho más allá de las ballenas y las flores, el ecologismo político integra conceptos puramente ecológicos (en su sentido más estricto y científico) relacionados con los flujos de energía dentro de los ecosistemas (y entre ellos) que integran y explican desde los colapsos históricos de algunas civilizaciones, hasta las crecientes desigualdades sociales que nuestro sistema sociopolítico genera al observar la Tierra (nuestro único hogar) como un único y complejo sistema finito cada vez más cercano, por cierto, al colapso.
Estos puntos de vista verdaderamente globales que integran destrucción y expolio ambiental con injusticias sociales, (y a los que nos tendremos que ir acostumbrando en adelante) han encontrado un poderoso valedor mundial en el Papa Francisco en su encíclica “Laudato si” publicada estos días y de la que extraigo un par de significativos párrafos:
 
“Mientras tanto, los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente. Así se manifiesta que la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas. Muchos dirán que no tienen conciencia de realizar acciones inmorales, porque la distracción constante nos quita la valentía de advertir la realidad de un mundo limitado y finito. Por eso, hoy « cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta”.
 
“Los recursos de la tierra también están siendo depredados a causa de formas inmediatistas de entender la economía y la actividad comercial y productiva. La pérdida de selvas y bosques implica al mismo tiempo la pérdida de especies que podrían significar en el futuro recursos sumamente importantes, no sólo para la alimentación, sino también para la curación de enfermedades y para múltiples servicios. Las diversas especies contienen genes que pueden ser recursos claves para resolver en el futuro alguna necesidad humana o para regular algún problema ambiental. Pero no basta pensar en las distintas especies sólo como eventuales « recursos » explotables, olvidando que tienen un valor en sí mismas. Cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales que ya no podremos conocer, que nuestros hijos ya no podrán ver, perdidas para siempre. La inmensa mayoría se extinguen por razones que tienen que ver con alguna acción humana. Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho.”
Particularmente significativa la última frase “No tenemos derecho”.

Ya reconoció el Papa hace unos meses que no era de derechas, y hace ahora un demoledor alegato medioambiental hablando de contaminación, cambio climático, pérdida de biodiversidad, sobreexplotación de recursos, guerras, injusticias sociales…. Independientemente de la fe que profesemos (si es que profesamos alguna), la indiscutible autoridad moral del Papa sobre millones de personas del planeta puede contribuir a que cambie la perspectiva que muchos tienen del sistema imperante y que la élite económico/política que gobierna el mundo se afana en preservar. No debemos esperar mucho de esta élite (católicos, por cierto, muchos de ellos), pero sí de los pueblos que cada vez están más informados y miran a su alrededor con espíritu más crítico.
Las cosas empiezan a cambiar en Occidente, y un papa valiente, que ha resultado ser verde por fuera y rojo por dentro, puede hacer un gran servicio a la humanidad y a la revolución que se avecina. Ha costado dos mil años, pero quizá haya llegado, y en un momento oportuno.
Dios bendiga al Papa Francisco.
 
*De la encíclica “Laudato si” del Papa Francisco
 
Eduardo Sáez Maldonado
 
https://www.aciprensa.com/Docum/documento.php?id=552
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