logo

Tu diario. Libertad de expresion

Buscador de alhaurin.com Telf. de interés Normas de alhaurin.com Hemeroteca Todas las carpetas de alhaurin.com
Discurso del presidente de la Diputación en el Foro Nueva Economía
Diputación de Málaga. 30.11.15 
Buenos días a todos y gracias por asistir a este encuentro que organiza Nueva Economía, a cuyo presidente, José Luis Rodríguez, agradezco especialmente su interés y apego por esta tierra. Hoy vengo a hablar, una vez más, de Málaga. Sé que estamos en la antesala, casi en la víspera, de una nueva campaña electoral, pero quisiera que las reflexiones que voy a compartir con ustedes esta mañana sean analizadas desde la ideología que todos compartimos. Estoy seguro de que, al margen de siglas políticas y partidismos, todos queremos lo mismo: lo mejor para Málaga, lo mejor para Andalucía, lo mejor para España. Yo quiero hablarles hoy de mi visión de esta provincia, de los retos a los que se enfrenta, de sus fortalezas y de las debilidades que creo debemos atacar no sólo en los próximos cuatro años, sino en la próxima década. Tenemos que pensar en 2025. E ir más allá. Hace unos días escuchaba a uno de nuestros más respetados intelectuales hablar convencido sobre cuál ha sido el periodo de mayor esplendor de Málaga. Se suele citar la revolución industrial del siglo XIX. Esa etapa de la burguesía ilustrada, de las fábricas nacidas al calor de nuestra producción de vinos y del despegue de nuestra industria textil. No, esa no es la edad de oro de Málaga, decía con su pasión de siempre Salvador Moreno Peralta. “La Edad de Oro de Málaga es ahora, está ocurriendo, la estamos viviendo, son estos años”. No puedo estar más de acuerdo. Y añado: hay que aprovecharla. Tenemos la obligación de aprovecharla. A pesar de nuestras debilidades estructurales, creo que Málaga llega a esta nueva etapa de crecimiento preparada para dar el gran salto de progreso y desarrollo que llevamos décadas planificando.
Málaga entendida como la gran metrópolis que va de Nerja a Manilva. E incluso más allá, a Algeciras. Málaga como el gran eje urbano del Mediterráneo español.

Esa Málaga tiene la vocación, pero también el deber, de liderar el desarrollo económico de Andalucía, de ser el motor para la convergencia de nuestra comunidad con España y Europa.

Que estemos en esa disposición ha sido posible gracias a muchos factores, a las ventajas competitivas que tenemos, pero también a una sociedad civil emprendedora e inquieta, que en demasiadas ocasiones no ha tenido el amparo de los poderes públicos.
No ser capital de nada, haber vivido tantas veces lejos de los centros de decisión, nos ha obligado a evolucionar, a ser más independientes, más innovadores.

Pero tampoco sería justo olvidarnos de la generación política anterior. Ahora estamos viendo los frutos de aquella “hora de Málaga” que pactaron personas como Luciano Alonso y Celia Villalobos, como Pepe Asenjo y Joaquín Ramírez o Ildefonso Dell’Olmo.

Aquella hora de Málaga hizo posibles el Museo Picasso, el AVE, la nueva estación, el aeropuerto, el Palacio de Ferias…

Miles de malagueños y de visitantes disfrutan cada día de nuestro magnífico Puerto, por ejemplo, sin saber del trabajo y de las horas y horas de reuniones, y también de sanas discusiones, que hubo entre Enrique Linde y nuestro alcalde, Paco de la Torre.

A todos ellos, a todos los que han trabajado y trabajan de corazón por los malagueños, quiero darles las gracias.

Quiero proponer que rescatemos aquel espíritu de La Hora de Málaga. Adaptado a los nuevos tiempos, actualizado, y con nuevos objetivos para el futuro. Y nuestra hora de Málaga ya no tiene que ser a escondidas, de forma casi furtiva, como lo fue entonces.

Resulta evidente que hemos inaugurado una nueva etapa política en nuestro país y que a partir del próximo 20 de diciembre el diálogo, la negociación y el consenso serán más necesarios que nunca.
Ese nuevo talante, esa voluntad sincera de llegar a acuerdos y abandonar la crispación permanente es lo que, humildemente, estamos intentando y practicando en la Diputación de Málaga.

Y no sólo con Ciudadanos, que apoyó mi toma de posesión, sino con el resto de fuerzas políticas.

Hemos llegado a un acuerdo histórico, para todo el mandato, para la concertación y ayuda a los municipios malagueños, y queremos llegar a un acuerdo lo más amplio posible para aprobar los presupuestos provinciales del año que viene.

Creo firmemente que es lo que esperan de nosotros los ciudadanos. Que sepamos distinguir entre nuestras legítimas, y sanas, diferencias políticas, y los puntos en los que es necesario un acuerdo.

Gracias a esa voluntad de diálogo fue posible la rehabilitación del Caminito del Rey durante el mandato anterior. Llevábamos casi treinta años intentando arreglar aquella maravilla y nunca era posible. Hasta que nos sentamos en una mesa todos.

Nadie daba un duro por el acuerdo entre la Diputación, tres ayuntamientos gobernados por PSOE, Izquierda Unida y PP, la Junta de Andalucía y el Gobierno central.

Pero lo alcanzamos, y creo que el éxito es innegable. Y es un éxito de todos.

Ya dije que pretendía trasladar ese espíritu del Caminito del Rey a otros asuntos. Y creo que así ha ocurrido estos meses.

Hemos desbloqueado otro viejo proyecto de Málaga, el Hospital del Guadalhorce, tendiendo la mano de la Junta de Andalucía y al Ayuntamiento de Cártama para que se pueda abrir ese centro sanitario tan necesario para Málaga, que lleva, desgraciadamente, demasiados años cerrado.

Hoy puedo anunciarles que la Diputación iniciará las obras del acceso al hospital en enero y estarán terminadas en abril. Entonces ya no habrá ningún obstáculo para que se abra el hospital.

Espero que la Junta cumpla su parte del compromiso, y también espero y exijo que se contrate al personal sanitario necesario para atender el nuevo hospital y que no se traslade a médicos y enfermeros de otros centros. Mal negocio habríamos hecho si para abrir un nuevo hospital empeoramos la atención en los existentes.

Creo que ese camino de alcanzar acuerdos y compromisos es lo que esperan de nosotros los malagueños. Los ciudadanos nos piden que resolvamos los problemas. Por muy difíciles y enquistados que parezcan. Los ciudadanos no nos votan para que nos resignemos.

Si tuviera que destacar un logro de nuestra gestión en la Diputación de Málaga, sería ese: Hacer sencillo lo realmente complicado.

A todos nos vienen a la cabeza proyectos que tenemos que resolver.
Y de ellos quiero hablar, también, esta mañana.

Pero permítanme que enfoque el que a mi juicio es el mayor desafío pendiente de nuestra provincia, como lo es también de nuestra comunidad y de nuestro país: el paro.

Según la EPA, en Málaga sufrimos, en el tercer trimestre de este año, un 28,97% de paro, con 236.000 desempleados. Que seamos la provincia andaluza con menos paro no es ningún consuelo. Estamos a casi ocho puntos de la tasa de paro española.

Yo soy una persona de retos, y creo firmemente que Málaga tiene potencial no sólo para reducir esa brecha, sino para tener mejor tasa de empleo que la media nacional. Eso, obviamente, no se consigue a corto plazo, ni improvisando.

Nuestro objetivo para 2025 debe ser reducir el paro a casi un tercio de lo que es hoy. Bajar del 10% de paro. Málaga tiene que bajar del 10% de paro.

Que nadie se asombre. No es imposible. Ya lo hemos hecho, ya lo hicimos. ¿Saben ustedes cuál era la tasa de paro de Málaga hace justamente diez años, en el tercer trimestre de 2005? Un 9,86%.

Yo no me resigno ni me conformo. Nuestra obligación es dejar a la próxima generación de malagueños una situación mejor que la que nos encontramos.

Ya he trasladado públicamente el compromiso de mi partido de crear 80.000 empleos en la próxima legislatura si seguimos gobernando. Pues bien, en los próximos diez años debemos ser aún más ambiciosos y bajar del 10% de paro.

¿Cómo hacerlo? Desde luego atacando nuestro paro estructural, mejorando y fortaleciendo los sectores en los que somos más débiles, reduciendo, sin demonizarla, nuestra histórica dependencia de la construcción y del sector servicios.

Como todos ustedes saben, el turismo es el motor de nuestra economía y nuestra mayor fortaleza. Pero no podemos dormirnos en los laureles. Debemos estar preparados para el crecimiento turístico que seguirá produciéndose en los próximos años y a la vez seguir aumentando la calidad, los ingresos, el empleo, la excelencia.
La actual situación de incertidumbre global nos convierte en una zona, si cabe, aún más atractiva. Así que vaticino nuevos récords.

Pero también debemos aprovechar el tirón de nuestro sector turístico para impulsar los dos sectores de la actividad en los que tenemos mucho campo para crecer, la agricultura y la industria.

La agricultura malagueña sólo representa el 2,2% del empleo en nuestra provincia, con 13.200 ocupados, y un porcentaje similar del PIB. Es la mitad que España y la tercera parte que Andalucía.

En cuanto a la industria, tiene el 4,4% de los empleos y el 6% del PIB en Málaga, muy por debajo de la tasa española o de la andaluza. La industria tiene un peso en la economía de Málaga tres veces menor que en la española y la mitad que en la andaluza.

Considero que debemos forzosamente crecer en ambos sectores, y para ello es necesaria una gran alianza entre las administraciones, sean del color político que sean, y también con la sociedad civil. Hay que impulsar la colaboración público-privada que tan buenos resultados ha dado en otros campos.

Con las iniciativas adecuadas, en el sector agrario tenemos potencial para triplicar el número de trabajadores en la próxima década.


Con la mitad del agua del pantano del río Verde, en Marbella, que se tira cada año al mar, sólo en la zona oriental de la provincia podríamos ampliar en más de 10.000 hectáreas la superficie de regadío de los cultivos subtropicales, especialmente el aguacate.

Es lo que están demandando las cooperativas y agricultores de la Axarquía.

Les hablo de completar de una vez por todas la famosa interconexión entre la cuenca occidental y la oriental de la provincia, y poder llevar el agua desde donde sobra hasta donde falta, desde donde tenemos capacidad de almacenamiento, hasta donde no.

En la Costa occidental sobra el agua porque está cerca de la zona donde más llueve de España, pero nos faltan pantanos y seguimos sin ampliar la Concepción. En cambio, en la costa oriental tenemos el mayor pantano, la Viñuela, pero es el lugar donde menos llueve.

Hay que conectar ambas cuencas y por fin estamos en disposición de hacerlo. Gracias al trabajo serio y riguroso de la Mancomunidad de la Costa del Sol Occidental y del Gobierno de España, a través de Acuamed, en dos años podemos acometer, y acometeremos, la obra que terminará esa conexión.

Se trata de una tubería de 18 kilómetros de longitud y con unos 20 millones de euros de coste entre Málaga y Torremolinos que completa la red.
Con esa tubería se acabará la periódica preocupación por la sequía y podremos destinar otros 20 hectómetros cúbicos adicionales cada año a regadíos en la Axarquía.

La agricultura intensiva es una fuente de riqueza y tenemos que aprovecharla. No hay ninguna economía de primer nivel en el mundo que desprecie la agricultura, y todos los estudios y predicciones apuntan a un fuerte incremento de la demanda mundial de productos agrícolas.

Esta importante obra de regadíos, junto con el plan Guaro del Gobierno, no es la única ligada a la Axarquía y a los subtropicales.

Creo que debemos ir impulsando en los próximos años el proyecto de aeropuerto de carga y mercancías de la Axarquía. Es la idea con la que nació el aeródromo del Trapiche de Vélez, y la ampliación de su pista está prevista en los planes urbanísticos.

Ese aeropuerto de mercancías será necesario si conseguimos el objetivo de ampliar y mejorar nuestra producción agraria. Además, debemos aumentar su rentabilidad y el valor añadido, para lo que hay que mejorar la transformación y comercialización.

Nuestro desarrollo industrial tiene que ir ligado tanto al turismo como a la agricultura. Nuestra industria agroalimentaria ha crecido de forma notable en los últimos años, pero debe crecer mucho más.

La marca ‘Sabor a Málaga’, que hemos promovido desde la Diputación, acaba de cumplir 3 años y reúne ya a más de 300 productores y establecimientos.

Su siguiente gran reto consiste en ayudar el impulso de la industria agroalimentaria, donde mayor valor añadido se genera, y conseguir que el potente canal HORECA de la Costa del Sol aumente su consumo y demanda de productos malagueños.

Tenemos que aspirar a que los zumos, los vinos, los productos cárnicos y lácteos, las mermeladas, el aceite, los dulces que se sirven en los hoteles y bares malagueños, se produzcan aquí.

Que ese zumo de naranja que ustedes están tomando proceda de las huertas del Valle del Guadalhorce y se procese y envase aquí.

No se trata sólo de que los 2 millones de malagueños consumamos productos malagueños, que también, sino de aprovechar que tenemos un público de diez millones de personas cada año. Hay que convertir en clientes de nuestros productos a los turistas. Ya quisieran otras provincias tener esos clientes potenciales para su industria y sus productos.

Pero para ello resultan imprescindibles mejoras fiscales, administrativas y medidas e incentivos que ayuden a nuestras cooperativas agrarias a ganar tamaño y músculo. Sólo así serán más competitivas y sólo así podrán afrontar inversiones industriales.
La agroalimentaria debe ser nuestra gran apuesta industrial, pero no la única. Málaga puede volver a convertirse en un gran polo industrial. Contamos para ello con una amplia oferta de suelo productivo en toda la provincia, con 140 parques industriales, empresariales y tecnológicos, y una superficie total de casi 31 millones de metros cuadrados listos y urbanizados para que se instalen las empresas.

Tenemos que promocionar nuestra oferta de suelo industrial y empresarial, salir a buscar empresas, tanto españolas como extranjeras, y convencerlas de la enorme oportunidad que es invertir en Málaga. Para ello creamos la Oficina Invest In Málaga, de la mano de los empresarios y de la Universidad.

Lo tenemos todo, pero tenemos que vendernos mucho mejor. Disponemos de una red de comunicaciones única e intermodal como pocos sitios en Europa, con un potencial logístico sin competencia.

Málaga es nodo de comunicaciones, punto fronterizo entre Europa y África, y cuenta con un aeropuerto internacional de primer nivel, un gran puerto de mercancías y conexión de alta velocidad.

En ese sentido cobra especial relevancia el papel de Antequera como capital logística de Andalucía, que se multiplicará cuando en los próximos meses el Gobierno ponga en servicio el AVE Granada-Antequera y cuando termine la mejora de la conexión con Algeciras.

Antequera puede ser y será terminal aduanera, y tanto el puerto seco de Antequera como el de la zona de Campanillas y el Valle del Guadalhorce pueden acoger una zona franca.

Otro proyecto de enorme importancia es la Ciudad Aeroportuaria de Alhaurín de la Torre. Hablamos de una iniciativa que prevé 25.000 empleos directos.

Es un proyecto demasiado importante para llevar años bloqueado por la administración autonómica, que debe despejar y resolver de una vez por todas las dudas sobre la inundabilidad del Guadalhorce.

A nuestras ventajas de comunicación hay que añadir, sin duda, la reciente culminación de la autovía del Mediterráneo, la autovía más cara de España, que nos une al dinámico litoral almeriense y nos convierte en la puerta de salida para sus productos.

Ahora todos nuestros esfuerzos deben centrarse en nuestro gran proyecto de infraestructuras y comunicación pendiente: el tren de la Costa del Sol. Me consta el compromiso del Gobierno. Marbella y Estepona deben tener tren antes de ese horizonte de 2025 del que les vengo hablando. Es nuestro otro gran reto como sociedad.

Málaga, como les vengo diciendo en mi intervención, tiene el potencial, la capacidad y la obligación de convertirse en el tercer polo de inversión y desarrollo de España. Málaga debe ser un imán de inversiones y liderar el Mediterráneo español.
Contamos con una universidad pública que va avanzando puestos en el ranking, que va consolidando su apuesta por la excelencia y la investigación, y de la que cada año salen miles de profesionales cualificados.

Tenemos la mano de obra mejor preparada de nuestra historia, y ese es otro gran atractivo y otra ventaja competitiva para atraer inversiones. Seguiremos colaborando con la universidad y las empresas para que los licenciados puedan tener su primer trabajo.

Sin caer, desde luego, en los abusos del pasado, no podemos olvidarnos de nuestro potente sector de la construcción, que empieza a dar visos de recuperación.

Los últimos datos de septiembre así lo demuestran. Málaga ya es la cuarta provincia donde más hipotecas se firman, y muy cerca de la tercera, Valencia. En el último año han aumentado un 27%.

Debemos estar listos para los retos de la próxima década, que incluyen el crecimiento de nuestra población y, por tanto, de nuestro parque de viviendas y equipamientos. Para ello hay que resolver cuanto antes nuestro complejo entramado urbanístico.

Con los recientes fallos judiciales, se ha demostrado que la maraña normativa del urbanismo tejida por la administración autonómica ha resultado tremendamente perjudicial para la Costa del Sol. Hemos perdido mucho tiempo, muchas oportunidades y muchos empleos.

Hay un triángulo perverso que en Andalucía espanta las inversiones foráneas: la excesiva presión fiscal, la dispersidad e hiperactividad burocrática y la inseguridad jurídica.

Así que insto tanto a la Junta de Andalucía como a los ayuntamientos afectados a solventar de manera inmediata los problemas que se han creado, que perjudican a toda la provincia y al desarrollo y recuperación de la comunidad.

En el caso de Marbella, el Ayuntamiento no tiene un solo día que perder para elaborar un nuevo PGOU. No se trata de hacer campañas de publicidad, sino de asumir responsabilidades y ponerse a trabajar.

Tanto en el caso de Marbella como en el de Ronda, la Diputación está dispuesta a meter el hombro y a ayudar a sacar adelante nuevos PGOU. Y hacerlo con la celeridad y agilidad que se requiere.

Porque se trata de eso. Los poderes públicos, los políticos, estamos para afrontar los retos, para resolver problemas, no para crearlos ni para mirar hacia otro lado cuando se producen.

Estamos, como les dije al comienzo, para dejar una Málaga mejor a nuestros hijos que la que heredamos de nuestros padres.
De eso tratan, en definitiva, todas las cifras y proyectos que hoy les he planteado. De mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, de luchar contra el drama del paro y la exclusión social, de tener una provincia y una comunidad más próspera.

Considero que los retos que tiene Málaga por delante en los próximos diez años son apasionantes. Entramos en nuestra Edad de Oro.

Tiendo la mano a todos, al resto de administraciones, partidos, colectivos y entidades, para que la aprovechemos al máximo.
Esta noticia ha recibido 910 visitas       Enviar esta noticia



<-Volver

Artículos de opinión y colaboraciones:
Animamos a los alhaurinos a expresar sus opiniones en este periódico digital. Alhaurin.com no se responsabiliza del contenido o datos de dichas colaboraciones. Todo escrito debe traer necesariamente, incluso si quien escribe es un colectivo: Nombre, apellidos y un teléfono de contacto del autor. Envíe su artículo o carta a: redaccion@alhaurin.com
Alhaurin.com Periódico Independiente - Alhaurín de la Torre - Málaga. Dep. Legal: MA-1.023-2000. Andalucía Comunidad Cultural S.L.
Servidor de Internet. Director: Alejandro Ortega Navarro. Fundador: Federico Ortega. 678 813 376

Webs que alojamos:

17795601
visitas desde nov. 1998