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Papel y lápiz (Un texto decembrino)
Afuera ya es diciembre
| | Cuentos y relatos globales. 04.12.16 | | * Diciembre siempre necesita más de un verbo para vivirlo y más de un adjetivo para calificarlo.Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Absorto en sus actividades cotidianas, Clodomiro tardó un poco en advertir que afuera, en el exterior, ya es diciembre detenido en las redes de luces de colores titilantes y brillantes que su viejo vecino Inocencio, montado en una escalera, en la ventana de su casa coloca. Todos, menos Clodomiro, aguardaban a diciembre; los pájaros que, escondidos por ahí, susurran entre las hojas. Las estridentes chicharras incapaces de guardar silencio y el alegre vendedor de gorros de Papá Noel que con aire de fiesta y feria de pueblo, hace de la calle un domingo… | Clodomiro va a su rústica ventana aún sin luces de diciembre y un pedazo de cielo sin nubes que a través de ella mira, inmenso y azul, también me se lo dice junto con un sol incapacitado de atardeceres…y un viento que por ráfagas suaves refresca todos los caminos y sendas, le avisa que afuera, afuera ya es diciembre… y que su rancho por dentro aún huele a invierno, guardando en cada rincón la abrumadora inminencia de la concluyente tormenta que no aleja de sus oídos el postrero fragor del ultimo trueno y el implacable… ¡Tac! ¡Tac! ¡Tac!... de mil repetidas goteras…; en tanto afuera, afuera ya es diciembre estremecido en jubilosos villancicos y sonidos de panderetas, pitos y timbales de sobresalto y emoción…
…Turbado, Clodomiro, vuelve a contemplar la ventana de la casa de su viejo vecino y no se resiste a mirar lo que éste, diligente y listo, hace: ayudado por sus pequeños nietos, conecta las extensas redes y un espectro multicolor que mágicamente pasa del rojo al azul, del azul al amarillo, del amarillo al verde y del verde al blanco y nuevamente al amarillo, estalla en sus manos y nunca más como esa vez, afuera, afuera ya es diciembre a plena luz del día y a lo largo y ancho de la tierra… De pronto, a lo lejos, Clodomiro oye el sonar de las campanas de la iglesia del pueblo, la resonancia se esparce de norte a sur y de sur a norte…busca mil maneras diversas de preguntarse por qué suenan y suenan y suenan y por qué esta vez las escucha algo distinto…muy distinto…repasa también por ello en su cabeza un millón de respuestas y todas, sin más explicación lógica, y porque hay cosas que en la vida deben permanecer en el misterio, le dicen lo mismo…repican y repican así porque afuera, afuera ya es diciembre…
Al día siguiente, el intrépido vecino que antes, y desde bien temprano, había podado ya el césped y los rosales de su jardín, ahora, otra vez montado en la misma escalera, brocha en mano, con magníficos colores que saca de distintos tarros de pintura fresca, colorea de vistosa Navidad su casa…se ve hermosa, se ve bonita. La gente se detiene y la mira, hace comentarios y, entonces, Clodomiro, con mucho cuidado, deja entreabierta la destartalada puerta de su rancho…se propone dejarla así porque vive solo, no tiene luces navideñas ni cómo pintarla y quiere que por ella, de alguna manera, pueda también entrar diciembre porque… afuera, afuera ya es diciembre… |
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