
Una parte del Parlamento Europeo da miedo. Los Diputados y Diputadas de extrema derecha, todos ellos fascistas y nazis además de racistas, ya no se esconden. Se amparan y se envalentonan porque son muchos. Y porque las previsiones electorales les son favorables. El espectáculo francés de ver al viejo Le Pen reencarnado en su hija augura momentos de extrema gravedad.
Llevo años advirtiendo que el racismo hay que cortarlo de raíz. A los racistas no se les puede hacer ninguna concesión. Con los adversarios políticos, si son demócratas, podemos discutir y hasta enfrentarnos dialécticamente, pero con los racistas eso no es posible, porque el racista te mata. Los racistas nunca están satisfechos. Siempre piden más. Hasta que como una sanguijuela terminan por chuparte la vida.