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Pregón del periodista Manuel Reina en las II Jornadas  sobre Torrijos

Viernes 5 de Diciembre. El Portón

 

Gracias Joaquín, alcalde amigo; gracias amigo Julián, concejal de Cultura de Alhaurín de la Torre y gracias Jesús: gracias por tus palabras y por ser el vivo retrato del Torrijos que todos llevamos dentro. También, gracias Alejandro, por tus palabras de presentación, y a Carmen Zorzal, que fue la primera que me habló del Romancero de Torrijos, editado en 1991 por este noble Ayuntamiento de Alhaurín de la Torre y del que he cogido algunas estrofas. Gracias a todos aquellos que me enseñasteis a querer a este entrañable personaje de nuestra historia.

Ilustrísimo señor alcalde, dignísimas autoridades de Alhaurín de la Torre y de Málaga, compañeros de la Academia de Ciencias y Humanidades de Santo Tomás, miembros de la Asociación Torrijos, amigas y amigos todos.

Detrás de la historia de cada pueblo siempre hay personas enamoradas. Hoy, 5 de diciembre de 2003, cuando se cumplen 172 años de la rendición de José María Torrijos y de sus 48 compañeros a las tropas realistas del gobernador González Moreno en la casa alquería de los Condes de Mollina, vengo a vosotros de la mano de un hombre enamorado de la historia: Esteban Alcántara, académico de Santo Tomás, historiador y, sobre todo, un amigo sincero y leal.

Yo, sin saberlo, tenía un hermano torrijista. Alguien que sentía como yo la inquietud de poner en valor los lugares que todavía tenemos en Málaga y que en su día fueron escenario del calvario que pasaron aquellos que fruto de la traición regaron con su sangre la arena de la playa de San Andrés en la fatídica madrugada del domingo del 11 de diciembre de 1831.

Decía el viento a las olas

Torrijos no fue traidor

Las olas le preguntaban

¿por qué Torrijos murió?

Murió porque defendía

audaz la Constitución...

Era domingo y sin embargo el obispo José Bonell dio permiso para la villanía. Sin duda y aunque la tradición decía lo contrario, lo hizo para no enojar al Rey Fernando VII, mal llamado 'El Deseado', que firmó su Real Decreto con un lacónico y contundente 'Que los fusilen a todos'. Y eso hicieron. Matarlos a todos. Mataron hasta al grumete que con sólo 15 años les acompañaba.

Dice la tradición que, para no verle la cara, le echaron una naranja al suelo.

Mientras la recogía, sonó la descarga.

El grumetillo rebelde

muchacho de corta edad

que quiso ser marinero

que soñó ser capitán

de una fragata ligera

con tres rosas de metal...

gime y pregunta

¿por qué me van a matar?

Se consumó el crimen y la heróica gesta de querer una España en libertad quedó escrita con letras de sangre.

Aquella terrible acción conmocionó la historia de España del siglo XIX y todavía, a pesar del tiempo transcurrido, sigue en la memoria colectiva de este bendito pueblo de Alhaurín de la Torre. Gracias Alhaurín de la Torre. Gracias por el ejemplo que nos estáis dando. Gracias.

Por Esteban Alcántara supe del hermoso trabajo de la Asociación Histórico Cultural José María Torrijos que exclusivamente lucha por recuperar las virtudes que aglutinan la figura de José María Torrijos y todo lo que él representaba. Un colectivo que desde su sede alhaurina aglutina a todo aquella persona que se sienta torrijista, sin distinción de ideas ni clases sociales e imperando el amor por la cultura y, sobre todo, por la libertad. Y con esta asociación, el total apoyo de su Ayuntamiento, con su alcalde a la cabeza, que con todos los medios a su alcance han hecho posible recuperar de forma viva una de las páginas más interesantes de nuestra historia. Historias románticas que el pueblo ha sabido guardar en su memoria enamorada.

Vengo a vosotros, digo, para pronunciar unas palabras de recuerdo para aquellos mártires que murieron defendiendo la Constitución del 19 de marzo de 1812.

Si Torrijos murió fusilado

no lo fue por vil ni traidor

que murió con la espada en la mano

defendiendo la Constitución...

Así lo reflejó el pueblo en sus cantos populares.

Y así lo tengo grabado desde niño en mi memoria.

Si Torrijos murió fusilado...

Su letra es la síntesis del por qué la vida hay que darla cuando están en juego los valores que nacieron con las ideas enciclopedistas e ilustradas; aquellas que germinaron en los sistemas de gobierno que actualmente imperan en los países civilizados.

Y vienen a mi mente recuerdos de mi niñez.

Recuerdo el momento en el que llegué -no sé ni el cómo ni el por qué- hasta la calle del Bulto donde una solitaria cruz recordaba el horrendo crimen ocurrido en las playas de San Andrés.

En uno de los lados de su base se hacía mención a José María Torrijos y a sus compañeros y al Ayuntamiento Popular que le dedicaba el monumento.

Al principio no entendí su ubicación (estaba rodeada de casas y en un callejón muy estrecho). Tampoco, el buen estado de conservación que presentaba. Después supe que recordaba un hecho triste de traición y cobardía de la historia de España.

Pero Málaga supo dar ejemplo y el modesto pueblo de pescadores del Bulto, siempre el pueblo, que nació posteriormente en torno a la cruz respetó un monumento hecho para honrar la memoria de aquellos que vinieron llenos de sueños de libertad y sólo encontraron odio, venganza y ... muerte.

Torrijos murió fusilado y su sangre impregnó la tierra de Málaga.

Málaga... la tierra que siempre ha sabido hacerle frente a los mezquinos, a los traidores, a los cobardes y a los malvados... Málaga, que sabe que contra ellos sólo queda el recurso de aquellos que defendemos la libertad, el altruismo, la generosidad, la amistad, la solidaridad, el amor, la dignidad, la justicia, el uso de la razón, el diálogo y el respeto, que son los valores que marcan la distancia entre la persona y la bestia.

Desde entonces, Málaga, es la primera en el peligro de la libertad.

A tí, José María, quiero decirte hoy desde el recuerdo. Gracias, por enseñarnos que la libertad se conquista y nunca se implora. Gracias por tu ejemplo. Con falsas promesas te trajeron hasta aquí. Partistes de Gibraltar en un barco cargado de ilusiones. Pero la traición te esperaba en las playas del Charcón. Tras un azaroso recorrido por la sierra de Mijas, llegastes hasta aquí; y en la Alquería, bajo palabras de honor, capitulastes. En el cuartel de Mundo Nuevo, primero, y el convento del Carmen, después, fuistes recluido. De este templo perchelero, junto a tus fieles compañeros, salistes para morir como un hombre bajo el cielo de la Málaga de entonces.

Allí, en las playas del convento de San Andrés, formada la fusilería, fuisteis cayendo por grupos. Quisiste mandar el pelotón para la descarga final y no te dejaron. Y se consumó la tragedia. Y el estruendo de la fusilería pudo con el rumor de las olas cercanas... Estoy seguro que ellas también lucharon para evitar la masacre. Todos, hasta el grumete, caísteis. Tu muerte y la de tus compañeros sólo sirvió para frenar en el tiempo lo que luego ha sido inevitable: La libertad.

Ni el rumor de las olas, ni el temporal de poniente, ni nada era capaz de parar la insidia y la sed de venganza de aquellos que no entienden de valores. Cuentan que Torrijos pudo Adelantarse y gritar entre el humo y la pólvora un ¡Viva la libertad!

Una chiquilla lloraba

con lagrimas de cristal

tosca sirena desnuda

gime a la orilla de la mar

Después de consumada la tragedia, vinieron los presos de la cárcel provincial y os llevaron hasta el cementerio de San Miguel. Para mayor escarnio, utilizaron los carros de la basura. El fraile Vicaría se volvió loco por aquella sinrazón y Málaga se estremecía horrorizada.

Años más tarde, una vez liberada España del yugo del absolutismo, te dedicaron calles y plazas y te rindieron honores civiles y militares.

Málaga, ya impregnada de los ideales liberales que tú propugnabas, os dedicó el monumento de la Plaza de la Merced, obra del arquitecto Rafael Mitjana, donde reposan tus restos y, menos los de Robert Boyd, que están en el cementerio Inglés, los de tus compañeros.

José María, quiero decirte que físicamente de aquello sólo nos queda el recuerdo indeleble de un cuadro del valenciano Antonio Gisbert. Una obra que refleja perfectamente la ignominia del momento final. Un cuadro que bien podría estar en Málaga en ese Museo de Bellas Artes que todos queremos ver funcionando. También, los sitios donde estuvisteis aquellos que habría que preservar del paso del tiempo y de los especuladores del metro cuadrado. (Me consta que, de nuevo, Alhaurín de la Torre está dando ejemplo y está levantando la alquería de los condes de Mollina). A mí, personalmente, me gustaría proteger tu tumba de la Plaza de la Merced, aquella que cada noche de movida es ultrajada por el incívico comportamiento de jóvenes que entienden que pasarlo bien es olvidarse de que la vida pasa. Y el refectorio del Convento del Carmen, que se está cayendo sin que nadie haga algo por él.

Para terminar, quisiera decir que «El mártir que como tú transmite su memoria; no muere, sube al templo de la Gloria. A vista de este ejemplo, ciudadanos, antes morir que consentir tiranos». Así reza la inscripción que el Ayuntamiento de Málaga, acordó poner en el monumento de la plaza de la Merced inaugurado el 11 de diciembre de 1842. Allí figura y figurará por los siglos de los siglos.

¡Gloria a los pueblo que respetan su Historia!

¡Gloria a los pueblos que honran a sus héroes!

¡Gloria a los pueblo que defienden la libertad!

¡Gracias Alhaurín de la Torre.

Gracias por liderar los nobles sentimientos de aquellos que amamos la libertad!

Ciudadanos, ciudadanas:

¡Viva Alhaurín de la Torre! ¡Viva Málaga! ¡Viva la Libertad!

¡Gracias!