Cómo
fue
En una tarde primaveral,
sorprendidos por una lluvia inesperada, nos reunimos en
El Pimpi un puñado de personas intrépidas a
las que no acobardaron los caprichos atmosféricos.
Dibujándoos la tarde,
se me antoja que quizás nuestro hacer como
maestros y maestras también tiene mucho de azar,
de intrepidez y de ingenuidad. El azar nos coloca
aquí o allá; la intrepidez nos anima a
jugar con las cartas que nos reparten; la ingenuidad nos
mantiene vivos, atentos... esperando que la vida nos
sorprenda a diario. Todo ello bien mezclado, bien
dosificado... quizás pueda permitirnos
algún día reconocernos en la vida de alguna
alumna o de algún alumno que, por azar, se
cruzó en nuestro camino.
No ha sido Lola Madrid alumna
nuestra, lo fue de otras y de otros que le hicieron vivir
el lujo de una escuela cercana, respetuosa, atenta...
"una gran familia". Sus maestros y sus maestras supieron
mirarla y escucharla con atención y cariño,
favoreciendo su formación como persona y como
profesional. Ellas y ellos le ayudaron a creer en ella, a
crecer, a quererse. En ese reconocimiento Lola
encontró el camino para lograr aquello que
podía parecerle impensable desde sus
orígenes: leer una tesis doctoral. También
en ese momento se reencontró con esa familia que
ella nos describe: su maestra de Primaria Dª Lola,
como regalo, le entregó sus trabajos escolares.
¡Los tenía guardados para ella!
Como mano invisible en toda
esta historia: su madre. La madre de Lola que hace
años se vino del pueblo buscando un futuro mejor
para sus cuatro hijos. Una mujer que, en la soledad de la
viudedad, supo mantener el norte, no cejando en su
empresa y jugando de la mejor forma con las cartas que el
destino le había repartido. No le hizo falta ni
una esmerada formación, ni un nivel
económico elevado, ni un barrio de élite.
Cualquier déficit pudo suplirlo con creces con su
tesón, su trabajo y sobre todo con el amor por sus
hijos. Ahora orgullosa y obediente, acude al acto de
lectura de la tesis y ahoga sus lágrimas con
valentía por deseo expreso de su hija.
Y Lola... una chica sencilla,
despierta, ávida de conocimientos capaz de valorar
el regalo que le hace cada día su madre, de
apreciar el valor de los conocimientos, de reconocer el
cariño en sus maestras y maestros, de atrapar las
oportunidades que le ha ido brindando el destino.
Viviendo este sueño que aún no se cree, con
la suficiente humildad como para saber lo mucho que le
queda por recorrer. Una mujer que abrió su
corazón con valentía a unos desconocidos
mucho mayores que ella, a los que hizo pensar sobre el
valor de lo que hacemos a diario, recordando nuestras
propias vivencias escolares y conmovidos con un relato
lleno de sinceridad y de ternura.
¿Merece la pena seguir
luchando y creyendo en la educación?
Un besote
Inma Gómez