Tertulia para Remar 7

 

Como no podía ser de otra forma hemos pensado que, para celebrar la llegada de la primavera, nos veremos en El Pimpi el próximo miércoles 26 de Marzo, a las siete y media. Esperamos y deseamos que, junto con la primavera, también podamos celebrar la llegada de la cordura frente a la sinrazón en la que actualmente nos encontramos atrapados.

Con frecuencia en nuestras tertulias (y en nuestro trabajo cotidiano, y en el café, y en el recreo, y camino de casa...) surgen reflexiones sobre las repercusiones que tiene nuestro trabajo, nuestras formas, nuestro talante, en los niños y las niñas que se sientan a diario en nuestras aulas conviviendo con nosotros y con nosotras. Hablamos de la importancia de nuestras acciones, del complejo mundo de las relaciones afectivas, del reconocimiento debido a nuestro alumnos y nuestras alumnas. Realmente sabemos que, en cierto modo, estos pensamientos son sólo nuestros y en ellos no participan sus auténticos protagonistas porque generalmente, cuando compartimos estas reflexiones, hablamos de ellos pero no con ellos.

"Mi madre, mi escuela, yo". En esta ocasión será una alumna la que nos hable de la relevancia que ha tenido en su crecimiento personal y profesional la educación que ha recibido. Lola Madrid, hasta hace muy poco estudiante de la Facultad de Ciencias de la Educación, intentará en un relato cercano y vivencial, compartir con nosotras y con nosotros los entresijos de esa educación que ha ido recibiendo de la mano de su madre y, de la mano de aquellas maestras y aquellos maestros que creyeron en ella. Su madre primera y gran maestra que siempre ha estado y está ahí animándola y ayudándola. Sus maestros y sus maestras que la han mirado con interés y han reconocido en ella sus potencialidades, mostrándole caminos, posibilidades y metas por descubrir.

De nuevo os animamos a que no os perdáis la oportunidad que nos brinda Lola de mirar la educación desde otra perspectiva. Os esperamos.

Un besote.

Inma Gómez

 

 

SÉPTIMA TERTULIA PARA REMAR

"MI MADRE, MI ESCUELA... YO"

 

Cómo fue

En una tarde primaveral, sorprendidos por una lluvia inesperada, nos reunimos en El Pimpi un puñado de personas intrépidas a las que no acobardaron los caprichos atmosféricos.

Dibujándoos la tarde, se me antoja que quizás nuestro hacer como maestros y maestras también tiene mucho de azar, de intrepidez y de ingenuidad. El azar nos coloca aquí o allá; la intrepidez nos anima a jugar con las cartas que nos reparten; la ingenuidad nos mantiene vivos, atentos... esperando que la vida nos sorprenda a diario. Todo ello bien mezclado, bien dosificado... quizás pueda permitirnos algún día reconocernos en la vida de alguna alumna o de algún alumno que, por azar, se cruzó en nuestro camino.

No ha sido Lola Madrid alumna nuestra, lo fue de otras y de otros que le hicieron vivir el lujo de una escuela cercana, respetuosa, atenta... "una gran familia". Sus maestros y sus maestras supieron mirarla y escucharla con atención y cariño, favoreciendo su formación como persona y como profesional. Ellas y ellos le ayudaron a creer en ella, a crecer, a quererse. En ese reconocimiento Lola encontró el camino para lograr aquello que podía parecerle impensable desde sus orígenes: leer una tesis doctoral. También en ese momento se reencontró con esa familia que ella nos describe: su maestra de Primaria Dª Lola, como regalo, le entregó sus trabajos escolares. ¡Los tenía guardados para ella!

Como mano invisible en toda esta historia: su madre. La madre de Lola que hace años se vino del pueblo buscando un futuro mejor para sus cuatro hijos. Una mujer que, en la soledad de la viudedad, supo mantener el norte, no cejando en su empresa y jugando de la mejor forma con las cartas que el destino le había repartido. No le hizo falta ni una esmerada formación, ni un nivel económico elevado, ni un barrio de élite. Cualquier déficit pudo suplirlo con creces con su tesón, su trabajo y sobre todo con el amor por sus hijos. Ahora orgullosa y obediente, acude al acto de lectura de la tesis y ahoga sus lágrimas con valentía por deseo expreso de su hija.

Y Lola... una chica sencilla, despierta, ávida de conocimientos capaz de valorar el regalo que le hace cada día su madre, de apreciar el valor de los conocimientos, de reconocer el cariño en sus maestras y maestros, de atrapar las oportunidades que le ha ido brindando el destino. Viviendo este sueño que aún no se cree, con la suficiente humildad como para saber lo mucho que le queda por recorrer. Una mujer que abrió su corazón con valentía a unos desconocidos mucho mayores que ella, a los que hizo pensar sobre el valor de lo que hacemos a diario, recordando nuestras propias vivencias escolares y conmovidos con un relato lleno de sinceridad y de ternura.

¿Merece la pena seguir luchando y creyendo en la educación?

 

Un besote

Inma Gómez