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De nuevo nos vemos. |
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Cómo fue Una nueva cita en un día lluvioso de otoño preludio del cercano invierno. El Pimpi nos recibió engalanado de Navidad y preparado para las fechas venideras. Sin embargo, en tan agradable compañía, la primavera se asomó atrevida, cálida y llena de vida. Quizás en los tiempos que vivimos en los que oímos hablar desde lo "políticamente correcto" o desde posiciones trascendentalistas, pueda considerarse un atrevimiento que una persona sencillamente exprese su deseo de trabajar junto a otros y otras por placer, por divertimento e incluso por egoismo. Este fue uno de los sentimientos (tal vez el más valiente) que Antonio Sánchez compartió con todas y todos. Antonio se nos presenta como un trabajador de la educación que desde sus comienzos ha buscado trabajar junto a otros y otras por necesidad, por supervivencia, por enriquecimiento personal... En ese camino, que él define como "un camino de rosas", se ha ido encontrando con colores, fragancias y... espinas. Esos encuentros le han llevado a la convicción de que así tiene que ser el camino del trabajo en equipo: un camino de rosas. Un camino por el que no podemos transitar sin generosidad, humildad y corazón. Un camino no exento de luces y sombras, con las que se hace necesario convivir para, lejos de espejismos, jugar con lo que realmente se tiene. Y termina Antonio lanzando su propuesta de solicitar desde REMA y a quien corresponda, que arbitre los cauces oportunos para facilitar a los maestros y maestras que lo deseen, la posibilidad de trabajar juntos bien en centros de experimentación o en centros de Formación del Profesorado. Aquí el atrevimiento da paso al debate, el debate a las ideas y las ideas a las posibilidades. Posibilidades que se mueven en un amplio espectro multicolor: el trabajo compartido tiene que ser posible en cualquier contexto: todas y todos tenemos algo que ofrecer y hay que esforzarse en verlo; el trabajo compartido tiene que ayudarnos a crecer tanto intelectualmente como afectivamente (cerebro y corazón crecen en un desrrollo armónico); el trabajo compartido tiene un tiempo, una dinámica propia: los grupos nacen, cambian, maduran y mueren; el trabajo compartido quizás no sea posible sin una actitud receptiva y flexible; el trabajo compartido puede ser de gran valor en contextos cercanos, vitales, cotidianos... no necesariamente tienen que trascender a contextos que quizás se escapan de nuestras posibilidades... el trabajo compartido conlleva un reconocimiento del otro, conocimiento propio y una autocrítica constante... Y así tantas posibilidades como personas compartíamos la tarde. Y así hubiéramos querido seguir envueltos en el cálido debate... Regresamos a casa más ricos en dudas, en ideas, en interrogantes, en sensaciones y aún más convencidos y convencidas de la necesidad y el valor de crecer junto a otras y otros. Un besote. Inma Gómez |