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"POÉTICA ESCOLAR"
Cómo fue En "El Palomar", en ese espacio abierto y al mismo tiempo acogedor que, amablemente, nos cede El Pimpi para poder disfrutarnos unos a otros durante algunas horas. Allí nos vimos y allí vivimos una tarde entrañable. Cada persona que se acerca a una tarde de tertulia llega con su equipaje cargado de expectativas, ilusiones y desánimos. Cada "mundo" se sienta en torno a una mesa y una copa de vino esperando dar y deseando recibir. Manolo Zafra nos lo puso fácil. Excelente persona y gran comunicador, se olvidó de las notas que había preparado para la ocasión, se dejó ir y... se cumplieron nuestras expectativas, se animaron nuestras ilusiones y se acallaron nuestros desánimos. Manolo lleva viviendo 21 años en Fuentevaqueros. En este tiempo ha vivido y vive Fuentevaqueros. Conoce su historia, sus costumbres, sus ritos, sus dificultades, sus luchas sociales, sus clanes familiares, su poeta... El "fantasma vivo de Lorca" que camina junto a él en su quehacer cotidiano, ha ido mostrándole una realidad y ayudándole a desentrañar las reglas que configuran el paisaje complejo y sencillo donde desarrolla su labor docente. Gitanos, temporeros, inmigrantes... "mundos" que acuden al Instituto del que Manolo es director y en el que desarrolla un Poyecto de Atención a la Diversidad en el que, en mayor o en menor medida, implica a toda la comunidad educativa. Un instituto en el que se educa, en el que, conscientes y conocedores del "equipaje" con el que se sientan en sus bancas las alumnas y los alumnos, no se marcan las expectativas a priori, se deja que sean y se es con ellas y ellos. Un instituto en el que se vive la diversidad como norma. Un instituto que cada día se engalana y se cuida para recibir con todo el honor que se merecen a sus protagonistas. Porque en la escuela que nos dibuja Manolo Zafra se vive educando y se educa viviendo. Y todo este derroche de vida, de ilusiones, de complejidad y de sencillez, pudimos disfrutarlo aquella tarde porque, como nos dijo Manolo, "un maestro creyó en él". Un maestro paciente y afectuoso que no tuvo la osadía de limitar sus posibilidades obligándole a cumplir expectativas ajenas. Un maestro que esperó, confió y lo acompañó durante un tiempo por el camino de la vida conociéndolo, queriéndolo y educándolo. Así de sencillo, así de hermoso puede ser lo que nosotras y nosotros hacemos a diario en nuestras aulas. ¡Felicidades! No imaginamos mejor forma de vivir. No imaginamos poesía más hermosa Un besote.
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