|
|
|
Documento 10: CARTA A LA MINISTRA |
||
17-septiembre-2002REMA: Grupo de Trabajo por la calidad
|
Dña. Pilar del Castillo Málaga, 17 de setiembre de 2002 Muy Sra. Nuestra, En pocos días se va a iniciar en el Parlamento español el trámite de aprobación de una nueva Ley de Educación que quiere presentarse con el calificativo de Calidad y que supone una profunda transformación del actual sistema. Como profesionales de este sistema y ciudadanos preocupados por construir un marco social, más justo, más solidario y más libre queremos ofrecerle algunas reflexiones sobre el citado proyecto, así como poner a su disposición nuestra propuesta educativa que se corresponde con estos valores, tal como nosotros los entendemos. Más allá de una discusión formal en torno a la dimensión técnica de una u otra propuesta pensamos que lo que se está poniendo en juego en este debate son principios ideológicos profundos acerca de los diferentes modos que tenemos que concebir la sociedad, la educación y al propio ser humano. Y en estos, aspectos, Sra. Ministra, no estamos de acuerdo, ni podemos estarlo. Ud. concibe la educación como una carrera de obstáculos, nosotros como un modo de construir sociedad desde la participación y la comprensión. Ud. concibe la sociedad como una selva en la que hay que competir por hacerse un hueco desde unas leyes preestablecidas, nosotros como un espacio de convivencia y de crecimiento conjunto desde la diversidad que caracteriza al ser humano, en todas las dimensiones. Ud. concibe el aprendizaje como el logro de metas y la acumulación de información, nosotros como una forma de comprender el mundo y de poder intervenir en él para hacerlo mejor. Ud. concibe las relaciones sociales como la confrontación de intereses privados e individuales luchando por su prevalencia, nosotros como un espacio de cooperación público, desde el respeto y la solidaridad. Y lo que nos parece sin duda más grave y donde nuestra disensión es más clara es que Ud. y nosotros no entendemos el ser humano de la misma manera. Ud. tiene una visión negativa del hombre y de la mujer, que necesita una presión y una exigencia externa para actuar, ya que por sí solo no es capaz de hacerlo. Nosotros lo entendemos en un sentido positivo. Cualquier persona es capaz de actuar, de interesarse por lo que le rodea, por aprender, siempre que le estemos ofreciendo algo que merezca la pena. Ud. no se cuestiona por qué los alumnos y alumnas de nuestros centros escolares pierden interés por los contenidos escolares, sino que les cuestiona a ellos mismos y les acusa de vagos, indolentes y desmotivados. Perdone esta licencia, pero de aquí a la máxima de que la "letra con sangre entra" solo va un paso muy pequeño. No queremos pensar que ud. comparte esta consigna, propia de otras época afortunadamente pasadas. ¿Se ha preguntado alguna vez que está ofreciendo la escuela a estos alumnos y estas alumnas para entender algo de lo que está ocurriendo en el mundo actual?. No pensamos que sea solo una cuestión de saber más o menos contenidos históricos, sino de hacer que la historia les ayude a entender su presente. No se trata de saber leer y escribir con más precisión, sino convertir la lectura y escritura en un medio de comunicación y de relación entre personas. No se trata solo de conocer un número de conceptos físicos, químicos o matemáticos, sino hacer que estos conceptos les aporten elementos de mejora del mundo en el que están. Y así podríamos seguir. Ud. entiende que el alumno siempre es culpable, nosotros que hay que crear condiciones para que encuentre sentido a lo que hace. Por estas razones queremos ofrecerle nuestra propuesta de cómo entendemos que debe ser una escuela que intente dar respuesta a este modo de entender las cosas, que entienda que las personas son interesantes y valiosas por sí mismas y no por su modo de responder a unas exigencias externas. El esfuerzo merece la pena cuando está dando sentido a un proyecto de vida, un proyecto de persona y a un proyecto de sociedad. El esfuerzo por sí mismo no es más que una estrategia de domesticación y de subordinación que anula la capacidad de participar y de actuar en libertad, por lo tanto lo más alejado a la concepción de un ciudadano libre y autónomo. ¿O es que hemos perdido ya el valor de estos principios? Creemos compartir con ud. la lucha por una sociedad mejor aunque pensamos que diferimos en nuestro concepto de cómo debe ser esta sociedad, más allá de las palabras que utilizamos para definirla. Nos gustaría que tomase en consideración esta propuesta desde nuestro intento de mejorar la educación con la que todos nos sentimos comprometidos. Reciba nuestra mayor consideración.
|
|