Concejalía de Cultura
Ayuntamiento de Alhaurín
de la Torre
1 de abril de 2004 (21:00 horas)
Con blancura de azahar,
resplandeciente y hermoso,
te levantas orgulloso
casi a la orilla del mar.
Espejo de fantasía
donde Málaga se peina
y donde se hace más reina
al ponerse, “presumía”,
tu blanca Torre por peina.
Un jardín lleno de flores
nace en ti, tierra de ensueño,
y tu luz y tus colores
dan celos a los pintores,
pueblecito malagueño.
Jabalcuza, Jarapalo,
centinelas en tu sierra,
le ofrecen como regalo
la buena sombra a tu tierra.
Por nobleza y poderío
abre caminos tu nombre
porque hay en tu “apellío”
almenado señorío
Alhaurín de la Torre.
¡Buenas noches, Alhaurín...!
¡Buenas
noches, pueblo hermano...! Hermano, sí, porque este Pregonero nació a muy pocos
kilómetros de aquí: en Churriana. Tuve suerte al hacerlo, qué duda cabe, porque
por el solo hecho de venir a este mundo teniendo como cuna una barriada modesta,
pero muy querida a la vez, imprime, creo yo, un sello especial. Pero ese sello
tiene para mí otra connotación importantísima: la persona que me dio el ser, mi
padre, era hijo de Alhaurín de la Torre; un alhaurino que se enamoró de una
churrianera y.. así empezó todo. Dos hijos. Una chica, mi hermana, y un chico
que soy yo, vuestro Pregonero este año.
Se llamaba Joaquín, como vuestro Alcalde,
y, de segundo apellido, Villanova. ¿Cabe mayor motivo para que este Pregonero se
sienta esta noche como en las nubes?
Gracias quiero dar al Sr. Alcalde, Don Joaquín Villanova, por haber aceptado la propuesta del que es hoy Concejal de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Alhaurín de la Torre, Julián Sesmero. Habrán observado que apeé el tratamiento... Lógico, tratándose de un chico al que prácticamente he visto nacer. Sus padres, Julián y Fela, amigos y compañeros entrañables de aquella inolvidable Radio Juventud de Málaga. Unos lazos muy especiales unen, pues, a su familia y a la mía. ¡Gracias, queridísimo Julián, por querer que fuese yo el que pronunciase este año de 2004 el VI Pregón Municipal de la Semana Santa de Alhaurín de la Torre! Gracias mil.
Dicho lo cual permítanme que salude con
todo el respeto del mundo al Rvdo. Sr. Cura Párroco; al Excmo. Sr. Alcalde; al
Sr. Concejal de Cultura; a los Sres. miembros de la Corporación Municipal; a los
Hermanos Mayores de las distintas Cofradías, así como a todos los cofrades y
amigos en general de este bellísimo pueblo.
El Pregonero se siente esta noche
doblemente orgulloso de poder estar aquí. En primer lugar, por el motivo ya
apuntado y en segundo, por tener el honor de inaugurar este maravilloso Centro
Cultural “Vicente Aleixandre”.
Aleixandre, que no era malagueño sino que
había nacido en Sevilla, llamó a nuestra ciudad en un bellísimo poema, “Ciudad
del Paraíso”. Y dijo de Málaga cosas tan hermosas como ésta:
Siempre ven mis ojos, ciudad de mis días marinos.
Colgada del imponente monte, apenas detenida
en tu vertical caída a las ondas azules,
pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas,
intermedia en los aires, como si una mano dichosa
te hubiera retenido, un momento de gloria, antes
de
hundirte para siempre en las olas amantes.
Aleixandre fue Premio Nobel de Literatura en 1977.
El verde del romero, de la palma, de las
túnicas de los nazarenos del Stmo. Cristo de la Vera Cruz...
El morado de la túnica del Nazareno del
Paso, Padre Jesús, como le decís los alhaurinos...
El negro de la pena de María Santísima
de los Dolores y Ntra. Sra. de la Soledad...
Y
el blanco, color con el que suele representarse la Resurrección. Jesús,
triunfante, se muestra a todo el mundo – y a su pueblo de manera especial – en
el momento que narran los Evangelios: “Pero, al mirar, observaron que la piedra
había sido corrida...” Se había producido lo que Jesús anunciara tantas veces:
su Resurrección gloriosa.
Con la bendición de este grupo
escultórico de Suso de Marcos, que contó con la presencia del Obispo de la
Diócesis se cerraban en marzo de 2002 una serie de actos previos a la Semana
Santa.
Jesús triunfante no va solo, le
acompañan dos soldados romanos, así como un ángel que va a su derecha.
Verdaderamente emotivo aquel acto al que asistieron también las primeras
autoridades locales, hermanos mayores de “Verdes” y “Moraos” acompañados de sus
respectivas Juntas de Gobierno y la Coral “Santa Cecilia”.
Es un dato a tener en cuenta en la
historia de la Semana Santa de este pueblo hermoso y abierto a todos por gente
que son todo corazón... ¡El ser alhaurino imprime un marchamo que jamás va a
perderse!
Y aquí, en este escenario natural en el
que van a tener lugar momentos inenarrables de la Pasión, Muerte y Resurrección
de Nuestro Señor, cambiará el paisaje durante los días que se avecinan. Calles y
plazas, por obra y gracia del fervor y el cariño que los alhaurinos sienten por
sus sagradas y veneradas imágenes, quedarán convertidas en una especie de
Jerusalén por la que Cristo y su amantísima Madre transitarán mientras que
reciben aplausos, escuchan saetas, oraciones musitadas y, en definitiva, reciben
el respeto de todo un pueblo, Alhaurín de la Torre, vigía de estos parajes
entrañables y únicos... ¡Y volverá a sentirse orgulloso de nuevo, aunque lo esté
todo el año, cuando el milagro de la Semana Santa se haga presente en el corazón
de cuantos defienden sus creencias y tradiciones...!
Diez y once días antes, todo es un ir y
venir incesante de cara a la Semana Mayor de la Pasión. Un solemne Vía – Crucis,
la ya tradicional Cena de Cuaresma, Tríduo, la Santa Misa el Viernes de Dolores,
el Pregón, etc., etc. Eso por lo que respecta a la Real Hermandad de Ntro. Padre
Jesús Nazareno del Paso y María Sta. de los Dolores...¡Los “Moraos”!
Y por parte de esa Real y Venerable
Cofradía del Stmo. Cristo de la Vera – Cruz, Tríduo y Santa Misa, Santo Rosario,
ese Cabildo General que marcará la salida de la procesión el Viernes Santo, el
traslado desde la Parroquia de San Sebastián, su sede canónica, en Santo Vía –
Crucis hasta la Casa Hermandad, y esa presencia verde también de los caballeros
legionarios. Vuelve más tarde a su Parroquia donde será posteriormente
entronizado por los novios de la muerte, que son ya para los “Verdes” una de sus
señas de identidad. Y, cuando el reloj marca las diez y media de la noche del
Viernes Santo.. Pero no adelantemos acontecimientos y vayamos por partes.
La historia que nos disponemos a vivir
de aquí a unos días tan solo, es una historia de salvación. Es una historia que
termina, porque vivimos todavía de sus frutos saludables. Los hechos que nos
disponemos a recordar son antiguos, de dos mil años atrás, pero son a la vez de
la más viva actualidad.
El Creador vino a salvarnos. ¡Qué
detalle! ¿Por qué tendría Él que molestarse? Podría haber enviado a cualquiera
de sus mensajeros. Pero quiso venir Él, porque la obra a realizar era cosa
delicada y arriesgada. Y porque, en definitiva, la salvación consistía en
hacernos patente su amistad y en hacernos partícipes de ella. No bastaba que
alguien nos hubiera dicho que Dios nos amaba. Era necesario que Él mismo nos lo
dijera, nos lo probara, nos abriera de par en par su corazón.
La salvación se culminó en la Cruz y en
la Pascua, pero no cesa, es como un río que allí nace, pero que no deja de
correr. Y en sus aguas todos tenemos necesidad de bañarnos.
Dispuesta está la gente de Alhaurín,
como la de cualquier pueblo cristiano que se precie, de aprender teología en sus
calles. Con la Pollinica va a empezar todo, aunque de momento no esté previsto
que entre en la carrera oficial. Será el año que viene, Dios mediante... Y,
aunque se participe de una manera más o menos intensa en los distintos actos
litúrgicos programados, será el Jueves Santo cuando la eclosión se produzca. Y
el Viernes, porque se echarán a la calle esas dos Corporaciones nazarenas que
desde hace muchísimos años tienen en vilo al pueblo. Y a las barriadas y pueblos
limítrofes. Y a media Málaga.
Se habrán echado a la calle, digo,
“Moraos” y “Verdes”. “Verdes” y “Moraos”. Bendita rivalidad que se resume en
algo tan sentido por todo el pueblo: que la grandeza de su Semana Santa sea cada
vez más manifiesta. ¿Sería todo igual si “Verdes” y “Moraos”, “Moraos” y
“Verdes” no estuvieran a lo largo de todo el año dale que te pego en beneficio
única y exclusivamente de algo que llega puntualmente cada Primavera?
Rotundamente NO.
Esa rivalidad a la que aludo ha hecho
pensar bastante a poetas y escritores... Uno de ellos lo ve así:
como dos formas distintas
de un mismo enamoramiento,
dos partes de una flor
unidas con devoción
por un mismo sentimiento.
Flor que es lirio de Pasión
cáliz morado de olor
que, unido a su tallo verde,
al llegar Semana Santa
por este Alhaurín el Chico
en las ramas reverdece.
Los dos pilares cofrades
que sostienen con premura
esta calle de amargura
en que el pueblo se convierte.
Un Jerusalén doliente
donde verdes y morados,
cada uno por su lado
pretendiendo lo mejor,
en un abrazo de amor
se funden eternamente.
Esa secuencia que nos muestra a Jesús camino del Calvario llevando una cruz a cuestas, viene a decirnos a cuantos la contemplamos que procuremos ser como aquel Simón de Cirene, hombre rudo que venía del campo, que, con todo el amor del mundo, trató de que la carga le fuese más llevadera.
Lloraban las mujeres aquellas como
lloran cada Jueves Santo las de Alhaurín de la Torre. Pero es un llanto
distinto, lógicamente, porque aquellas, las de la escena que les narro, se
golpeaban el pecho y se lamentaban por Él, por Jesús. Y estas otras, vosotras,
lo hacéis porque os impacta fuertemente el verle con carga tan pesada sufriendo
hasta la extenuación, pero sabedoras de que el milagro de la Resurrección va a
obrarse de nuevo, en unos días tan solo. Y porque, naturalmente, quieren
agradecerle el pequeño o gran milagro que el Nazareno ha obrado en el seno de la
familia. Esa complicidad entre el que pide y el que otorga hace posible que
afloren lágrimas a los ojos, lágrimas de agradecimiento por toda una eternidad,
que le animan a ir con Jesús toda la noche...
Aunque sea solo por eso
por ir contigo esta noche
yo quiero ser nazareno
y acompañarte en el paso
de tu cruz y tu silencio.
Por ver tus manos benditas
abrazadas al madero,
por pisar donde tú pisas,
por ablandar este suelo
de un pueblo que te esperaba
por los postigos del sueño.
Por sentir la madrugada
atravesando tu cuerpo,
por iluminar tu sombra
con la cera de mis rezos,
por consumirme contigo
cuando el día va amaneciendo
y el rocío de la mañana
va empapando tus cabellos.
Por detenerme en la orilla
de tu rostro descompuesto,
por quitar una por una
las espinas que te hirieron,
por ver tu amor destruirse
bajo el sol, de nuestros cerros,
por el llanto de tu Madre
en alcores sin consuelo.
Por ser tu hermano, tu amigo,
por hacer tu cirineo
llevando en la noche al hombro
el dolor de nuestro pueblo.
Por el hambre y la miseria,
por la herida del enfermo,
por los que ignoran tu muerte,
por los que no te siguieron
y por todos mis pecados
aunque sé que no merezco
ni caminar a tu paso
aunque sea sólo por eso
por ir contigo esta noche
yo quiero ser nazareno.
Los “Moraos” de este pueblo tienen en
Jesús, más que una imagen al uso, a su “Padre Jesús”, nombre que ellos
pronuncian a boca llena. Padre Jesús. No se podría llamar de otra manera a quién
por nosotros, los hombres, fue condenado. Y lo hizo, no por tirarse un farol,
obviamente, ya que entonces se habría dicho a sí mismo: “Vamos a quedar bien”.
No. Lo hizo por algo tan sencillo y hermoso a la vez como querer salvarnos.
Esas calles por las que los sagrados
cortejos suelen pasar, son ya un auténtico hervidero de almas: Cantarranas,
Málaga, Plaza de San Sebastián...
Pero... ¡silencio! No tan crucial como
el de María, pero... ¡silencio¡ Ya aparece por aquella esquina María Santísima
de los Dolores. Ella, que es Madre de Jesús y Madre nuestra, lo es todo a la
vez: sagrada y terrena, piedra y estrella, aurora y ocaso, enigma y sangre,
campana y silencio, milicia y ternura... Ella es como la tierra fértil, siempre
dando nacimiento y siempre sepultando muertos. Su Hijo va camino del Calvario.
Ella, en silencio, le sigue, pero antes se producirá el encuentro, el encuentro
del Hijo con la Madre. Y será en esa Plaza señorial de Alhaurín de la Torre,
llamada de San Sebastián, donde...
Pero dejemos que Ntra. Sra. de los
Dolores se acerque; ya está en la calle de Juan Carlos I... queda poco para
llegar al Calvario, ese Calvario que cada Jueves Santo es todo Alhaurín. Y en el
Calvario la Madre será una patética figura de silencio.
La Madre va recorriendo esta desolada
vía dolorosa vestida de dignidad y silencio.
Está más cerca cada vez.. ¡Ahora es el
momento! La Plaza está a rebosar y el pueblo a punto de caer de rodillas. La
señal convenida se dejará oír pronto y la mano de Jesús se irá despegando de la
Cruz. Pero antes de que ese momento crucial llegue, el pregonero quería
dirigirle una oración...
MEDIANOCHE
Se acerca el Nazareno
por entre un mar de corazones fieles.
Sobre alfombra de rosas y claveles
camina con vaivén blando y sereno.
Lleno de excelsitud, de gloria lleno,
reflejando en su faz penas crueles
va poniendo en las almas luz y mieles,
mieles y luz que del dolor son freno.
Se detiene la imagen soberana.
Suena un clarín.
La voz de una campana
algo divino y mágico predice.
Se oye un himno triunfal.
La luna brilla.
El pueblo, emocionado, se arrodilla
y el Dulce Nazareno lo bendice.
El aire de Alhaurín, un año más, un
Jueves Santo más, quedó impregnado de gloria tras la bendición del Padre Jesús.
Desde el Cielo han volado ángeles hasta
la tierra bendita de Alhaurín para enjugar las lágrimas de su Virgen de los
Dolores.
Y, mirando a las estrellas de la noche,
los brazos implorantes de María dan gracias al Padre por lo emocionante que
resultó este clamoroso ceremonial al aire libre y porque el dolor de su corazón
se ha atenuado un poco.
Don José Benítez Rocha, ya en la gloria
con su querido Cristo, fue uno de los puntales auténticamente importantes, el
más importante – tal vez – en la fundación de la Muy Antigua Cofradía del Stmo.
Cristo de la Vera – Cruz y Ntra. Sra. de la Soledad. Años 40. El Sr. Benítez
Rocha, conocido en todo el pueblo como “El Alcalde Viejo”, fue fundador que no
creador, ya que todas las Hermandades tituladas de la Vera – Cruz, fueron
fundadas, según la Historia, por SS.MM. Isabel y Fernando, ya saben, los del
“tanto monta monta tanto...”, Los Reyes Católicos. Moros que quitamos de aquí o
de allá, Hermandad que fundamos... ¡Y como fueron tantísimos!.
Nada que ver este Crucificado, al que
Alhaurín mima y quiere, con otro también querido, el llamado Cristo del Cardón,
cuya escalofriante y tierna historia narrada por Salvador Benítez Herrera en su
Pregón del año 2000, llegó a estremecerme.
La historia es testigo de que Santa
Elena, que fuera madre del emperador Constantino, tuvo un sueño revelador cerca
ya de los 80 años: tenía que recuperar la Cruz en la que Cristo entregó su
preciosa vida para redimir al género humano. Y, ¿qué creéis que hizo? Dirigirse
a Jerusalén para buscarla. Y ¿qué encontró allí? ¡Pues nada más y nada menos que
un templo dedicado a Venus! ¿Qué hacer ante este dilema? muy sencillo:
derribarlo y excavar.
Así lo hicieron los hombres a los que
Santa Elena encomendara esta tarea. Pasado un cierto tiempo fueron encontradas
las tres Cruces que en el Gólgota habían sostenido los cuerpos de Jesús y de
aquellos dos ladrones, Dimas y Gestas, que habían expirado junto al Rey de
Reyes. El buen ladrón le pidió estar con Él y Él se lo llevó al Paraíso.
Santa Elena, lógicamente, quedó
maravillada con el hallazgo, pero... se le presentaba otro dilema: reconocer
cual de las tres Cruces, exactamente talladas, era la de Jesús. A una mujer
paralítica que por allí había, le pidió que tocase las tres, pero el milagro se
produjo cuando, al tocar la de Jesús, sanó inmediatamente. Podría decirse que
fue a partir de ese preciso instante cuando comienza la adoración de la Cruz, o
sea, la adoración del símbolo de la Redención.
Cuando el reloj marca las diez y media
de la noche del Viernes Santo, Alhaurín vuelve a convertirse en otra apoteosis
total. Pero una horas antes, diez de la mañana, el Santo Vía – Crucis recorrerá
algunas calles de la feligresía tratando de preparar al pueblo de cara a ese
traslado del Stmo. Cristo de la Vera – Cruz hasta su trono procesional por parte
de los Caballeros Legionarios... Bandas de música, cornetas y tambores y... ¡el
milagro de cada Viernes Santo! Las notas del Himno Nacional y... ¡Cristo ya está
en la calle! Y con la compañía de su bendita Madre, Ntra. Sra. de la Soledad.
Plaza de la Concepción, Cantarranas, Málaga... ¡Breve pero intenso itinerario!
Alhaurín habrá vuelto a teñirse de verde al igual que el día anterior, Jueves
Santo, lo hiciera de morado...
Cristo quiere morir en cada uno de los
rincones de su Alhaurín. Da sensación de soledad, de abandono, pero el pueblo
alhaurino, en las sombras, le acompaña en silencio.
Hoy luce y pesa el cielo como plomo;
la sombra está comiéndose la tarde
y de postre ha elegido mis entrañas.
La gente asiste al fin del espectáculo
y brinda alegre en búcaros de sangre.
Ahí está Jesús crucificado
en cueros y muriéndose delante
de nosotros. ¡Malditos seamos todos!
¿Por qué tanto suplicio para un hombre?
¿Cuándo fue santo derramar con saña
la sangre de un hermano, y derramarla
con nuestras manos? ¿Era necesario
obrar así? ¡Qué hermosa y justa escena!
¡Con qué sosiego dormiremos todos,
con qué suave brisa en las conciencias!
Miro a Jesús en lo alto del madero;
no está solo: debajo está su madre.
De vez en cuando habla y no lo oigo,
solo oigo el aire que le va faltando,
sus dos pulmones naufragando exhaustos,
su fatigoso respirar y el viento,
el viento que no existe pero sopla
sobre una vela sentenciada al humo,
sobre la timidez de una llamita
que poco a poco deja de ser llama,
que poco a poco inclina su cansancio
sobre sí misma, brilla y se esfumó.
La noche madrugó más que el ocaso,
la tierra se rasgó las vestiduras
y yo me desperté. Jesús estaba
muerto. Sobre la cruz estaba. Muerto.
Miré dentro de mí: llovía fuerte
en el desierto; se lavaba el cielo
y el agua descorría las cortinas
del horizonte. Y era distinto...
Desclavaron sus manos, desclavaron
sus pies y lo bajaron con cuidado.
La gente se iba yendo, unos furiosos
y otros callados. Yo tenía el alma
ahogada en el silencio y en la pena,
prensada por la losa del pasado.
Me fui de allí sacándola del pecho,
dándome golpes para hacerla añicos,
mirando atrás y viendo el destrozado
cuerpo inocente en el regazo frágil
de una mujer; tendido, acurrucado,
dormido entre los brazos de su madre.
Nuestra Sra. de
la Soledad camina hacia el Calvario en pos de su hijo. Allí, María será una
patética figura de silencio.
El Calvario está lleno de música fúnebre,
de movimiento, de voces, de presencias, de sucesos telúricos: la cruz, los
clavos, los soldados, los ladrones, el centurión, los sanedritas, el temblor de
la tierra, el rasgarse el velo del templo, la oscuridad repentina, las burlas,
las Palabras: perdónalos, no saben lo que hacen, esta misma noche estarás
conmigo en el Paraíso, Padre mío, ¿por qué me has abandonado?, tengo sed, mujer,
he ahí a tu hijo, en tus manos entrego mi vida, todo está ACABADO...
Soledad. María. La Madre.
La Madre estaba llorosa
junto a la cruz afrentosa,
de donde el hijo pendía...
Al ver tu eterno reposo,
también me sentí lloroso,
¡Madre mía!...
La Madre besó angustiada
la triste Faz, empapada
del sudor de la agonía...
Y de tu cara amorosa
besé la pálida rosa,
¡Madre mía!
La Madre, ante el cuerpo inerte
del Hijo, lloró su muerte,
y en Él viviendo, moría...
Desde que tu voz no entiendo
también yo vivo muriendo,
¡Madre mía!...
La Madre, en las horas crueles
de pesar, gustó las hieles
de aquél cáliz de agonía...
Yo he bebido, hasta la hartura,
todo un cáliz de amargura,
¡Madre mía!...
La Madre, en el Lienzo Santo,
pudo recoger el llanto
que su corazón vertía...
¿Dónde hallaré yo el tesoro
de las lágrimas que lloro,
Madre mía?...
La Madre tuvo el consuelo
de ver su Hijo en el Cielo
¡y ahí acabó su agonía!...
Yo, en la hora de mi muerte
¿tendré el consuelo de verte,
Madre mía?
Pueblo de
Alhaurín que tienes en las profundidades de tu alma la riqueza multiforme de una
fe cristiana expresada en arte: desde la “teología popular” del cante jondo,
hasta los pasos procesionales de la Semana Santa, cuando las calles se
convierten en catedral viviente y se revisten de sus mejores galas, bajo la
atenta mirada de la luna de primavera, para celebrar el misterio central de la
fe cristiana: el tránsito de la muerte a la vida, del sepulcro a la gloria, de
la Cruz al trono del Reino de los Cielos. Es el homenaje de un pueblo al mejor
de los hombres, la gratitud de un pueblo pecador al Señor del perdón y de la
vida, el reconocimiento de un pueblo redimido a Jesucristo el Señor.
Es Alhaurín, me consta, un pueblo de
rancia tradición. Habría que remontarse varios siglos para detenerse en el
momento exacto en el que la Cofradía de la Santa Vera – Cruz queda constituida.
Corría el año 1646. Por ejemplo.
Y recordar los populares “pasos en vivo”
que datan de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. ¿Qué eran, qué
representaban los mencionados “pasos”? Algo tan sencillo y sublime a la vez como
esto: la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. En el año 1925 se pone una
especie de Stop, ya que desde entonces y hasta seis años después, en 1931,
quedan éstos reducidos a la presencia de Apóstoles que desfilaban en las
procesiones de los dos días grandes durante la Semana Mayor de Pasión: Jueves y
Viernes Santo.
Estos y otros muchos ingredientes del
pasado y del presente hicieron posible que la Consejería de Turismo y Deporte de
la Junta de Andalucía declarase a la Semana Santa de Alhaurín de la Torre
“Fiesta de interés turístico nacional de Andalucía”. Corría el mes de octubre de
2001, día 11 del mencionado mes, que es precisamente la fecha de nacimiento de
este Pregonero...
Habremos de convenir en que no hay
Viernes Santo si no floreciese en Vigilia de Resurrección.
No celebramos la muerte, sino que
anunciamos, paseando a Cristo en la Cruz, que la muerte redentora del Salvador
tiene un saldo de vida eterna para toda la Humanidad.
Será a eso de las 12 del mediodía del
Domingo de Resurrección, o sea, de aquí a diez días, cuando el Señor Jesús
comenzará su ascensión al Cielo para sentarse a la derecha del Padre.
Seamos como aquellos discípulos suyos que
salieron a predicar por todas partes mientras que Él, desde allá arriba,
cooperaba con ellos confirmando la palabra con las señales que la acompañaban.
Este Pregón está a punto de terminar. He
de decirles que no quise atiborrarles con datos y más datos, fechas y más fechas
porque Vds., obviamente, se lo saben todo de memoria. Lo que este Pregonero
pretendió fue ofrecerles a modo de homenaje a las veneradas imágenes que se
procesionan en Semana Santa y al pueblo en general, un Pregón ciertamente
especial en el que el lirismo estuviese presente, junto a la narración de los
momentos estelares de la Pasión, Muerte y Resurrección de Ntro. Señor
Jesucristo.
Si me lo permiten, quisiera poner como
Epílogo unos versos dedicados al Santísimo Cristo Resucitado, sin que deba
olvidarme de una pléyade de magníficos poetas que me permitieron hacer más
lírico este Pregón: Paco Acosta, Vicente Aleixandre, José Mª Rubio, Francisco R.
Barrabino, Joaquín Díaz Serrano, Daniel Cotta, Francisco Valdés y Alfonsina
Domínguez:
Se fue despacio, suave, hermosa,
despertando a los árboles dormidos.
¡Al paso! decían alegres las campanas,
que la Resurrección con la vida se ha fundido.
Las gotas de los cirios, quedaron en el suelo,
bañando las calles y plazas de rocío.
Se abrazó el Sol con fuerza a la mañana,
y la noche, besó al Alba con delirio.
Abrieron las flores sus pétalos de seda,
pintando las túnicas de hermoso colorido,
y Alhaurín inmerso de azahar en primavera,
recibió a la Vida que inundaba los caminos.
He dicho ¡Gracias, amigos...!
ALHAURÍN DE LA TORRE
1 de abril de 2004
Centro Cultural “Vicente Aleixandre”