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VIGÉSIMO CUARTA TORRE DEL CANTE (1997) 

Organizado por la Peña Flamenca “Torre del Cante”, y patrocinada por el Ayun­tamiento de Alhaurín de la Torre, el día 14 de Junio de 1997, se celebró en el Polide­portivo Municipal, la XXIV Torre del Cante, cuyo cartel, encargado al pintor Blas, estaba compuesto por: 

Al cante:

El Cabrero
José Menese
Aurora Vargas
El Chino
La Macanita

Isabel Soto

Juan Delgado Gálvez
 

Al toque:

Paco del Gastor
Antonio Carrión

Niño Pura
Antonio Soto

Al baile: Inmaculada Aguilar

Presenta: Gonzalo Rojo

El flamenco es universal, al tiempo que andaluz y español, debido a su inspiración profundamente humana y por la fuerza elemental con que directamente expresa problemas radicales para el hombre; sentimientos y preocupaciones, deseos y experiencias en la misma medida que en la poesía, ya que al igual que éstas, el flamenco se vale de la copla, aunque la llama letra flamenca. Hay cantes en los que la letra parece no entenderse, debido a la marcada pasión y entrega que el cantaor pone en sus quejíos; no obstante, es indudable que el cante sale del cantaor a impulsos de un sentimiento que le va marcando la letra. No siempre la mejor de las poesías serviría de letra para ser cantada como flamenco; lo que sí es cierto es que cualquier cante flamenco constituye una poesía llena de pasión, pues como decía Manuel Machado: 

“Cantando la pena
la pena se olvida.”
 

Lentamente, en un extraño pasar de tiempos, el río se va acercando hasta el mar, donde se funde en un abrazo infinito, en una entrega total con las aguas que fueron su principio. Pausadamente, sin habernos dado cuenta, este río nuestro de los festivales se ha hecho mayor, ha vestido de plata su escenario y se adivina lleno de vida. Lejos quedan los balbuceantes inicios, los nervios callados de las primeras ediciones, en las que el riesgo, la aventura y las ganas de hacer las cosas bien, adornaban cada instante dedicado al festival, el festival del pueblo. Muchas noches pasadas en una duermevela intranquila, soñando en cómo sería la próxima edición; muchas llamadas por teléfono, muchos sinsabores que sólo servían para poner más ilusión en el siguiente paso. Muchos kilómetros recorridos en busca de un cantaor que seguramente no podría venir al festival. Pero también muchas alegrías, muchas satisfacciones que, en definitiva, es lo único que queda para uno mismo cuando las cosas se hacen bien.

Es cierto que en el camino han quedado los mejores, pero su obra no ha sido vana, ahí está nuestro festival, que ya sabe andar por sí solo, y que, ciertamente, el año 1998, año de la XXV “Torre del Cante”, será recordado por su pueblo, que lo ha acogido y lo ha llevado hasta la cumbre de los festivales de cante flamenco que conocemos. 

Torre del Cante, tu pueblo te brinda estas palabras.