HISTORIA DE LOS FESTIVALES DE CANTE FLAMENCO DE ALHAURIN DE
LA TORRE Y DE SU PEÑA FLAMENCA
El
arte flamenco nació en Andalucía en el seno de una comunidad marginal, intercultural y
hostigada, en la que convivían judíos, árabes, cristianos y gitanos, y a la que se
sumaron, durante el siglo XVI, los ritmos de la población negra, que hacía escala en el
puerto de Cádiz, antes de partir hacia las plantaciones americanas. Sus raíces son
inciertas; aunque las primeras manifestaciones conocidas surgen a finales del siglo XVIII,
se supone que ya existía mucho antes. Las primeras noticias escritas sobre el flamenco se
encuentran en una de las Cartas Marruecas de Cadalso (1774).
Si
se le ha conocido como patrimonio inherente al pueblo gitano o romaní es en razón de
haber sido éstos, desde que en 1783 el rey Carlos III les liberara de las persecuciones a
las que hasta entonces habían estado sometidos, sus principales difusores e
intérpretes, así como los que mejor supieron fundir en un solo crisol musical brotes de
raíces tan diferentes como las melodías árabes, los cantos de los judíos en la
sinagoga, remotos fragmentos de la liturgia bizantina y aportaciones de la cultura musical
andaluza. Del carácter marginal y acosado de sus etnias de origen procede el elemento de
extremo dolor que generalmente proclama, y de la riqueza y variedad de ritmos y culturas
musicales emana tanto la trascendencia de sus cantes y bailes como la contagiosa y
explosiva forma en que expresa sus alegrías. Los verdaderos artífices del cante y bailes
flamencos iniciaron el desarrollo de su arte en las últimas décadas del siglo XVIII,
periodo en el que coinciden en su normalización y reglamentación con otras artes de
procedencia popular. Durante este siglo el pueblo andaluz tenía un comportamiento privado
muy particular; a través de sus reuniones en mesones y tabernas, donde el baile, el cante
y la guitarra eran el principal motivo, se fue forjando bajo formas personales un
género musical, literario y coreográfico, que hoy responde universalmente al nombre de
flamenco. Esta célula embrionaria tuvo sus asentamientos en los barrios más
pobres y artesanos. En esa época ya existen obras que recogen formas andalucísimas de
baile y cante tales como: tiranas, seguidillas, fandangos, cachirulo, playeras, chandé,
zapateado, zorongo y olé.
En
el naciente espectáculo, la voz ocupó de un modo paulatino el sitio de honor, haciendo
del flamenco una historia cantada y narrada en primera persona. Era frecuente entonces
que el propio cantaor o la cantaora se acompañara de la música de la guitarra.
En
1856 ya existían academias que acostumbraban a contratar, para animar ciertos bailes,
sobre todo los llamados jaleos, a cantaores profesionales de los más afamados y gitanas
de Triana para jalear y tocar las palmas. De este modo se van configurando unos
espectáculos de bailes en salones a caballo entre la academia y el café cantante. La
denominación de flamenco a este tipo de espectáculo, como género específico, apareció
en Abril de 1866, al anunciar el Salón de Oriente un gran concierto de bailes del país
con cantos y bailes flamencos, empezando a sustituir a la habitual de bailes del país y
cantes andaluces.
El
cante es el corazón del flamenco y tiene tres formas: Grande o jondo, cantos intensos y
profundos en tono trágico e imbuidos por el duende, es la transformación del músico por
la profundidad de la emoción; Intermedio, moderadamente serio, a veces cargado de
reminiscencias orientales; y Pequeño, cantos ligeros, llenos de exuberancia, al amor y
a la naturaleza.
El
cante jondo procede de Cádiz y de los puertos, lugares en los que se conserva el más
rico yacimiento de los antiguos romances de los que nace lojondo. Fragmentos de estos
romances o corridos constituyen la expresión básica del cante por tonás. La toná se
interpreta siempre sin acompañamiento alguno. Derivan de las tonás los martinetes o
cantes de fragua, la carcelera, la debla y las saetas flamencas. En el siglo XVIII
destacan una serie de intérpretes de tonás y en el XIX aparecen los seguiriyeros más
representativos. Los jerezanos crearon, además, un estilo de cante corto por bulerías
que define toda su vocación interpretativa. El barrio de Triana, en Sevilla, fue el foco
que atrajo a cantaores y bailaores de muy distintas procedencias, pero en especial
profesionales de Cádiz y de Jerez, que se asentaron en la ciudad y fundaron las primeras
academias de baile y los primeros cafés cantantes. De este modo, muchos de los cantes
tenidos por sevillanos, son simples derivaciones de los estilos gaditanos, pero Silverio
Franconetti, que puede ser considerado como el verdadero creador del género flamenco que
hoy conocemos, nació y se formó en Sevilla.
Entre
1910 y 1955, el cante está marcado por lo que se ha llegado a llamar la etapa de la
ópera flamenca, donde mandan los cantes más ligeros como los fandangos y cantes de ida y
vuelta. En la década de 1920 empiezan a desaparecer los cafés cantantes y se inicia la
primera época de las emisiones en radio y de las grandes programaciones en teatros.
Este
camino nuevo que había tomado el flamenco no gusta a todos los seguidores del arte puro,
así que en 1922, intelectuales de la generación del 27, crean en Granada
un Concurso, con la finalidad de buscar nuevos valores que cultivaran el cante jondo
auténtico. La realidad es que la mayoría de los cantaores que intervinieron ya eran
artistas consagrados. Esto ocurría tras el nefasto antiflamenquismo de la
Generación del 98, con la excepción de los hermanos Machado.
El
renacimiento del flamenco surge a partir dc 1955, siendo Antonio Mairena su figura principal.,y
alcanza el rigor interpretativo cuando en 1956 Antonio
Fernández Díaz. Fosforito, obtiene rodos los premios (18 modalidades de cante) en el
Concurso Nacional de Cante Tondo de Córdoba.
De los colmaos, donde se había refugiado el flamenco, se pasó a los tablaos flamencos,
lugar donde la mayoría de los cantaores que han llenado los pensamientos flamencos de
varias generaciones, se dieron a conocer. Llegamos, pues, a un tiempo en el que lo
flamenco alcanza un auge insospechado; por todas las ciudades y pueblos de Andalucía
surgen los festivales de flamenco, embriagando de quejíos y llantos de guitarras un cielo
salpicado de estrellas, adornando de taconeos y manos que rompían volutas de silencio,
un aire que rezumaba sueños de azahar y yerbabuena.
En
el ámbito de los festivales citados, bajo la pétrea mirada de la Jabarcuza, nacen en
Alhaurín de la Torre, los Festivales de Cante Flamenco TORRE DEL CANTE, como
muy bien acertó a llamar nuestro amigo Diego Gómez.
Decía
un viejo cantaor que donde realmente había aprendido a cantar es en los
cuartos donde se preparaban los cantaores antes de salir al escenario. Vamos a
introducirnos en ese cuarto de la historia de los Festivales de Cante Flamenco de
Alhaurín de la Torre, en nombre de dicho pueblo.
LOS FESTIVALES
Hasta
el año 1974 no hubo en Alhaurín de la Torre ningún movimiento flamenco. Todo se
reducía a las reuniones que en los distintos bares del pueblo se adornaban con los cantes
que algún vecino regalaba a sus amigos, entre un café y una copa de fino.
Por
aquel entonces, una idea se generalizaba en una gran mayoría de las ciudades y pueblos de
Andalucía; el flamenco parecía brotar de todos los rincones de las almas de los
andaluces y se extendía como un grito común por toda nuestra geografía, expresando a
los aires todos nuestros pesares y todas nuestras pasiones. Los festivales de cante
flamenco crecían tras la lluvia que el tiempo brindaba en un monótono romper con el
pasado.
La
idea de organizar un festival de cante flamenco en Alhaurín de la Torre surgió en una
cena de la Corporación Local que, con motivo de la incorporación de los nuevos
Concejales, se celebraba en el bar Las Palmeras. El entonces Alcalde, D. Juan
José García Martín, se dirigió al recién incorporado Manuel López Luque, con la intención de encargarle la organización de un festival de cante
flamenco, a lo que el edil se adhirió, asintiendo con especial dedicación.
Parece
como si el tiempo nos hubiera brindado la oportunidad de recordar de nuevo aquellos días,
y, sin embargo, ya han transcurrido veinticinco años desde que nuestros festivales vieran
la luz. Vamos a recordarlos, cuando celebramos las bodas de plata en este año de 1998.
PRESIDENTES DE LA PEÑA
La
Peña tuvo como primera sede un local situado en la calle Toril, del Barrio Viejo. El
primer presidente que tuvo fue Francisco Lara Fernández, que lo fue dos veces, siendo, en
orden cronológico, sus presidentes posteriores:
Manuel
López Luque, en tres ocasiones
Antonio
Donaire Luque
Santiago
Martín Benítez
Luis
Navajas Perea
Luis
Ortega Benítez, en dos ocasiones
Rafael
Rocha Donaire
Francisco
Acosta Roldán
Antonio Sánchez Montero, en dos ocasiones,
Antonio Jiménez Marín, actual
presidente.