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-Molino de  papel-
El botellero de mi infancia
Cuentos y relatos globales. 28.02.21 
…Y si el  botellero también  pudiera,  comprara sueños  rotos, versos descartados, esperanzas abandonadas, corazones  partidos, paciencias  agotadas  y…amores  viejos…
Escribe; Walter Pimienta.- Su campana no era más que un pedazo de sonoro hierro que, a golpes  repetidos,  hacía sonar  con otro hierro viejo…Y  tenía  aquella campana  de lo imposible,   la mágica  virtud de hacer despertar a todos los  metales  del olvido y  que, en  las colas de los patios de las casas,  perdidos  en el  recuerdo, alguna vez,  antes de estropearse,  fueron  la memoria  de  un útil  utensilio que  tocó desplazar por  otro…Porque  así es  la  vida,  un  constante desplazar…
La  misma  “asombrosa campana” del  botellero de mi  infancia, con  su  tañido  de  fiesta, sacaba de su  eterno insomnio a las botellas que  tuvieron  por  dentro alguna vez un  genio o  el  espíritu de  algún  licor o  la  dulce  melodía  de una bebida acabada…

El  botellero y  compra  hierros  de  mi  tiempo,  de niño, me compraba por centavos lo inservible y  empujaba una vieja  carretilla de madera donde,  como en  ataúd,  arrumaba aquellos cadáveres  de cosas: calderos desfondados,  tapas de alumno, ollas aporreadas, hierros  de lo  que  fue  una ventana, pedazos de frenos para  caballos, bisagras aun prendidas a un marco, cucharas de  bronce imperial dobladas,  sables, machetes,  macocos  y  rulas  oxidadas, romanas  con  las que   alguna vez se pesó  el  algodón de la  bonanza, los restos de un peso pata de gallo de alguna tienda que la mataron los  fiaos, los  mofles y  muelles de los primeros  vehículos que se comió la desmemoria,  tornillos con los que se forjó la máquina del  tiempo, sartenes  y  peroles que  perdieron indignamente  el  alboroto que antes  hacían en las cocinas, una  antigüedad  que  fue ornamento caro de una mesa de centro en  los tiempos de  la  prosperidad, platos de peltre “descarchados”, llaves de  candados equivocados y  equivocados candados  de llaves equivocadas; igual  que  diarios con noticias de guerra y  fenecimiento… todo esto  junto con botellas  y  más  botellas que buscaron el  silencio de  la muerte  en  la  basura, no  lejos de guardar aún en el  fondo  del  alma,una gota de vida, una gota   de algo.
El  barrio  era  toda una vivaz  animación cuando el botellero de mi  infancia, convoz  chillona, apareciendo por  la esquina, del  mástil de su  carretilla colgabael globo  verde de  la verde  esperanza. El  globo  rojo de las rojas  las pasiones . El globo amarillo  de las amarillas   flores  de primavera.  El globo celeste, del celeste  cielo  lleno de nubes. El globo  blanco  como  blancas quisieran ser las almas…Y  el  globo  morado como de color morado es el misterio de  algunas vidas…Y  yoque, con los  chirimbolos de la pobreza en las manos, lo  esperaba dichoso porque mi alma  de niño, tenía  prisa de una  golosina…
El  botellero de mi  infancia, luego de recorrer todo el  día  por  las polvorientas calles del pueblo, se llevaba en  su  carretilla  llena  trastos, de  cachivaches ychirimbolos, el  tesoro culto e histórico que uno nunca dio a las cosas viejas,tirándolas con un riguroso  y  radical “ya no ser”…pero  que él,  a lo mago callejero, quitándoles la herrumbre y  la  muerte con el  grito milagrosos de  estas   cinco palabras: ¡Compro fierros viejos, flejes, botellas, diarios!…Resucitaba…
Caminaba lento el  botellero de  mi  infancia; como dándome tiempo a encontrar en los basureros del  barrio, cosas viejas,  cosas  viejas nunca  usadas porque  sus  dueños murieron siendo  dueños de  tantas cosas que no se llevaron…Y  jamás, jamás  volverían  por  ellas…
Las ventanas con asomadas caras  arrugadas,  al  grito  de  la  calle:¡Compro fierros viejos , flejes, botellas, diarios!… también vieron pasar al botellero de  mi  infancia y fueron  hasta  el  fondo de los baúles, olorosos a naftalina para  así   cambiarle  a este, por  coloridosalgodones  de azúcar,  lejanos  recuerdos de nostálgicas  medallas, de amores idosque  ahora, no siendo amores si no  un  sufrir,   ya  no  daban  consuelo al  corazón…
No  le servía de  nada  al  botellero de  mi  infancia, vestirse de  inmaculado blanco como  un  santo; vestía de eterno  oxido de pie a cabeza como  un  hombre de  hojalata, con pantalón  y  camisa color oxido  de muerte, de  muerte  para  el  hierro. Botellero de  mi  infancia, campana de lo  inverosímil que  abría  puertas más que cerraba, a cambio  de chirimbolos  por  caramelos…
…Cuanto compraba el  botellero de mi  infancia, era  viejo en el misterio y el azar  de una alquimia que le  ganaba a la muerte para, en el  prodigio  de  Dios, volverlo todo nuevo…Pero un día, un día  se fue el botellero de mi  infancia llevándose en sus  pies el polvo de  los  caminos del  mundo, llevándose en el mástil de su  carretilla el arco  iris  de sus  globos multicolores…Y se perdió el  botellero  de  mi  infancia, en  los confines de una senda sin retorno, llevándose el sonido enardecido de su extraña e insólita campana aglutinadora de bulliciosos niños, llevándose  en la  medalla de  la abuelael  recuerdo  de  un viejo amor ya  muerto y,  en el  trueque de  su  ultima olla aporreada,  el  almizcle  y  el  vapor  de  un  guiso apetecido y que,con el  grito milagroso de  estas   cinco palabras: ¡Compro fierros viejos,  flejes, botellas, diarios!…desde entonces tendría  otro destino…
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