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Escuela pública, ¿escuela desconcertada? (4)
Jose Maria Barrionuevo Gil. 06.02.21 
No todos los días nos levantamos con el mismo pie, porque las urgencias, casi siempre, nos confunden los apoyos. Salir a escape no es lo más oportuno, porque podemos darnos con las narices en el suelo. Ahora bien, cuando las cosas pueden hacerse con tiempo, nos podemos poner a ver sin que nadie se ponga por medio, ya que eso es cosa de reinas; nos podemos poner a caminar sin obstáculos, ni siquiera materiales, que también nos entorpecen bastante; nos podemos poner a pensar sin prejuicios sociales, que suelen ser los que siempre nos obnubilan nuestras mentes.
El hecho fue que allá al final de los años cuarenta, cuando estábamos para terminar “los estudios de guardería”, nuestra madre le preguntó a una profesora de la Escuela de Magisterio, que había sido su Señorita y seguía siendo su amiga, que qué hacía entonces con “su parejita”. La Profesora le contestó que llevara a sus hijos a la Escuela Pública, a la que entonces le llamaban “Nacional”, para más “inri”. Tenemos que hacer notar que a menos de doscientos metros de nuestra Guardería había un Colegio Privado. La Profesora, que debía conocer el paño de la educación de aquellos años grises, sabía que los maestros de los colegios públicos de aquella Ciudad del Paraíso eran maestros con oposiciones y sujetos a una selección posterior o mediante concurso de traslados, que es lo que, sin querer, suele favorecer la diversidad que puede producirse entre el profesorado de un centro público de enseñanza. Entonces los colegios privados contaban, al igual que ahora los concertados, con el “carácter propio”.
Se nos puede objetar que en aquellos años no era así la enseñanza pública, precisamente por el régimen dictatorial que lo impregnaba todo en esta piel de toro, pero siempre cabía la posibilidad de contar con mayor diversidad que en los centros privados, de cuyas privaciones ya hablamos hace tiempo. De este modo, podemos decir, sin miedo a equivocarnos mucho, que la escuela pública de entonces tenía un “carácter impropio”, o sea, poco diverso y nada democrático.
Sabemos que, en aquellos años, como la sanidad era bastante asistencial, no estaba bien visto que las mujeres fueran al hospital a dar a luz, porque eso era cosa de pobres. En la enseñanza pública, por su carácter, también asistencial, a la educación pública, por muy nacional que fuera, tampoco se le tenía en buena consideración. Es verdad que en nuestra ciudad había un Instituto, pero uno solo en donde, como en los colegios, el alumnado estaba segregado por sexos. No tiene, a lo mejor, mucha importancia que en nuestro instituto hubiera estudiado el premio Nobel Severo Ochoa, que, dicho sea de paso, en sus años estudiantiles, vivía más cerca de un colegio privado que de aquel Instituto malagueño, el “Vicente Espinel”, que todavía sigue en pie.
Es curioso, en el panorama actual, que quienes hemos conocido y sufrido escuelas autoritarias, tanto cuando éramos niños como cuando hemos sido maestros o profesores, podamos contemplar todavía, incluso en plena pandemia, los frutos educativos que nos muestran a donde puede llegar una feligresía que no quiere ver la realidad que tiene delante y se deja llevar de cantos antiguos pero con ademán poco pacífico, entre otras cosas porque están como troquelados con los beneficios culturales de las máximas y consignas que siempre imperaban en aquellos tiempos. El troquel mental de estos beneficios lo han tomado ahora los memes y los tweets.
Nuestra escuela pública está desconcertada, porque le faltan fuerzas y medios para prestar la atención debida a la diversidad del alumnado que tiene que tratar, que es tan diverso y hasta tan deprimido socialmente, que no es de extrañar que muchos de sus alumnos salgan antes de tiempo de la escolarización o terminen sin bases, académicas o no, para la vida social que les espera en un futuro nada definido.
Nuestra escuela pública está desconcertada, porque hasta tiene que cargar con el sambenito de que cuenta con "menor nivel", cuando desde la concertada se le puede tildar de esa manera, al querer deshacerse de atender a algunos alumnos que puedan presentar ciertas dificultades. Pensamos que si tienen más "excelencia" podrían demostrarlo con su exquisita atención.
Nuestra escuela pública está desconcertada, porque se está viendo inmersa en un tira y afloja de libertades partidistas, que hacen de su capa un sayo, ahora que viene una ley que tímidamente quiere recuperar algo de su "carácter general" que pueda atender a todos sin exclusiones ni enfrentamientos. Conocemos las dificultades que la educación encuentra en un mundo tan competitivo y cada día menos competente.
La educación, al menos para nosotros, es una contribución al bienestar y salud moral de todo el mundo.
josemª
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