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 Veinte años sobre la espalda

Cuentos y relatos globales. 28.10.07 

Javier Martinetti. jmartinetti1234@hotmail.com
No soy libre.
Tengo en mi espalda veinte bestias en una sola.
Una noche que no pude lograr el sueño. Era una noche muy intranquila. Sentí una presencia muy intimidante, como si me observaran acostado en mi cama, quizá por no poder conciliar el sueño, yo estaba muy nervioso, llegue a sentir ruidos que no podía interpretar. Recorrí la habitación con la mirada y no veía nada, insistí como queriendo descubrir nuevos rincones del cuarto. Así me dormí.

A la mañana siguiente desperté con los ojos doloridos y un poco mareado, vi a los pies de la cama mucho polvo, en capas muy gruesas y pesadas que se quebraban si movía los pies y que para cuando pude voltearme ya había quebrado las gruesas capas y esparcido el polvo denso por el aire y me ahogaba.
Vi en mis pies tanto polvo y mechones de pelos marrón y negro que me asusté por lo que intente incorporarme muy de golpe y me agité.
Sentí un terrible dolor en mi espalda, por lo que sin necesitar de demasiado esfuerzo, me di cuenta de que algo no estaba como de costumbre. Volví a mirar los mechones de pelo y a sentir el dolor. Luego moví los pies removiendo polvo para convencerme de la incomoda situación, aunque no pude explicarme absolutamente nada, y como intentando acompañar el envión de mi cerebro me abalance intentando levantarme, pero por el peso que mi cuerpo no había experimentado cargar nunca y sorpresivamente cargaba en ese momento, solo pude levantarme unos centímetros y me desplome sobre el colchón como entregándome por completo a una derrota, caí como caen ciudades en una guerra, como cae un cuerpo en una guerra, como cae la esperanza, indignado me desplome.
Mirando el techo del cuarto como intentando encontrar allí todas las respuestas que se puedan desear.
Intente voltearme nuevamente con la ilusión de caer al piso y rodar, con la ilusión de encontrar en el piso la solución a mi malestar. Me abalancé hacia todos los costados pero el colchón me acompañó al compás todos los movimientos, que angustia Michelle, no pude conseguir el envión.
Imagínese, yo postrado en la cama intentando levantarme, y cada movimiento levantaba cada vez más polvo. Allí postrado aspirando polvo. Me dolía la nariz y tosía polvo Michelle.
Entre tanto balanceo note un objeto con forma de colmillo sobre mi cuello en la parte occipital izquierda, parecía marfil, estaba muy sucio y con sangre. Me estremecí.
Intente gritarle al mundo para recuperarme, pero no tenia aliento, se cubrió de polvo y me atragante con mi propia voz. Mi saliva mas amarga y caliente que nunca. Me hice muchas preguntas en ese momento Michelle, pero no encontré respuesta alguna.
Busque en mi alrededor de donde sujetarme y no encontré mas que sacudirme sobre el colchón como se sacude un barco en medio de una tormenta violenta.
Michelle, no se como explicar aquel instante desesperante.
Con la mano izquierda, la mano del corazón, quise alcanzar mi cabeza pero solo podía mover el dedo mayor, mi mano estaba atrapada y cada tirón me desgarraba un dedo. Me arranque cuatro dedos de mi mano izquierda para liberarla, ya sin los dedos insistí en alcanzar mi cabeza, pero a mitad de camino se atasco, sentí las garras de la bestia atravesando de carpo a metacarpo mi mano con un movimiento tan lento que casi no sentí dolor. Y también tironeaba para soltarme, por lo que hice tres tajos en mi mano atravesándola por completo. Mi mano quedo colgando dividida en tres tiras bordó.
Mi cuello quedó acalambrado, y con la pata de la cual pude liberarme con un fuerte latigazo se clavó, abrasándome, en mis costillas, enterrándolas con una brutal fuerza, bloqueando mis brazos. De una patada enterró las garras de su pata derecha en mi columna.
Con mi mano derecha (en ese momento adopte el comportamiento de la bestia) enterré mis propios dedos en mis costillas derechas. Las aplasté hasta que se soltaron del pecho y se levantaron en punta sobre mi pecho como queriendo escaparse al igual que mi corazón cuando la pienso.
Retiró sus garras y con otro fuerte latigazo las clavó en mi brazo, como intentando frenarme, como con miedo, el miedo que si fuera yo sentiría, el miedo a caerme, ya le reduje en parte mi cuerpo, le reduje espacios de donde sujetarse, pero es un parasito sobre mi espalda.
Estoy muy débil, no se cuanto me queda de sangre pero voy a seguir rompiendo cada hueso de mi cuerpo, me arrancaré con mis dientes toda la piel y presionando muy fuerte voy a intentar reventar mi boca. No voy a dejar que siga prendida de mi.
Llegará el momento en que tenga que soltarse, o por falta de espacio o porque ya no pueda nutrirse de mi. Me iría Michelle si por sobre todo usted no está.
Michelle, voy a continuar desintegrándome, esperando que vuelva usted a buscarme, y que con su desesperación se torne violenta y con brutalidad arranque de mi espada a la bestia, aunque me arranque la espalda. De todos modos es realmente imposible que llegue usted antes de que la bestia me mate, o antes de que con inocencia e incoherencia termine yo mismo con mi cuerpo. Pero de llegar usted primero tampoco seria la mejor ayuda, ya para ese entonces me vería tirado en esta cama ensangrentada y chorreante, vería la sangre que tiñe el suelo del cuarto, y que al entrar cubriría sus zapatos de sangre, entonces tomaría con sus delicadas manos completamente manipuladas por la ira y enterraría el cuchillo que llevo clavado en el pecho, retorciéndolo, ya puedo imaginarlo, chillaría su dentadura y se le acalambraría la cara por lo tensa que se pondría. Patearía usted mi rostro y haría silencio para escuchar el sonido de cada hueso al quebrarse y los contaría.
Yo para cuando usted llegue comprenderé su ira, comprenderé su pensamiento, le imagino indignada por verme allí fagocitándome a mi mismo. Se que no lo entenderá Michelle, pero déjeme pedirle que cuando se pare delante de mi, cumpla con lo que imagino que pasaría, cumpla como siguiendo instrucciones, regáleme una muerte digna, ya que soy incapaz de imaginar una muerte mas digna que aquella provocada por la ira incontenible de la mujer que con tanto espíritu quise tener a mi lado, ira a partir de verme morir bajo mi propio desesperado deseo. Máteme, de lo contrario pensare que es una asesina.
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