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Todo por la patria
Eduardo Saez Maldonado. 24.02.20 
 "... una unidad de destino en lo universal... "   *
El pasado domingo se llevó a cabo en Alhaurín de la Torre un curioso acto multitudinario en el que, en presencia de una nutridísima representación del Ejército Español, un grupo de personas sin vinculación especial con el mismo, juraban fidelidad a la bandera emulando el acto formal que todos los integrantes de las fuerzas armadas hacen poco después de su ingreso.  Vaya por delante que yo ya juré bandera en su momento cuando hice mi servicio militar (hace ya demasiado tiempo, me temo) ya que no me declaré objetor de conciencia. Es más, llevé a cabo mi "mili" como Alférez en lo que entonces se denominaba Instrucción Militar de la Escala de Complemento (IMEC), y aprendí a desfilar, a obedecer órdenes no siempre sensatas  y a disparar un fusil de asalto.
Por desgracia, la existencia de los ejércitos es necesaria en nuestra sociedad, como también lo es la de la policía. Y también lo es que estos Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado tengan la potestad del uso exclusivo de la violencia en representación del pueblo y bajo el mando de sus representantes democráticos en los gobiernos de las respectivas administraciones. Y digo "lamentablemente" porque el uso arbitrario de la violencia por personas o grupos al margen de la legalidad no es nada inusual. La naturaleza humana tiene una componente de violencia irracional que, aunque frecuentemente canalizamos a través de espectáculos públicos como el fútbol, por ejemplo, no siempre está bajo control.
Entendemos pues la necesidad de la existencia de un ejército con personal perfectamente formado y cualificado para desempeñar funciones en situaciones extremas. A modo de paréntesis, es de destacar muy positivamente la decisión del expresidente Zapatero de la creación de la Unidad Militar de Emergencia (UME) para apoyar a otros cuerpos como Bomberos, Policía y Protección Civil en casos de catástrofes que requieran actuaciones inmediatas y urgentes (las climáticas, por cierto, cada vez más frecuentes) aprovechando así la formación y cualidades de nuestros militares en tiempos de paz en beneficio de la sociedad en situaciones extremas.

Lo que yo no acabo de entender muy bien en este asunto de la jura de bandera civil son dos cosas, a saber:

1.- Primero la necesidad de exhibir públicamente el "orgullo de ser español". Porque yo también estoy orgulloso de serlo (aunque no más que un italiano de ser italiano o un vietnamita de ser vietnamita, supongo), pero no siento la necesidad de gritarlo a los cuatro vientos. Debo ser un bicho raro.

2.- En segundo lugar, tampoco entiendo la necesidad de hacer este alarde público de patriotismo precisamente delante de una representación del ejército. Podría hacerse, también ante los bomberos, o la policía, o los maestros, o el personal sanitario, o incluso ante los muchos voluntarios que atienden desinteresadamente a personas que necesitan ayuda de mil tipos. Todos estos colectivos son, al igual que el ejército, representativos de la abnegación y dedicación al bien común de muchos compatriotas.

Respeto, no obstante, el derecho de quien quiere hacer alarde de patriotismo ante el vistoso espectáculo de una parada militar. Pero aceptando "pulpo como animal de compañía", me da miedo que esa exaltación de la patria devenga en nacionalismo excluyente (cosa que ocurre con no poca frecuencia) y para defender nuestros derechos menoscabemos el derecho de los demás (de los no españoles). Porque la patria aparece a muchos niveles: yo me siento malagueño (me gustan los espetos), andaluz (me gusta la Semana Santa), español (me gusta Casillas), europeo (sentí el incendio de Notre Dame) y terrícola (me encanta la grandiosa taiga boreal), pero hay otras patrias "transversales" que tienen que ver, más allá de las fronteras, con las circunstancias culturales. Así, me encuentro mucho más cercano de un "extranjero" de origen sudamericano hispanohablante que de un brasileño, a pesar de pertenecer al mismo continente. Y de un hablante de alguna de las lenguas latinas que de un ruso. Y de un ruso que de un coreano, a pesar de pertenecer ambos al mismo continente.

Pero sobre todo, me siento miembro del mismo colectivo humano que habita el Planeta Tierra. Del colectivo de miembros de la especie "Homo sapiens". Es más, me siento orgulloso de llevar sangre de otras especies humanas ya extintas como "Homo neandertalensis" con los que compartimos un pequeño porcentaje del genoma. E incluso más cercano a ciertos individuos de otras especies más alejadas (mis perros, por ejemplo) que a ciertos humanos. Y es que ante las inminentes amenazas globales del agotamiento de los recursos, de la extinción masiva de especies, del calentamiento global y el cambio climático, y del incremento de las injusticias sociales y acumulación de riqueza en las minorías privilegiadas, la verdadera "unidad de destino en lo universal" no es (no puede ser) la "pequeña" patria en la que, circunstancialmente, hayamos nacido cada uno como defendía José Antonio. La auténtica "unidad de destino en lo universal" reside en ese diminuto punto azul en medio del infinito universo que nos hizo comprender el añorado Carl Sagan. Nuestro verdadero y único hogar.

Por eso los nacionalismos son, además de anacrónicos, un poco inquietantes, y quizás sea el preocupante hecho de que VOX haya sido el partido más votado en Alhaurín de la Torre en las últimas elecciones, el que explique este éxito abrumador del colorido espectáculo del otro día.

*Histórica frase de José Antonio Primo de Rivera

Eduardo Sáez Maldonado
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