Tu diario. Libertad de expresion

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Más vale prevenir: pin
Jose Maria Barrionuevo Gil. 01.02.20 
Porque siempre pasa lo que pasa; porque siempre, luego, se nos pasa; porque, mire usted, hasta dónde hemos llegado; porque antes de que pasen las cosas hay que prevenir; porque hay que poner las leyes antes que el carro, porque después las cositas prescriben y ya todo el mundo se nos escapa y el personal se nos va de las manos. Por todo ello hay que meter mano y llenarnos las manos y, si no ha habido denuncias hasta aquí, ahora vamos y metemos la lengua y grabamos a fuego que no podemos dejar pasar ni una, porque más vale prevenir que curar.
Hablando de que hay que prevenir, no nos hemos puesto a pensar hasta hoy, porque los días se nos han pasado sin prevenir y sin pensar. Ahora que nos ponemos a pensar, resulta que nos bailan en la cabeza los términos y, en vez de entrar en razón, somos llamados a una dolencia o trastorno poco curable y nada previsto.
Los médicos nos prescriben un tratamiento para que nos lo den y nos curemos, porque, si no les hacemos caso, no nos curamos. Y todo, porque “la prescripción médica es un acto científico, ético y legal” y conviene seguirlo “a pies juntillas”, con sus plazos, sus dosis, aunque de verdad “nos sepa mal” la ingesta.
Por otro lado tenemos que en la prescripción jurídica, “aunque la pena es  necesaria para la existencia y pervivencia del orden jurídico, el transcurso de un tiempo razonable desde la comisión del delito, sin que se haya castigado al culpable, hace que la pena ya no pueda cumplir sus finalidades de prevención general y especial, incluso, puede ser contraria a la finalidad resocializadora de la sanción, por lo que la prescripción extingue la responsabilidad penal”. Y la gente se va de rositas y lo que se prescribe es la enfermedad o hasta la manía, no el tratamiento.

Como no entendemos de todo, nos confunden las palabras y hasta nos alarmamos, porque unos compañeros de viaje nos sacan de nuestras abiertas casillas y nos meten y advierten con una dosis “higiénica y jurídica” de Pin Parental, como si el conocimiento y no el prejuicio fuera detestable.
Más vale prevenir que curar. Sin embargo, como este mundo cada día se acelera más y se nos complica la vida, no tenemos tiempo para atender a la educación de los más pequeños de nuestras familias y tenemos que estar con ojo avizor, vaya a ser que en las escuelas y colegios los contagien de conocimientos “inadecuados” por su simpatía y empatía para con los demás, porque, según algunos, no todos estamos en la misma trinchera ni defendemos las mismas fronteras.
Hace unos treinta años, un vecino nos contó lo siguiente: “Íbamos paseando los otros días por ahí abajo y, cuando pasamos por delante del Club..., mi hija menor me contó que un día  había visto a un hombre que se bajó de un taxi con mucha prisa y que se metió casi corriendo dentro del Club. Entonces yo le dije que habría quedado con alguna chica  y que por eso llevaba mucha prisa. Mi hija, con toda la naturalidad del mundo, me dijo que su prima le había dicho que el Club era una casa de putas”.  “Imagínate si yo me hubiera puesto a no seguirle la corriente y andarme con mentiras piadosas. Seguro que hubiera quedado como un tonto y además habría perdido bastante confianza de mi  hija”. Es que el mundo es así de complejo, aunque no nos lo creamos.
Un compañero, que trabajaba en una escuela infantil, nos contó que les llegó un niño, cuyos padres lo tenían muy protegido de toda contaminación, y que después allí era el que más enfermaba, pues las cogía todas.
A estas alturas de la feria, y de una feria tan contaminante, no nos podemos permitir que nos inoculen una alegría tan pura como la del Pin Parental. En algún momento hemos hablado de que la educación, algunas veces sigue la consigna (¡Cómo no!) de que “el que da primero da dos veces” y que si encima se le añade una dosis nada despreciable de genética, quizá algunos no tengan nada que prevenir, porque ya está el arquetipo completo y exacto, inflexible y ortodoxo, con “gesto alegre y firme el ademán”.
Nos puede pasar que las ideas no nos hagan daño por ser bastante líquidas, pero las suspicacias seguro que nos pueden hacer enfermar. El conocimiento y el respeto a la diversidad es la mayor prevención. Como dijimos hace tiempo, no queremos volver a la España de Cristobalito Gazmoño.
josemª  
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