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El poder de las palabras
Natividad Castejon Valero. 15.10.19 
El otro día volví a ver, después de mucho tiempo, el documental del Dr. Masaru Emoto "Los mensajes del agua". Recordaba nítidamente algunas de las imágenes y experimentos, pero otros los había olvidado por completo.
 Y esta última vez, una frase me llamó la atención. La comunidad científica admite que todo emite vibración. Las personas vibramos de diferentes maneras, al igual que los estilos musicales.
 Todos los seres emitimos vibración. Las personas, los instrumentos musicales, los animales, las plantas, las ideas, las palabras, los sueños... hasta las piedras. Todas las materias.
 Y el agua es una perfecta conductora de esta vibración, pues es muy sensible a los cambios vibracionales.
 Uno de los experimentos mostraba cómo el agua de un manantial, al ser congelada, mostraba bajo la visión del microscopio una cristalización perfecta, similar a un copo de nieve; mientras que el agua del grifo, al ser sometida al mismo proceso, presentaba no sólo una ausencia de cristalización, sino una imagen poco agradable.
 La diferencia se debe al tratamiento artificial que ha sufrido previamente el agua que sale del grifo.

 Sin embargo, si cogemos un vaso de agua del grifo y la tratamos durante una hora a base (¡ojo!) de decirle palabras bonitas y llenas de cariño, al cabo de 3 horas de congelación presentará ante el microscopio la misma cristalización que si se tratara de agua de manantial.

 Lo mismo ocurre con el agua destilada empleada en un experimento con diferentes estilos músicales, pues pasó de esa misma ausencia de cristales, a mostrar unos copos muy diferenciados, como si el agua pudiese mostrar su preferencia por un estilo musical más que por otro.

 Sin embargo, el experimento más curioso fue someter diferentes botellitas de agua, a diferentes palabras. Cada botellita fue identificada con una etiqueta pegada con la palabra "Amor", "Te odio", "Estúpida" o "Gracias", en diferentes idiomas, pero todas juntas.

 Y el resultado fue sorprendente. Las estructuras más hermosas aparecieron bajo las palabras de gratitud, en los diferentes idiomas. Más que cristales, parecían delicados diamantes tallados y engarzados entre sí.

 Es cierto que todos estos experimentos no pueden considerarse aún demostraciones científicas absolutas, pues para ello requerirían de un proceso mucho más amplio y plagado de variables, pero el tiempo evidenciará que es posible.

 De hecho, el Dr. Emoto trató a pacientes únicamente con agua energizada.

 ¿No os ha pasado nunca que un cierto estilo musical tiene la capacidad de cambiar totalmente nuestro estado de ánimo? Podemos volvernos melancólicos, animados, entusiasmados, productivos o románticos únicamente con cambiar de un estilo a otro.

 ¿No podría ser que la vibración de la música afectara al agua que contiene nuestro cerebro en particular (83%) y al de nuestro cuerpo en general (60-65%)?

 Y si eso fuera cierto... ¿no podríamos probar a sanar nuestro cuerpo ayudándonos de las vibraciones de la música y de las palabras bonitas?
 ¿Y si pusiéramos música en los hospitales?

 Otro de los experimentos que cualquiera de nosotros puede hacer en su casa (yo lo he hecho), es el del arroz blanco hervido.

 Se ponen un par de cucharadas en 2 tarros idénticos, a poder ser de cristal, y si no fuera posible, pues plástico. No es necesario que sean muy grandes.
 En uno de ellos pondremos una etiqueta que ponga "Amor", y en la otra "Odio". Y los ponemos juntos en el mismo estante de la nevera.

 Yo les saqué una foto diaria durante un mes. Al cabo de una semana, el que ponía "Odio" se empezó a estropear, mientras que el otro estaba perfecto.
 A las dos semanas la diferencia era muy evidente.
 Y al cabo de un mes, el que ponía "Odio" estaba totalmente negro y podrido, mientras que el otro se empezaba a estropear en ese momento.

 Esto me demostró que las palabras realmente tienen el poder de sanar o de enfermar a las personas.

 ¿Y al planeta? ¿Qué le ocurre a nuestro planeta bajo los efectos de nuestros pensamientos? ¿Será ese el motivo por el cual se deshacen los polos? ¿Será el agua, en todas sus formas, tan sensible a nuestras palabras que reacciona perdiendo su estructura?

 ¿Cuándo nos daremos cuenta de que lo que pensamos y decimos tiene la poderosa fuerza de obrar milagros? ¿Hasta cuándo vamos a aplazar la decisión de hacernos cargo de lo que nos corresponde?

 Siempre que le echamos la culpa a otro/s, evitamos la obligación de tomar decisiones.
 Siempre que apoyamos una acción bélica (ya sea de palabra, pensamiento u obra) emitimos una vibración al espacio. ¿Dónde termina?

 Cada día somos más los que despertamos a esta realidad silenciada. Y las actitudes que antes eran válidas, ahora no lo son.

 Cada día nacen más niños con capacidades sanadoras que acaban estudiando la carrera de medicina, sin darse cuenta de que no es lo mismo curar que sanar.

 Y cada día son más los médicos que admiten la incapacidad del sistema actual para tratar la enfermedad como un todo, y no como un fragmento.

 Nuestro planeta está en pleno proceso de elevar su vibración. Desde 2012 nuestra Madre Tierra está inmersa en la labor de generar un cambio vibracional que nos afecta a todos.

 ¿Y si empezamos (por ejemplo) por incluir la palabra "Amor" en nuestro vocabulario para referirnos a nuestros seres queridos, como ya ocurre en muchos países de Sudamérica?

 Piénsalo.

 El Dr. Masaru Emoto ya puso su granito de arena al ponernos sobre la pista de la capacidad de transmutación que posee el agua. Y nuestro organismo es un 65% agua.

 ¿Probamos, Amores?

 Gracias y saludos,
 Natividad Castejón
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