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Crónicas del otro “Macondo” -Historias para ganarle al olvido-
“TIROFIJO”
Cuentos y relatos globales. 13.10.19 
*Historia de un burro que se creía caballo, pero rebuznaba (Del imaginario costero)
-Escribe; el Hijo de ATALA-  Este “Tirofijo”, nada tiene que ver con un famoso guerrillero que existiera en cierto país y que con este apodo, hasta sus últimos días de la vida, con el pesar de sus muchos enemigos, con el pesar de los miembros del ejército, de la policía y de las autoridades, que no lograron matarlo ni capturarlo, como todo el mundo esperaba, murió de viejo en la selva atacado por una implacable diabetes tipo dos y algo prostático. Este otro “Tirofijo” aquí referido, natural de Ponedera, Atlántico, asistido y cuidado desde pollino por Rocha, era, en cambio, un burro al que su dueño nunca pudo vender, volviéndose así el cuadrúpedo una tradición de familia de suerte fatalista en el “mercado bursátil” donde se negocian toda suerte de animales domésticos y no tuvo allí, jamás, un comprador que se fijara en él…
“El Niño Adbe”, sabio en estos menesteres, mediando en el caso, le sugirió a Rocha le cambiara el nombre al burro. A su parecer este le daba mala fama y prevención, aduciéndole que quizás por esto no lo vendía y que le pusiera otro; pero existía la desventaja de que como “Tirofijo” era ampliamente conocido por su estampa en los catálogos de venta asnal distribuidos por los municipios de Suan, Palmar de Varela, Santo Tomás, Sabanalarga y Campo de la Cruz, el rebautizado fuese reconocido y, así, una vez más, su venta resultaría fallida.
“Tirofijo” tenía un paso corto, su color era bayo; su cabeza le daba un suave aire de burro-caballo, de aceptable alzada, manso si lo montaban las mujeres y pendenciero o mordedor, en algunos casos, si lo montaban los niños y los hombres excepto su amo. Ya tenía cinco años.

“Tirofijo” poseía a su favor, conocerse todos los caminos de la región y como si fuera una persona, diciéndole:

-“Tirofijo”, llévale a “Pello Nalgón” esta carga en Sabanalarga”, él, entendiendo perfectamente la recomendación, directo la llevaba sin hacer caso de burras que encontraba en el camino porque obligación es obligación. Esto debió ser suficiente atributo para que “Tirofijo” resultara vendido si su dueño lo proponía; pero acontecía que “Tirofijo”, a veces, amanecía con flojera y nadie lo obligaba a ir a parte alguna; en otras le daban ataques de nostalgia y, tal vez recordando su “niñez”, lloraba con lágrimas de burro que pedía lo llevaran al psicólogo. Tenía actos desagradables. Por encima de la autoridad de quien lo montaba, esquizofrénico e incontrolable, daba de patadas a bicicletas y motocicletas que encontrara en la calle. “Las cree burros motorizados y por eso lo hace”- le dijo “el Niño Adbe”, en su sabiduría a Rocha quien, otra vez, le consultó preocupado…En diferentes ocasiones, y como si lo hiciera a propósito, en lugar de caminar acompasado, trotaba con desagrado y chocaba con las piedras de la vía o, inesperadamente corcoveaba y salía en veloz carrera como un rayo tumbando en la trayectoria a su jinete. “Se cree caballo cerrero, y por eso lo hace”- le dijo otra vez “el Niño Adbe” a Rocha quien también por esto lo inquirió intranquilo.

La familia de Rocha, conocedora de los altos y bajos de “Tirofijo”, no contradecía a este en el intento de vender su burro insociable y le dejaba sin dar ninguna opinión; en tanto la mala fama del asno ampliamente se extendía declarado como burro flojo, mordedor, trotón y pateador…

Alguna vez Rocha soltó y dejó libre por los montes sin dueños a “Tirofijo” para deshacerse de él; pero nadie cometió el error de robárselo, volviendo este jadeante a su casa luego de dos meses de vacaciones. El suceso no pasó inadvertido…!Volvió “Tirofijo”¡ …!Volvió “Tirofijo”¡ …!Volvió “Tirofijo”¡ Se escuchaba por toda Ponedera.

Tres semanas después corrió la noticia de que ahora “Tirofijo” sí sería vendido y que lo compraría un rico aparecido en el pueblo para que tirara de una carreta en que, por las tardes, daría un paseo por el prado a sus pequeños hijos. El hecho, entre amigos y conocidos de Rocha, estalló en generosas felicitaciones a su propietario; pero a éste la propuesta le dio un ataque emocional y retiro la proposición.

-Tonto, pedio la oportunidad de quitárselo de encima- decía la gente.

Y esa vez, “Tirofijo”, atónito miró a su dueño con ojos de amoroso hijo.

-Fue un tonto- continuaba diciendo la gente.

Malévolo González – malo cual su nombre- aparece ahora en el relato porque en sus andares en contra vía de policías y juzgados, enterado de que Rocha no había podido en años vender a “Tirofijo”, previendo ahora su venta y su ganancia con comisión incluida en el convenio, visitó al dueño del animal y le dice que en el zoológico de Barranquilla, compran burros para alimento de tigres y leones…Y Rocha, furibundo, al oír aquello, con un…!Estás loco¡ ¡Fuera de mi casa! A empujones y patadas lo echó a la calle.

Y esa otra vez, “Tirofijo”, atónito miró a su dueño con ojos de amoroso hijo.

Fue, en cambio, un poco más humana la oferta que a Rocha le llevara su amigo “el Churre”.

-“Los miembros del Country Club, en Barranquilla, excéntricos como siempre son, están comprando burros para ocuparlos en reemplazo de los carritos de golf y así llevar en estos sus palos y bolas. Tú verás si hacemos negocio- le dijo.

.Intentemos- le respondió Rocha.

…Y “Tirofijo” fue puesto a prueba. Hasta aquí todo iba bien; pero un domingo el burro no pasó del sexto hoyo. El animal, sacando lo suyo, se resistió a seguir la larga caminata y con más pena que con gloria, lo devolvieron.

Las vueltas y las revueltas de amigos y considerados, queriendo ayudar a Rocha para que vendiera a “Tirofijo” no paraban y en esta oportunidad fue “Martín Yuca Asá” quien le dijo:

-Están comprando burros en Cartagena para que los viejitos y viejitas de la tercera edad den paseos en ellos por la zona turística. Aprovecha. Yo tengo el contacto con un señor de Hibácharo. Ejercítalo con los viejos de aquí, de Ponedera, y si no tumba a ninguno, lo vendemos- fue lo concertado.

No hubo necesidad de hacerlo. Dos días después, en los primeros ensayos, “Tirofijo” se acordó de sus mañanas y dejó en silla de rueda por un mes al viejo Eulogio quien, de vainas quedó vivo para referir el acontecimiento…

-Tiene el diablo adentro- le advirtió Mateo Higgins- no sería malo que el padre Hernández te lo bendiga.

-Déjalo pasar hambre por cinco días pa’ que veas como se te amansa- le aconsejó Abelino Padilla.

-Te lo cambio por dos cerdos- le sugirió Sixto Alba; pero no obtuvo respuesta.

Lo último que se supo de “Tirofijo” fue que le cogió ojeriza a los pavos que Rocha tenía en el patio de su casa y que una tarde, de una patada, le mató uno.

…Pero he aquí que, de pronto las páginas sociales del periódico “El Bocón” anunciaron en Ponedera el matrimonio de Berta Caldera con “ el Negro de Olga Lugo”. Berta era viuda de tres maridos, tenía seis hijos, dos de cada uno de los ahora difuntos, frisaba en los 45 y “el Negro”, con un : “Todavía está buena. Todavía aguanta”, siendo soltero, la enamoró.

-No me viene mal un marido a mi edad. Tengo seis (se refería a sus hijos), él lo sabe y ya verá- contestaba ella al preguntársele.

“El Negro”, no era rico. Trabajaba en el campo y, a fuerza de sudor y tirando machete, tenía lo suyo.

En la puerta del establo, Rocha, mirando a “Tirofijo”, pensaba en algo, pero antes de decidir qué hacer, consideró prudente ir donde “ el Niño Adbe” y hablar con él. Sus consejos eran sapientes.

…Y llegó la boda. Adornado con sus flores favoritas, las de cayena, con claveles y clavellinas, “Tirofijo”, bañado con olorosa y abundante agua de canela y clavito, para que no oliera a burro, y asegurándole con fuertes amarres en el sillón una caja de bombones, Rocha alistó a su animal y le dijo en idioma de burro:

-“Tirofijo”, te vas directo a la casa de “el Negro de Olga Lugo”. Él se casa hoy con Berta Caldera y dile que no puedo ir al matrimonio porque estoy tomando pastillas y no puedo beber ron, pero que en reemplazo mío y de mi mujer, por habernos nombrado sus padrinos, ahí te mando yo”.

El animal asintió con su cabeza y Rocha, atándole una tarjeta en una de sus orejas, dándole una palmada en el anca, lo mandó a la fiesta.

Al día siguiente “El Bocón” publicó la noticia seguida con una foto y un artículo en primera página que a manera de titular decía: “Burro asiste a un matrimonio”.

Ante el sonado suceso, “el Niño Adbe”, creador de la oculta idea, visita temprano a Rocha y le dice:

-No te lo dije. Un obsequio de bodas, por malo o bueno que sea, no lo desprecia nadie.

-Reconozco su ingenio- le respondió Rocha estrechándole la mano al viejo.

…Y es así como ahora, por fin, con sus mañanas y sus resabios, “Tirofijo” tiene nuevo daño…
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De la vida real, ocurrió en Ponedera un mayo de 2004. Los nombres de los personajes fueron cambiados por reserva del sumario.
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