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Crónicas del  otro  “Macondo” -Historias  para  ganarle  al  pasado-
INTIMIDADES  DE  OCTUBRE
Cuentos y relatos globales. 06.10.19 
*En  octubre, antes de morir, cada  hoja  es  una  flor…
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- De los  octubres  de antes,  me  gustaba lo  que  yo  llamo la  voz callada de la  lluvia. Esto  lo saben muy  bien los  campesinos que, amparados en algún  rancho  del  monte,  bajando  la  cabeza,  callados  y  respetuosos,  sienten a  dios  presente en  el  chorro de  las  canales que  se  convierten en  sustentadores de  su fe.
A Eduardo  Caballero  Calderón le  leí  alguna  vez,  refiriéndose a  octubre,  algo que  decía: “Octubre  llora con  el  corazón”…Y  en mi  pueblo lo  vi  llorar a través  de  las  ventanas de  mi  casa,  y  en  las  ventanas de  otras  casas empañando sus  vidrios…Y,  entonces concibo lo  que dijo Caballero  Calderón: octubre lloraba a  raudales sobre  los  tejados con  lágrimas que  quieren  volverse  mar…o rompiendo el  tiesto  de  barro donde mi  madre sembró  su  última mata ornamental pidiéndole la sembrara en  la  blanda  tierra…

Yo  creo que el  decir: “el cielo se  junta con la  tierra”, nació  en octubre que  lo  lavaba  todo…por  lo  que también oía  decir a mi  abuelo: “Llovió tanto  en  octubre que los  cerdos se  limpiaron”…
En  el  campo,  para  mí, era una  gloria ver llover en  octubre arrimado al  cobijo de  un  árbol que, como  una esponja  quería  beberse  a  octubre y  que  sacudiéndose cual  gallo  de  pelea,  al  paso  de  una suave  brisa, me  acariciaba  con agua porque  octubre tenía  sus  gracias  y  quería   quedarse en  las  hojas de  las  ceibas y  enredarse en  “las  balsaminas” que escoltaban el  camino  real.

En  octubre no  llovía con  la estridencia de  otros  meses, llovía con un susurro que  silbaba bajito. Tenía su  canto; cantos  de  ranas,  cantos  de sapos, canto de  grillos y  de  chicharras a reventar. A veces, octubre se  venía con  un  solo trueno fuerte para  lanzar su grito de  combate entre  las  nubes que  se  unían volviéndose un manto gris convocando  goleros en  un mismo  árbol, y  vacas a encogerse y  erizarse bajo  los matarratones y  guásimos…Así  era  octubre,  el  del  chapoteo de  los cascos de  los  burros en  las pesetas de los arroyos,  el  de  los jagüeyes rebosantes a punto  de  irse,  el  del  pie descalzo porque se  rompió la  abarca atollada en el  barro…Octubre, el  de los  pájaros  bañándose al  roce de sus  alas con las altas y  húmedas  hierbas;  octubre vuelto  calor en  el  vaho caliente de las  vacas que  uno  ordeña; octubre que es otro octubre en  los caminos subterráneos de las  lombrices de tierra aflorando para, afuera,  bailar en  el baile de la  lluvia de  octubre…Octubre era  el  niño  que  corría  para  no  mojarse o  que se  bañaba desnudo bajo  los  chorros de  las  canales y  así  experimentar cómo   era  morirse   de  frío  pero  quedando  vivo…

Yo   creo  que  cuando Dios dijo: “Créense  las plantas y  las  hierbas y  toda planta   que  de  sombra  y  fruto”…fue  en  octubre,  octubre  que  todo  lo  germina,  que  hace  más  verde el  verde espejo luminoso de los  árboles…Octubre   en  su  grosería de  hacer  chorrear la  tinta de  mi  bolígrafos de escuela en  el  bolsillo  de  mi  camisa…

De  noche, oí  llover en  octubre cuando en  octubre  llovía y  el  techo de  mi  casa  viva se  quejaba en  su  madera  y  por  los  calados,  la luz de un  relámpago sesgaba las  sombras de  las  cosas…Yo  no  supe  ser  poeta para  decir  cuánto  me  gustaba octubre vacilante en  la  enramada  del  patio donde  mi  madre,  para  cubrirse  del  sol,  hacía sus  oficios y  cantaba en  el  aroma del  lavaplatos…

Yo  sí  supe ver lo  que era llover en  octubre, olía  a ropa húmeda y  “averaguada”, a zapatos de  cuero insecables… Octubre el  de los  paraguas multicolores en  las calles; octubre de aldea haciendo más blanda la  tierra de la  siembra; octubre en el  gozo de  una sinfonía de sapos; octubre en  el baile aéreo de “caballitos del  diablo”…Pero  se  acabaron  las  lluvias de  aquellos octubres descubridores de la  gota de  la casa  ajena y,  entonces, imagino  que todavía  gotean los  árboles  del camino  real…Octubres lejanos de  campesinos que  con  un profundo ¡Arre burro! Ayudados  por  Dios,  atravesaban sinuosas corrientes de arroyos que, descuajando  barrancos y  orillas,  querían tragarse los  montes…Octubre  transformado en hielo permaneciendo en mi  mano  un  instante y  deslizándose  por  mis  dedos en  el  milagro misterioso  de  ser  agua y  granizo,  y  otra vez, granizo y  agua…   Octubre,  el  silencioso octubre  de  Bartolo en  camisilla,  y en  la tibiez de su  casa, borrando crucigramas ya  llenos para  volverlos  a llenar pasando  un  tinto y  fumando  un  “Pielroja”  y  así  espantar  soledades… Y siendo  así, diré como “enantes” decía  mi  abuelo: “Mijo,  así  es  octubre… tu  verás  si  te  mojas o  te  bañas”---
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