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El apego emocional
Natividad Castejon Valero. 12.09.19 
¿Alguna vez has sentido que se te desgarraba el Alma al pensar en distanciarte de una persona?
¿Se te ha encogido el corazón sólo de imaginar la posibilidad de tener que despedirte de alguien o algo?
Entonces, ten por seguro que te encuentras ante una situación de Apego Emocional.
Se puede estar con otra persona y sentir hacia ella cariño, amistad, Amor, admiración, respeto, compasión... todos estos sentimientos son válidos. Pero la lástima y el apego no conducen a nada.
Cuando se tiene apego hacia una persona, lo normal es que esa persona se sienta como aprisionada o sin capacidad para tomar sus propias decisiones. A lo mejor querría salir huyendo y cambiar de vida, pero sabe que entonces le haría mucho daño a la persona apegada, con lo cual, se reprime. Y lo sabe, porque ya lo ha intentado más de una vez, sin éxito.
Los apegos suelen tener diferentes orígenes, pero algunos de los más comunes, y que me encuentro a menudo en mi consulta, son los siguientes:

* Sensación de abandono: tenemos la sensación de que si esa otra persona nos "soltara de la mano", nos perderíamos

* Inseguridad: creemos que si esa persona se marchara, nunca aparecería otra que pudiera ocupar su lugar, porque no nos sentimos merecedores de ello

* Pacto ancestral: tiene que ver con promesas hechas en vidas anteriores.

Estoy refiriéndome a la reencarnación, así que si eres de ese tipo de personas que no cree en estas cosas, ya puedes dejar de leer. Tienes mi permiso y mis bendiciones, porque a partir de ahora pienso ahondar en este último punto.

La sensación de abandono, y la falta de seguridad en nosotros mismos, son muy típicas y conocidas; pero los pactos ancestrales, son otra cosa.

Voy a poner un ejemplo que suelo comentar en mis charlas, y con el que se verá mucho más claro.
Verás...

Cuando hacemos una promesa de Amor ante un lugar sagrado (tipo altar), y un colega al que hemos apoderado (tipo sacerdote) dice aquello de "hasta que la muerte los separe", eso para el Alma es un pacto eterno.

Porque para el Alma, el tiempo no existe, y la muerte, menos.

Eso significa que, dado que siempre nos reencarnamos por grupos (el que en una vida era tu padre, en otra es tu hermana, y en la siguiente es tu nieto), te volverás a encontrar con esa Alma que decidiste hacer tu cónyuge. Y cuando la encuentres, sentirás una necesidad irrefrenable de cumplir con la promesa que le hiciste veinte vidas atrás.

Esto no supone un gran problema cuando en esta vida pasas por un momento de vacío emocional o soledad, pero... ¿qué ocurre cuando en esta vida ya le has prometido ese Amor eterno a otra persona? Pues que el problema está servido.

Tu Alma se debate entre cumplir una promesa ancestral o la promesa actual.

Aunque pueda parecer una barbaridad, ocurre con más frecuencia de la que nos imaginamos. Muchas veces no entendemos cómo una persona que estaba felizmente casada, con hijos, y una estabilidad emocional envidiable, de repente pierde la cabeza y la cordura al conocer a otra; hasta el punto de tirarlo todo por la borda, y destrozar las vidas de los que quedaron atrás.

Pues la respuesta es esta.
Su Alma, en una fracción de segundo, le avisó de que tenía una promesa pendiente con esa otra persona a la que acaba de conocer. Y no se puede luchar fácilmente contra lo que nos dicta nuestra Alma, nuestra Esencia.

También puede ocurrir que esa persona a la que le prometiste Amor eterno veinte vidas atrás, hoy no aparezca como tu cónyuge, sino como tu hijo. ¿Quién no conoce a un padre o madre apegado a alguno de sus hijos? ¿O a un hijo o hija apegada a alguno de sus padres?

Lo ideal sería no ir por ahí haciendo promesas de Amor eterno indiscriminadamente, pero creo que llego un poco tarde con el aviso. Y en cualquier caso, es normal sentirnos tan seguros de nuestros sentimientos como para llegar a esa promesa y "atarnos" a un ser de por vida.

Además de la figura de la promesa, también existen el pacto, la maldición, el voto, el juramento y el mandato.
Y todos ellos generan una atadura con otra Alma.

Cuando uno jura venganza en una vida y no puede cumplirla, pasa a la siguiente vida en la que se encuentre con esa otra Alma. Por lo tanto, también se siente un tipo de apego hacia esta persona, pero en lugar de Amor, el lazo que les une es el odio, que es aún peor...

El miedo a la soledad es muy dañino, creo que ya lo he explicado en alguna ocasión. Éste te obliga a apegarte a cualquier persona que esté relativamente a mano.

A veces, incluso, podemos llegar a imaginarnos encuentros románticos o peticiones de mano con esa otra persona, que nunca llegaron a existir, pero que internamente necesitamos que sean ciertas, para combatir ese miedo.

Otro vínculo que nos puede estar afectando, son los votos de pobreza, obediencia y castidad, hechos en otra vida hacia la Santa Madre Iglesia. Esos votos siguen vigentes por los siglos de los siglos, Amén

Si descubres que en esta vida no tienes fortuna buscando pareja... o que curres lo que curres nunca sales de pobre... o que cuando alguien te pide algo no te puedes negar... es muy probable que arrastres estos votos de una (o varias) vidas anteriores, pues pasa exactamente lo mismo: generan ataduras.

Todos estos lazos (tanto los buenos como los malos) deberían desaparecer. Tendríamos que poder cortar con todos ellos, ya que si nuestra pareja decide estar a nuestro lado, debería ser por que de verdad lo desee, y no por cumplir con una promesa ancestral.

En resumen... que cuando nos damos cuenta de que lo único que nos ata a otra persona es el apego emocional, y que esa atadura nos hace más mal que bien, lo suyo es hacer un ejercicio de corte de lazos, y de repente nos sentiremos con la libertad necesaria para tomar nuestras propias decisiones.

Ah, y otro dato: también nos podemos apegar a objetos inertes dándoles un valor o una personalidad que ciertamente no poseen, por el mero hecho de que ya los tuvimos en otra vida (p.e. decoración de la casa), o por todo lo contrario, escasez de ello (p.e. juguetes).

Si descubres que alguno de estos problemas te representa, la buena noticia es que tiene solución.

Gracias y saludos,
Natividad Castejón
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