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Carta a Atala, mi Madre Muerta
Cuentos y relatos globales. 26.05.19 
"Una madre es una persona que al ver que solo quedan cuatro trozos de torta de chocolate habiendo cinco personas, es la primera en decir que nunca le ha gustado el chocolate".
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Atala, cuánto tiempo hacía que no te escribía. Mucho, es que, el correo de la tierra al cielo creo que no funciona; claro, es una manera de disculparme…Y aunque no sé si esta carta llegará a tus manos, no importa; sentí la necesidad de hacerlo y me senté frente a la computadora para ver si encuentro en ella el mejor vocablo posible conque escribirte hoy Día de las Madres y, cuando con lágrimas en los ojos, borrosas veo las letras para escribir la palabra MADRE… ¿Qué te cuento?...Que ya tengo dolencias en el cuerpo: cosas y achaques de los humanos… Pero más me duele el alma desde la vez que aquel 25 de noviembre te vi por última vez. Y para ese dolor no hay calma…
Me resulta imborrable la imagen de tu féretro bajando a la tierra para volverte tierra, lugar de donde somos…Y allí te dejamos más dormidita que nunca. Tú que eras tan madrugadora. Tú con la ternura de tu café tempranero y con esa mano milagrosa con que, tocando mi frente me decías: “Amaneciste con fiebre hoy, pero ahorita, con lo que te voy a dar a beber, se te pasa”… Y ocultabas tu rostro de aflicción para que yo no me diera cuenta…Y frotabas mi pecho con ungüento y era la dulzura de tu amor la que me curaba y me hacía dormir y me quitaba la tos… ¿Te acuerdas?

Qué milagrosa eras mamá. Hacías pan de la nada. Yo me iba a veces para la escuela sin saber con qué almuerzo me esperabas…y a mi regreso: “Mijo. Te hice arroz y huevos…eso es lo que hay”… Y de mi parte había hambre…Y creo que oculta te ponías a llorar porque, en casa, no siempre las cosas iban bien. Y si llegaba Galo el de Conchita a buscarme para salir a jugar, no sé cómo pero también le dabas…Desde entonces me enseñaste a ser solidario y magnánimo con los demás…Cómo te quiso el barrio por ser así…

…¿Quieres saber qué pasó con las herencias del abuelo?...Nada. Eso acabó. Y en cambio heredamos de tu pobreza el amor que nos dabas…que nunca fue poco. Heredamos de ti lo bueno…que nos sobra…Lo malo lo aprende uno mismo… Imágenes, imágenes y retratos tuyos me son inalterables y permanentes: “Te traje ropita… Una camisita que te regaló tu tía Julia. Era de Henancito y ya no le queda”. Y yo que salía bien vestidito a la calle con los mismos zapato pero limpios y felices como yo… Sí, porque los zapatos también se ponen felices si uno lo está y los pasea aunque ya estén viejos…A ellos les gusta…

Me acuerdo de tu radio novelero colocado en la mesa del corredor y sintonizado en Emisoras Riomar…Un lujo de la PHILIPS de ese entonces. Valía lo que una novilla preñada…y con él vivías el drama humano de “El derecho de nacer; de “Tormenta de pasiones”; de “Bodas de odio” de “Orgullo de mujer; de “Corazón salvaje”… Y todo aquello era para mí como ver con la mente lo que escuchaba... Y el agrado de tu voz cuando cantabas “Amor perdido /Si como dicen/Es cierto que vives dichoso sin mi/Vive dichoso/Quizá otros labios te den la fortuna/Que yo no te di"/… y dándome un beso, olvidabas mi última travesura…

Aquella negra mañana de tu mal, una llamada telefónica de mi hermana Carmen diciéndome: “Vente ya. Mi mamá está mal”… Me hizo doler el pecho. Algo ahogó mi voz; algo me avisó tu muerte. Algo se desgarró dentro de mí. Cerré los ojos y lloré…Lloraba mi alma. Y le pedí a la Virgen me permitiera llegar para verte. Y ella me hizo el favor de verte morir y sentí que contigo moría yo también…Y que te llevas algo de mí…

Siempre nos decías que morirías del corazón…Y yo que te decía que el corazón no se enferma…Y no fue del corazón que murieras… Moriste de un segundo ataque de isquemia; es decir, falleciste del cerebro, de tanto pensar en tus hijos…Y tampoco fue de Alzheimer porque siempre nos conociste sin perder la memoria y tenías un regaño para mí porque hacía dos días no te veía…

Madre te siento cada día, cada noche, en todo lugar cuidando de mi orfandad. Regocíjate. Moriste rodeada de los tuyos y no en la cárcel triste de un ancianato. Eso nunca lo pensamos ni fuimos capaces de hacerlo porque era indigno para nosotros y porque siempre habitaste en nuestros corazones y eras nuestro universo…

Disculpa, mamá, me asomé una sola vez a tu ataúd. No quería hacerlo. Te vi tan linda. Con ese rostro de paz con que se van los esperados por Dios… Con ese vestido que te regalara mi tía Ofelia y que en secreto guardaste para la última vez. Te llevaste el descanso de todos tus dolores y como si estuvieras llena de vida, hermosa, con una leve sonrisa de adiós…Ahora soy huérfano. Tengo seis años de serlo. Seis años largos sin ti, la cantora en voz baja de “Bésame/ Bésame mucho/Como si fuera esta noche la última vez/”…

De nuevo, afloran a mis ojos las lágrimas. No encuentro más palabras… Hoy, sin ti, estoy más triste que nunca… Me duele un pie. Es que ya tengo dolencias del cuerpo, cosas y achaques de los humanos… Pero más me duele el alma desde la vez que aquel 25 de noviembre te vi por última vez. Y para ese dolor no hay calma…

Algún día estaremos juntos, mamá, y sé que sobarás el pie que me duele...

Besos, Walter…
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