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Crómicas del otro “Macondo”-Historias para ganarle al olvido-
“El Mono de Atala”. “LA NIÑA MERCE” UN DIA…

Cuentos y relatos globales. 21.04.19 
*No  sabemos  si  los  males  del  mundo  tienen  remedio  hasta  no  ir  a  la  botica así  sea por “Dioxogen”, Mercurio Cromo” “Violeta de Genciana” y  “Merthiolate”…
Escribe Walter E. Pimienta Jiménez.- Preocupada porque el pueblo carecía de una botica, “la Niña Merce” un día, después de leerse de “pe a pa” durante mes y medio, y una por una, las 1.178 hojas de la trigésima quinta edición del “Formulario Práctico de Terapéutica y de Farmacología que escribieran en 1916 los doctores españoles M. Loeper y Ch. Michel, impresa por la “Editorial Bailly-Barlliere, S.A., documentado vademécum que adquiriera en viaje especial que hiciera a la ciudad de Cartagena, y con el cual aprendió a recetar y a preparar medicamentos oficiales y magistrales que los médicos locales, Arango y Torrenegra, formulaban a sus pacientes, y luego de comprar toda una suerte de medicamentos, mixturas, implementos, amén de vitrinas, mostradores, frascos y una pequeña y llamativa balanza de platillos con sus pesas por gramos , con certificado de negocio ajustado a la Ley del Timbre Oficial, en su casa de la Calle Grande, con bombos y platillos instaló e inauguró su farmacia: “La Farmacia de la Niña Merce”.

No había en el pueblo en aquella época, algo tan distintivo, después de la alcaldía de la iglesia, que la botica de “la Niña Merce”, especie de templo de la salud donde la buena mujer, por más de 40 años, vendió a la comunidad frescas medicinas de marca a enfermos e inválidos que, asistiendo allí, dada la necesidad y el buen corazón de ella, hicieron del sitio algo así como una callada beneficencia municipal, pues fue también magnánima señora que dio a su oficio visibles rasgos de humildad cristiana…

De “la Niña Merce”, se admiraba su gran memoria para recordar con exactitud fármacos de raro nombre con su indicada posología; a ello debió el éxito de su negocio con una alta clientela que, a su botica, hasta en burro llegaba en busca de la cura segura para “el mal de amor” y del “santo remedio” para la flojera sin dejar de recriminar a quienes descuidaban su salud así como, en otras, con proverbiales y condescendientes palabras, decía al enfermo:
-Tómate estas pastillas con fe. Son como la mano de Dios. Seguro te mejorarás. Esto cura hasta las penas del corazón”.

En los tiempos de los malos días, “la Niña Merce” conoció el poder de la muerte igual que también vio el milagro de Dios haciendo regresar a la vida a enfermos que pactaban, a partir de entonces con El Creador, compromisos de enmienda y otro mejor destino.

…Y así, atiborrada de frascos bocones, en una pieza contigua de su aposento, entusiasmada con la sana idea, “la Niña Merce”, en asocio con las recomendaciones de los mencionados galenos, confiada en “maravillosas” drogas y específicos, luchó contra el asma, contra la anemia, contra la eclampsia, contra la escarlatina, la tiña, las hemorroides, el herpes tonsurante del párpado, los vértigos, la paranoia aguda, el saturnismo o melancolía, las otalgias o dolores de oído, la sinusitis, la conjuntivitis, la jaqueca, la queratitis o lagrimeo de los ojos, el acné, el salpullido, los incordios o furúnculos nacidos en mala parte, los piojos escolares estudiando en la escuela primaria, la urticaria, las paperas, la viruela, la angina de pecho, la bronquitis, la disentería, los dolores de costado, la epilepsia, la fiebre de malta, el tifo negro, la hemofilia, los dolores de potra, los orzuelos, la rinitis aguda, los parásitos intestinales, la sífilis vergonzosa, el chancro duro y blando, la gonorrea de la mala vida y “las siete plagas de Egipto” en pacientes a los que nunca dejó de expresas sus votos de pronta recuperación; así como también, echando mano a veces de la balsamina, curó amebas; al tiempo que aconsejaba el árnica para los golpes y la toma de “Curarina Salas Nieto” para las mordeduras de animales ponzoñosos y las hojas del guandú y del níspero hervidas, para los cólicos misereres y el anamú para el cáncer y las úlceras intestinales…Y como tampoco fue sorda a los lamentos de quienes sufrían fracturas de huesos y luxaciones, a estos vendió el milagroso “Bálsamo de Tigre”…Y consoló nacidos y abscesos que se reventaron a punta de “Numotizine”…

…Y así, “la Niña Merce”, tal que si hubiese inventariado los remedios con los cuales darle batalla a cada enfermedad, por los años de su historia, con el “Jarabe Fuentes” y el “Baltisicol Compuesto”, conjuró el enfisema pulmonar, sin permitir tampoco escape posible a las imparables diarreas con pastillas de “Lomotil” y hacer expulsar en los niños y adultos lombrices de tres cabezas con la “ terapéutica clínica” del inequívoco “Enterobioformo”, el “Sulfatiasol”, la “Sulfadiazina”, el endiablado e inhumano “Remedio de Angelito” o el “Aceite de Ricino” ingerido a la fuerza y en ayunas, sugerido por ella “sin padrinos”, haciéndonos andar el doloroso calvario de las purgas entre sudores fríos de agonía en las letrinas…y mereciendo igual mención, “si era que uno quedaba vivo”, la catártica actuación punible de laxantes indefectibles como el “Limolax” y el “inolvidable Caramel” de efecto detonante, destapador y explosivo…

Subordinada toda afección y dolencia, “la Niña Merce”, resguardada en la eficacia de “sus panaceas curalotodos” de su surtida botica, igualmente las efectivas “Píldoras de la Vida” del doctor Rosas y la infaltable “Emulsión de Scott” prescribió a modo de generosos reconstituyentes; en tanto la “ Sal de Frutas Lúa”, la “sal de Glouber” y la “Sal de Epsom”, con voz de buena madre recomendó para el dolor de barriga y el estreñimiento… mientras la “Cafiaspirina”, cual la reina de su formulario, igual que lo hace una abuela, indicaba para los “dolores del corazón! (¿?)…Pero sería el “Mejoral” que ella vendía, soberano remedio pata todo en razón a lo que de él decía esta su musical y radial propaganda: “Mejoral, Mejoral, es mejor y quita el mal”…

“La Niña Merce”, en un letrero digno de fe, promocionaba también la “O K Gómez Plata” contra el dolor de miela y de “diente picao”…Y, además, a los hongos, a los gonococos y pruritos vaginales enfrentó con “Sanilyx” e hicieron parte del patrimonio saludable de su empresa, “Triacas” y vigorizantes como el “Vino Sansón”, el “Regulador Gestoral” y la “Kola Granulada del Tarrito Rojo” y su “Concreto” para la gripa sin olvidar tampoco el “Ungüento Blanco y Negro”, gloria de los abuelos para bajar la hinchazón, y el “Vermífugo Tiro Seguro” que algunos daban en llamar “Tirofijo”; las “Pastillas Antibobera”, el eficaz “Purgante Ruján”; el “jarabe de la Señora Winslow”; el “Salvaniños Román”; las Gotas de Adormidera”; las “Gotas de Ajenjo” y la “Manteca de Caco” para los labios pelaos… Y así la gente de aquel tiempo, como creyente en Dios por encima de todas las cosas, igual creían en “la Niña Merce lo mismo que en el “Sulfato de Quina” con que curaban las intermitentes locuras…Mas no para todo aquí porque, con carácter de “remedios secretos”, para “las enfermedades de la mala vida” y las aventuras prohibidas, bajo la gravedad del juramento y la reserva, suministró generosa penicilina al 100%

…Es cierto que con el paso inexorable del tiempo, todo acaba, mas sin embargo de la proeza algo queda, queda esta crónica que, contra la omisión del olvido, corriendo el velo de la memoria, evoca en presente a “la Niña Merce” empeñada en luchar en forma furibunda contra la muerte y los imprevistos…Mujer de coraje y de estirpe a quien media humanidad quedó debiendo la medalla de lo humanitario y solidario, toda vez que hasta “contra el mal de soledad”, el desmejorado y sufrido pueblo en su negocio encontró… de todo como en botica…

Walter E. Pimienta Jiménez

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