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Día escolar de la no violencia y la paz. (año 2019) | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 26.01.19 | |  Querido Día 30 de enero del 2019: Esperamos que al recibo de esta te encuentres bien, o sea, como nuevo. Nosotros seguimos por aquí con muchas dificultades y sin querer dar crédito al asunto del correr del tiempo, que siempre nos coge la delantera. Como este año sabemos que llegarás a tu debido tiempo, queremos no pasar por impuntuales; sin embargo queremos puntualizarte algunas cosas. Sabemos que eres diligente y siempre nos llevas un poco a rastras. Sabemos que lo tuyo no es la violencia, pero nos sentimos violentados por la violencia que algunos se toman incluso, sobre todo, con quienes comparten su vida, arrebatándoles un trozo, nada despreciable, que les pertenecía. Un amigo nuestro, maestro de Segundo de Primaria nos contó que en su
clase, en 1984, haciendo textos libres con sus chicos y chicas, se
ponían a corregir colectivamente los textos de creación literaria (ya
que así suena muy bien) de sus compañeras y compañeros. Un día, para
que sonara mejor, como siempre, se pusieron a corregir un texto que
entrañaba cierta dificultad. Como el maestro no quería solucionarles el
problema, hicieron foro. La parte del texto, que necesitaban corregir,
venía a decir más o menos así: “El lobito era muy bueno y volcaba los
cacharros de beber”. Ante esta frase, que no estaba bien construida del
todo, se pusieron todos a pensar la manera de arreglarla. Para ello,
nuestro amigo propuso que los niños y niñas (34 en total) pensaran
frases que tuvieran la misma estructura, es decir, dos oraciones unidas
con la conjunción copulativa “y”. | Fueron saliendo frases de todos los colores, perdón, de todos los sentidos posibles, porque sabemos que en estas construcciones infantiles siempre la cópula es muy polivalente o si queremos muy polisémica. Unas veces la conjunción copulativa tiene valor de suma, de complemento, pero también de compañía, de desprecio, de ironía, de sorpresa, de reticencia. No faltan tampoco los valores adversativos o los concesivos... También se dan las repeticiones de la cópula materializando una polisíndeton; no obstante lo que interesa es el trabajo en común de cada día y no una efeméride. Como el tema es dar una tarea a la mente del personal, el maestro propuso que fueran levantando la mano para decir frases con “y”. Así iban saliendo cantidad de frases, que siempre el maestro, para mayor rapidez, iba escribiendo en la pizarra. Todas las frases que tenían, por así decirlo, el espíritu o el valor del modelo que se había tomado para corregir, esas no se borraban, para poder descubrir el verdadero sentido de la frase a corregir y dar con la palabra que tenía que ponerse en lugar de la “y” de la frase propuesta. Como añadido, para solucionar la dificultad planteada, el maestro introdujo una expresión corporal o psicomotriz, que consistía en patalear (movimiento que hacen los niños, cuando se sienten contrariados), cuando la “y” tenía el mismo valor que en la frase a corregir. Si la frase no tenía ese extraño valor, no había nada que patalear. No se trataba de saltar y gritar y, mucho menos, con ofensas, etiquetas y descalificaciones como las de “Capirote, capirote, fascista o chavista el que no bote”, nada educativo, por supuesto. Con todo este trabajo les dio la hora del recreo y salieron a despejarse para después reanudar el trabajo de investigación, que más que quebrarles la cabeza, les iba tejiendo una red de neuronas lingüísticas nada despreciable. Fue al poco rato de volver del recreo, cuando ya se habían despejado, el momento en que Vicente, que no era nada repelente y sí sencillo y tranquilo, quien dio con la solución: “El lobito era muy bueno, pero volcaba los cacharros de beber”. Todos pudieron escuchar infinidad de frases que podían ir desde la simple de hacer un mandado o de jugar en la calle, así como de creación literaria (ya que así suena muy bien), hasta la de una niña que dijo: “Mi abuelo nos quiere mucho y estuvo en la cárcel” (por motivos políticos). Somos conscientes de que el “Día Escolar de la No Violencia y la Paz” no es un solo día; se fragua en el taller diario, siempre abierto y siempre compartido de un aula, en el que todos tienen derecho de salir no solo más eruditos, sino más cultos con educación, ética y respeto a todos los demás, piensen como piensen. Se trata de una convivencia nada “diferenciada” o “discriminativa” como nos quieren imponer subrepticiamente desde instancias políticas, religiosas o sociales. Salud. josemª |
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