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Autarquía  permanente  revisable
Jose Maria Barrionuevo Gil. 12.01.19 
Hace ya más de cinco años, pudimos leer un artículo sobre el tema de la clase de religión en la escuela. El cardenal Rouco pedía a padres y madres que solicitaran todos los años su preferencia por la Enseñanza Religiosa. El artículo terminaba de la siguiente guisa:  “Cada año es cada año, pero siempre será nuestro mérito reconocernos a pesar de los cambios y no por la foto fija a que nos quieren someter con la muy discutida nueva Ley de Educación, LOMCE, que parece una réplica del antiguo Santiago y cierra España”.
Podemos pensar que el apostol Santiago no vino a España, porque no le dio tiempo a salir de Palestina. Además casi todos los sacerdotes saben de sobra las razones históricas que se aducen para tal afirmación. Sin embargo, eso no quita, si en algún momento los discípulos del Apóstol en su huída trasladaron su cuerpo lo más lejos posible de los territorios, donde la nueva religión era perseguida. Así, no es de extrañar que vinieran hasta un lugar cercano, precisamente, a Finisterre.
Entre las historias contadas, aunque no hayan podido ser contrastadas, Santiago se apareció en un caballo blanco en la batalla de Clavijo, allá por tierras de la Rioja, para ayudar a los ejércitos cristianos a los que les tenía total afecto. Esta mítica intervención del Santo en la batalla, hizo cuerpo en el alma popular y Santiago aumentó su prestigio en la España creciente por su “buen hacer” con  la “Reconquista”. Así se difundió su acreditación y ya, siglos después, la aclamación “Santiago y cierra, España” se convirtió en grito de guerra en batallas como la  de Navas de Tolosa y otras posteriores, que hasta se salían del solar “cerrado”.
    El verbo cerrar se usa hasta en el deporte, sobre todo, en el fútbol, en que cerrar sigue teniendo el origen militar de cerrar filas, para que no entre ni el “Tato”. No sabemos si es por cerrazón, pero todavía nos resuena aquel “Prietas las filas” que cantábamos en nuestra Escuela Graduada, Aneja a la Normal de Magisterio, en los años cincuenta. Había que ser conscientes de esa fuerza que comporta cerrar filas para que no pueda entrar el enemigo. Sin embargo, las contradicciones recorren las tierras de esta España que se cierra como las almejas al primer toque, incluso si no es militar. Hasta Sancho le dijo a don Quijote: “querría que vuestra Merced me dijere cuál es la causa por la que dicen los españoles, cuando quieren dar una batalla, invocando a aquel San Diego Matamoros: ¡Santiago, y cierra España! ¿Está por ventura España abierta de modo que es menester cerrarla o qué ceremonia es esta?”. Pero es más, porque unos cuantos “renglones” antes le había dicho don Quijote a Sancho: “ Has de advertir que no todos los tiempos son unos, ni corren de una misma suerte”
    Rozando los tiempos de la autarquía, durante el franquismo, en que España estuvo ignorada y algo más que ignorada por la ONU, precisamente por su cerrazón y dictadura, la gente lanzaba al aire, con cierta gracia, una modificación del grito guerrero que decía así: “Santiago Bernaéu y cierra España”, por la “devoción” que le tenía al famoso presidente del Real Madrid y por la inercia del pueblo español, muy español y tan español. Es que el que no se consuela es porque no quiere.
    Ahora hemos llegado o nos han traído a los españoles, a rastras de los tiempos míticos, que parecen replicarse como un bucle persistente, insistente y casi impertinente, con su cerrazón incluida, como nos dijera Jesús Ibáñez al referirse a la Historia como “un tiempo cerrado” (Cfr. El regreso del sujeto).
    Ahora, precisamente, que nos íbamos a poner de acuerdo aquí dentro y que nos podíamos  asomar al mundo con una nueva y hasta novedosa transición algo más que modélica, nos vuelve a recordar David Torres un nuevo hito y grito como el de Santiago Abascal y cierra España.
    Ya  nos podemos ir dando por satisfechos, porque nos vamos a liberar de las malas influencias que nos vienen de fuera y nuestra autarquía social, moral y política podrá ser santo y seña para las naciones impías o algo más que pérfidas. El costumbrismo y el casticismo serán las señas de identidad  de este terruño, que solo se ofrece y somete a los devaneos  de la OTAN y del Neoliberalismo puro y duro, que son los que nos sacarán de esta autarquía permanente y revisable. La postración y esclavitud ante los intereses neoliberales foráneos puede no ser nada revisable.

josemª
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