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A los  2  años del fallecimiento de un amigo…
“La  vida es  una charanga”- Romelio, la música y el baile

Cuentos y relatos globales. 21.10.18 
El  capítulo 19 de  la novela testimonial inédita: “El Viejo Rome”,  bacán  de pueblo.
Escribe; Walter  E. Pimienta Jiménez.- “La muerte es el comienzo de la inmortalidad.” (Maximilian Robespierre)
Romelio fue concebido por Dios en tiempo de fiesta y amamantado con “teteros de canto y música”. Hay quienes aseguran que a los cinco años de edad, esto ya bailaba…”La múcura está en el suelo/ mamá no puedo con ella/ Me la llevo a la cabeza y mamá no puedo con ella/…
…Motivo por el cual salió también de avanzado bailarín entregado a todos los ritmos cuando encontraba eficiente y decidida pareja; cuestión que le era escasa dado que muchas se le escondían ante el temor de no salir intactas e indemnes del trance.
Noris Cariaga, “la Mona Odeth y “La Mona Púa”, en tal sentido, fueron quienes menos le escurrieron el bulto tirando con él pases dramáticos, espectaculares por decir lo menos, y se lo gozaron de pie a cabeza en su alegre juventud.

Una noche, sábado por cierto, en “La Piragua”, el salón de baile de José Santos, había jaleo y fui a buscarlo a su casa. Andábamos para arriba y para abajo. Yo ignoraba lo que le había ocurrido.

-No joda, “Viejo Pimie”, no puedo ir. Mírame ese pie. Lo tengo hinchado de un cipote golpe que me di en el monte; así que aquí me tiene de estricto seminarista al ciento por ciento y más puro que el “Café Almendra Tropical” que vende tu tío Ismael…¿Usted cree, “Viejo Pimie”, que yo, su llavería, no quisiera ir?...Estoy como pólvora hermano. Me rayo y exploto detonado en mil pedazos.

Sin contradecirle, acepté su decisión pero algo me decía con incertidumbre y vacilación, que habría corrida y, siendo así, en su cuarto de recuperación, dejé al seminarista de los ojos negros sin vacación, y al laico de la charanga sin sotana.

…Pero ¡Oh sorpresa! ¡Oh admiración! ! ¡Qué asombro! Tres horas después, mientras en nuestra irreflexiva juventud la muchachada del pueblo en “la Piragua”, al son del picó “El Gran Che”, del baile hacíamos una teología entregada al goce del espíritu, en cuerpo y alma, vivificado y renovado por el mismo Dios que le concibió, luciendo su pose de actor de cine, luciendo de blanco virtud hasta los pies vestido, asumiendo su investidura de charanguero infernal y mefistofélico, exhibiendo sin dolencia alguna con “la Mona Odeth” sus artes de buen bailador, al son de…/”Me da un doló aquí/ me da un doló allá/ ¡Ay! Pero si veo a la negra bailá/ con timba y tambó y la pollera arremangá/ yo les juro caballero/ que así no me siento na/Timba y tambó/ como dice la gente/ Timba y tambó/ pero ¡Ay! Mira como baila/Timba y tambo/ apretao, apretao que es más sabroso”…Romelio era dichoso tragándose la canción que de alegría le estropeaba el alma y le desvaretaba los huesos pero no su pie luxado haciéndole moverse todo sin encontrar más argumento y explicación que el de cerrarle paso a sus tristezas procurándose su propio contento.

Después, trastornado por la vibración del parlante, removido por dentro y por fuera, Romelio y Noris Cariaga, dieron buena cuenta de…” Oye Azucena linda/ siquiera dame un beso/ tus ojos me enamoran/ tu amor me tiene preso/… La verdad, perdí la cuenta de las vueltas que los dos dieron, creo que fueron algo así como 25.657 y media porque, hasta la esquelética muerte se asomó por allí queriendo bailar con él así le destrozara su fragilidad ósea…

Romelio en el centro del salón, bajo el chorro amarillo de un bombillo, de acuerdo con la ley de Dios y los diez mandamientos de la Santa Madre Iglesia, según él, se iría de amanecida sacando antes del anonimato a otras parejas de bailar desaborido –como decía él- a las que rescató la dignidad de estar vivas haciéndoles pasar por la prueba y el tanteo de sentir el duro bulto desaforado de lo suyo.

-Estoy que me regalo pa’ bailá con la que sea- me dijo- con la reserva restricta de que nada malo pasará a la que quiera medírseme a cambio de volverse famosa, célebre y reconocida. Es más, “Viejo Pimie”, estoy que bailo fiao y sin cartón de Marlboro. Hagan, hagan fila muchachas que para todas hay-

…Y se pavoneaba en el instante en que al sonar esta pieza: ” No sé qué me pasa a mí/ que mala suerte yo tengo/ yo no sé si voy o vengo/ si estoy vivo o me morí/ ni cantando el lelolai/ me quiere a mí la comadre/ por su madre mi compadre/ que yo haré con la comadre/ que yo haré con la comai/que yo haré con la comai/ Ataque compay ataque ataque compay/ Ataque compay ataque/”… sacó a bailar a “la Mona Púa”. Y los dos, llevados por la embriaguez de una música usurpadora y expoleante, juntos cayeron en la misma trampa.

-Te hacía en la clínica- le dije al verlo.

-¿Clínica, “Viejo Pimie? No ve que esta ceremonia sin mí, pierde nota, pierde color, pierde sazone y queda insípida- me contestó.

-Sí, ¿pero, y el pie qué?-le pregunté.

-Ahí lo tengo con un “Severo Hernández”* (el nombre de un ciclista colombiano)…, con un severo dolor, digno de ser sobado por “Orejita Núñez, el sobandero del Junior… pero más puede el vicial que la razón y vengo a darle a todas una lección, una conferencia. Se la merecen.

La música no daba tregua ni aplazamiento, era una máquina, un aparato del maligno… “Esta nota melodiosa/ que suena en este acordeón/ es pa que lleves el son/ de esta charanga sabrosa/ que bonita inspiración/ dicen las muchachas nuevas/ lo mismo dese una vieja / hay que rica sabrosona/ yo con treinta años menos/ Dios mío esto sería otra cosa /como goza medio mundo/ con el ritmo de la costa”… y como efectiva medicina o fármaco, le quitaba a Romelio el dolor que lleva encima y todos los dolores de mala vida como bendición del cielo. Lo cierto fue que, hasta que le dio el trompo y la pirinola, bailó y bailó sin interrupción y radicalizó a fondo su terapia para el pie al son de cuanto sonara y a punta de música, música, música desbordante que otros dejaban inexplotada sin bailar haciendo de mirones y pendejos…”Chumba la candela, maquina landera/ chumba la candela, maquina landera/chumba la candela, maquina landera/chumba la candela, maquina landera/ Oh, oh, oh/ oh /maquino landera/ ay, maquinita landera/ maquina landera/”.

… Y entonces, dando una vuelta, gritó:

-¡De exprimeeeee!

Por primera vez le escuchaba esa expresión. Se refería a la última gota o chupada de su maría…

Desde mis nubes literarias de entonces, en ese momento, “el Viejo Rome” me parecía una irrealidad evidente. Pensé que era un fantasma que bailaba y zapateaba de lo lindo…”El güiro nace en el campo/ y es cosa muy natural/ pero lo que asombra tanto/ es cómo se hace sonar/ y yo, y yo, yo se lo voy a explicar/”… pero no, era él, él con su estilo y bacanería arrabalera, castigando con rigor e intolerancia a otra pareja en tanto a latigazos esto resonaba…”Tienes que escapar amigo/ tienes que escapar muy pronto/ de la máquina de cortar tontos/ Si la mala suerte te escogió con claridad/uno de los tantos que en la maquina caerá/ tú no te preocupes que muy pronto vas a ver/ como desde afuera te direeee/”.....

…Y Romelio, Romelio era la diversión del conglomerado municipal con sus arengas de… ¡Buena, “Viejo Rome”!... ¡Castíguesela!...¡Aflígela! Instándole a hacer cada vez mejor su gozoso papel histórico encendido de pie a cabeza dando giros al son de: “Óyeme/ Míreme/ Tírame un limoncito/ que tengo la boca seca/ muy reseca/ hay muy seca por tus amores/…

…Y un agudo olor a grifa, hecho humo, sin piedad ni clemencia, invadía el salón.

-¿Y cómo te sientes?-volví a preguntarle.

-Bien, “Viejo Pimie”… ¿no ve que con este caramelo de Colombina todas quieren bailar?- fue su respuesta.

-Pero dese una pausa, repósese- le propuse- y con estas me salió:

-Pausa no hay, la vida es corta, la vida es una charanga. Tranquilo, no se preocupe… para mí, bailar es como soñar con los pies y déjeme soñar con esto que está sonando… “Bomba camará/pero qué rico está/ bomba camará/ y qué rico va/ bomba camará/ mira mi camará/bomba camará/les advierto que les voy a cantar/bomba camará/…

…Y en este pedacito de la canción, al son del piano de Richi Ray, era donde más se fajaba:

“Aquí donde usted me ve/ camará/yo soy el negro más bravo /camará/ yo no reconozco guapo/mí me dejo amenazar/ camará/…

Y la noche siguió. Era poca para él buscando su felicidad…
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