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A un personaje del  pueblo  a  quien debía esta crónica…
Jaime,  como  venido  del  lejano  Oeste…

Cuentos y relatos globales. 14.10.18 
*La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos. A Teresa,  su  esposa,  a sus hijos y  a “Chuchú”*
Escribe;  Walter  E.  Pimienta Jiménez.- Siempre vi  en  Jaime a  un  vaquero co0mo  venido  del  lejano  Oeste, pero  no  de  a  caballo sino cabalgando  en  su  mula prieta,  bajando  al  pueblo  los  domingos por  las  lomas  de Cazuela.
Jaime se  vestía de  vaquero sin  serlo,  así  como hay  gente que  se  viste de  indio sin  tener  una gota de ello…Pero  a él  le  lucía. Tenía esa  expresión de “hombre Marlboro solitario”…era, además, un  extraordinario jinete con  polainas y  sombrero de cuero, camisa a  cuadros coloridos, correa ancha con  hebilla de bronce en  forma  de  herradura, pantalón de “yin”,  botas igualmente  de cuero pero crudo y apenas un  misterioso pero amigable saludo…
Jaime,  así  personificado estuvo  siempre listo como  para  una  fotografía alegórica al  viejo  Oeste y  yo no  sé si  alguna vez  alguien  se  la  tomó, creamos  que  sí,  a lo  mejor con  un  vaso  de  whiski Chivas  Regal en la  mano,  apoyado en  el  mostrador de  la  cantina “la Niña  Sara” y  asediado  de  gente que  ante su  apariencia preguntaría: ¿Y  quién ese  tipo?...

Para  darle más fascinación al  relato, digamos  que  todo lo del  far west calaba a  la  perfección en  Jaime con  todos  sus  atuendos y  atavíos,  y  si  algo le  faltaba como  vaquero, pues  no  le  faltaba ya  que, tal  que  aquellos,  vivía en  una cabaña que  heredó de  sus  padres. Lo  único  diferente en  él fue  que se  hizo  abogado,  estudió el  socialismo y  practicó de  socialista…

Sus  vecinos de  rancho fueron  los  Rada y  de él,  al  preguntar cierta  vez a Guillo (*) por  su cercano  morador,  con  algo  de  humor,  recuerdo  me  dijo:
-Ahí  está ese  comunista, en  su  rancho. Sólo le  falta izar en  la  entrada  de  la  finca  la  bandera de Rusia  y  Cuba”.

Ver montado  a Jaime en su  mula era  tanto  así que ver una  película  de Clint Eastwood o  de John  Wayne a  la  costera…Le  sentaba  bien su  excentricidad adaptada  tal  vez  desde  niño.

Desconozco a  qué edad montaría  Jaime su  primera  mula,  pero  siempre lo  asocié con  el  cine americano a  manera de  un  personaje salido de  la  serie  Bonanza, o  un westerns inspirado en  los paquitos y  novelas de Marcial  de  la  Fuente Estafania,  que,  con  esa  pinta, en  lugar de  hablar de Buffalo  Bill o  el  indio  Toro Sentado (Tatanka Yyotanka),  hablaba  con  propiedad de  Karl  Marx. Benito Musulline, Mao  Tse Tung, Albert  Einstein, Charlie  Chaplin, Nat King Cole, Gaitán  y  Rojas  Pinilla, entrañables personajes que  nunca  faltaron en sus  conversas de  “Ron Blanco” con  amigos casi  hermanos de sangre que  le  guardaron respeto, estimación y  hoy  un grato  y  sentido recuerdo…

En mí  los  paquitos  y novelitas del  Oeste,  despertaron  en  mi  niñez un  entusiasmo lector duradero por  la  cultura  del Oeste  Americano no  siendo  yo para  nada gringo,  como  a  lo  mejor también lo despertaría en Jaime siendo el  descendiente  de  alemanes,  con  la  diferencia que él, por  lo  menos,  adoptó los  domingos su  atuendo de vaquero pero  sin  dejar  escapar  de  su  cabeza  sus  ideas  revolucionarias…

Nunca  vi  a Jaime pelear  contra  nadie,  ni  resentido por  una ligera ofensa. Se  sentaba en una esquina,  buscaba dónde apoyar  sus  botas y  rodeados de camaradas libando  rones,  con  si  agraviante se fumaba la  pipa  de  la paz contando anécdotas y cuentos de  “Chuchú” y  de  los  Olivares  ( Modesto  y Lucho), a  quienes decía que los políticos son  capaces de  hacer  olas sin necesidad de  un  mar…

Cuando veía  a  Jaime o, mejor,  cuanto  más lo  veía,  veía en  él la  vida  de un  vaquero americano cortando  heno en  la  pradera y ordeñando una vaca  holstein;  pero no, Jaime,  el de acá, el  nuestro, cortaba  hierba para  su  mula y  ordeñaba sus  vacas criollas sorprendido en que  su  plan de granjero tenía el  milagro de  dos razas,  de  dos  sangres que  corrían por  sus  venas,  sintiendo  en el alma el vital sentimiento de  añorar a  Alemania y  al mismo tiempo llevarse en su  corazón su  terrígeno amor por  su  pueblo,  su  razón de ser, su  razón de  patria…

No  deja  de ser  curioso que  Jaime,  el  costero más “americano” que  a  la  usanza del  lejano  Oeste conocí  en  el  pueblo,  fuese siempre  en  vida un concentrado enemigo del  imperialismo  yanqui. “Estados Unidos- afirmaba- no  ha prestado nunca  ninguna contribución valiosa a  la  humanidad. Para ellos la  guerra es  un bien del  alma”…

Tenía  Jaime el  tino para,  con  sus acertados comentarios  y  opiniones poner  el dedo en la llaga…Y  lo  decía  con    fuerza,  sin  dobleces;  agregando en  sus  conceptos esto: “ Eliecer –su  amigo  pariente-,  de  los americanos hay  que  cuidarse.  Tienen unos franco  tiradores que  no les falla la  puntería”- Se  refería a  la muerte  que  aquellos le  dieron  a  Kennedy.

Siempre tuve  en Jaime a  uno  de  mis  lectores (“lo  haces  bien, Pimienta,  continúa, continúa”)… y en  mis  crónicas  quise muchas  veces referirme a él  como un personaje que  medía el  pulso político  social de  la vida del  pueblo con  esa  su  forma bonachona y  típica  muy suya…y  entonces, aunque  tarde, pero  más  vale  tarde  que  nunca, lo  hago  ahora  como  pago   a  una deuda de  gratitud, convencido  de  que  si  Marcial  la  Fuente  Estefanía le  hubiese  conocido antes, hubiese escrito voluminosas novelas del  Oeste aprovechando su figura y su  decir…
Pero no, Jaime  no  estaba hecho para  Hollywood,  todo  lo que  era  de  USA le  olía mal… de  modo que  mejor nos  hubiéramos quedado con  un Jaime que  de  haber  salido siquiera  de  extra en  una película criolla,  seguro agotaba  la  taquilla del  Teatro  Montecristo teniendo en  la  cinta  como escudero a  su  fiel  “Chuchú”…

Puede que  Jaime,  ahora  en el  cielo, esté  resentido  conmigo porque  le  hice tarde  su  crónica pero  no  quiere esto  decir que  en  lo  que  le  he  escrito de  buena fe, no  esté él como  venido del  lejano  Oeste…
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