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Hablemos de valores….
Jacinto Martinez Anton. 12.10.18 
Soy de la opinión de que una sociedad carente de valores está abocada a la destrucción, o al menos a su transformación en otra cosa, aún no definida, aún sin nombre, en la que la convivencia estará permanentemente amenazada.
Los llamados valores son, casi diría que han sido, una serie de conceptos básicos de respeto a uno mismo y al prójimo que han permitido un desarrollo social ordenado y en paz. Incluyen elementos como respeto, honor, solidaridad, honestidad, honradez, generosidad, equidad, justicia, o esfuerzo; todos ellos compartidos en general por cualquier pensamiento o sentimiento religioso, que además añaden otros, que omito conscientemente, no menos contundentes.
Estos valores han sido la urdimbre sobre la que se han ido tejiendo los pilares de la civilización. Estos pilares han permitido el desarrollo de la humanidad desde la Edad de Piedra hasta nuestros días. La sociedad en general ha ido avanzando gracias al esfuerzo compartido por los elementos que la integran; sin embargo, en el momento actual la necesaria solidaridad que implica él esfuerzo común, se va transformando en individualidades agrupadas carentes de valores que le den cohesión y que por tanto los sitúa a merced de quién les ofrece un determinado interés a corto plazo, al que no ofrecen ninguna resistencia, tal vez por la falta del apoyo moral que les ofrecería un sistema de valores sólido.

Hace poco tuve la ocasión de ver una viñeta de gran humorista gráfico Quino, que acompañó. En esta viñeta se rozan algunas de las transformaciones que se están produciendo en la sociedad en paralelo a la pérdida de sus valores. En el primer recuadro vemos como la cultura del esfuerzo se ha transformado en comodidad y pereza, hasta el punto que no concebimos ir a casa de nuestro vecino, si no lo hacemos en coche. En la segunda imagen apreciamos cómo vamos cediendo poco a poco nuestra capacidad de pensar, de usar nuestras capacidades mentales, al uso de la tecnología, incluyendo la tecnología de la información a través de la cual nos adoctrinan, sin una mínima actitud crítica. En tercer lugar, nos indica cómo minusvaloramos, despreciamos o abandonamos el contacto humano directo, mediante el cual nos tocamos, nos miramos a los ojos, en favor del uso de redes sociales automatizadas. En la primera cuadrícula de la segunda fila hace referencia a como la Cultura, tradicionalmente basada en la lectura, el estudio o la investigación se ha transformado en el consumo indiscriminado, por toda la familia a veces, de una multitud de programas basura que lamentablemente se han convertido en el único soporte intelectual de gran parte de nuestra sociedad; véanse los índices de audiencia de los programa a los que hago referencia. Seguidamente, continúa Quino, se señala como ideales, moral, honestidad, y en general lo que hemos definido al principio como valores, son considerados al mismo nivel que la basura; y lo peor es que esa idea es la que estamos transmitiendo, sin ningún tipo de filtro, a nuestros hijos. En penúltimo lugar hace referencia a individualismo egoísta y antisolidario propuesto como un nuevo valor social, masacrando al concepto de solidaridad que ha sido uno de los motores más potentes de las civilizaciones. Finalmente, y no por ello más inquietante, se han transformado los valores religiosos en el culto al becerro de oro, en el culto a la riqueza, al dinero como objetivo primordial en la vida. Y como también señala el autor de la viñeta, en todo esto incluimos a los niños a los que, sin que tengan capacidad de defensa, vamos inculcando estos “nuevos valores”.

Es probable que, como decía al principio, no estemos perdiendo o despreciando los valores que han traído a la sociedad al presente, sino que estemos transformando los valores tradicionales en otros que sustentarán una nueva forma de convivencia, que como decía al principio no sé si seguirá llamándose sociedad . Si la opción válida es esta última, creo que estamos abocados a un suicidio social colectivo que conducirá inexorablemente, y no quiero ser agorero, a tener que hacer tabla rasa y volver a empezar desde cero. En definitiva al fin de una era, después de la que tendremos que reinventarnos.

Jacinto Martínez Antón
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