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De mi libro en preparaciòn
“LADRONERA” – En este pueblo sí hay ladrones-
Uno de sus cuentos:
De la vez en que se le quiso cambiar el nombre a “ladronera”

Cuentos y relatos globales. 07.10.18 
Escribe; Walter E. Pimienta Jimènez.- La noticia pronto se esparció por toda “Ladronera” y el alcalde Hurtarcio Ariza, tuvo que difundir en forma urgente una proclama de cabildo abierto pidiendo serenidad a la comunidad y advirtiendo a todos que, en caso de producirse una asonada, esta no resolvería nada y habría detenidos.
Se juzgaba, en asamblea de vecinos, cambiarle el nombre al pueblo por considerarlo ofensivo, a más de: injurioso, insultante, humillante, afrentoso, agravante y ultrajante.
A las nueve de la mañana del día fijado, 5.999 “Ladronenses” ocupaban las galerías de la plaza, escenario público de esta convocatoria. Se sentaron los organizadores de la reunión en bancos traídos de la iglesia puestos en fila en frente de un entarimado y, el resto, la gran mayoría de personas, de pie, se agrupaba entre escasos contradictorios y una gran cantidad de simpatizantes. Y fue el alcalde quien revestido de autoridad y mando, abrió el debate diciendo:
- Si la voluntad de todos es la de cambiar el nombre a “Ladronera”, para elegir uno que no hable tan mal de este, como ocurre con el actual, pido a la asamblea que el escogido en sano juicio, sea cual fuere, parezca el más verdadero y útil y que esté relacionado con nuestras costumbres y con nuestra historia.
- Señores. Yo no estoy de acuerdo con el cambio de nombre- dijo el Presidente del Honorable Concejo Municipal, doctor Estafanador González- el de “Ladronera, así registrado en las cédulas de ciudadanía, en las partidas de bautismo y en los registros civiles de cada uno y en todo acto y documento de ley que firmemos, es un valor agregado a nuestra propia identidad. Este es preferible a otro. Este no pone en duda jamás lo que legítimamente somos: ladrones. Persuado a la asamblea a no prescindir del uso de una nombradía tan importante y que lo dice todo de los ladronenses ya sea en forma oral y escrita. Recuerden que los nombres de los pueblos, por complejos que estos sean, son su historia y a esto no se renuncia. No discuto el buen deseo de los proponentes, pero ninguna fama como la que poseemos dice tan apropiadamente de nuestro oficio.
- Llamarnos “Ladronera”, amigos, más que un nombre, es, en sí, una verdad total y concluyente. Este pueblo de hombres y mujeres diferentes, con características y habilidades excepcionales para el robo, es único. Darle otra nombradía es cambiar de actividad, de trabajo y aumentar el desempleo en el país. Tengamos en cuenta que robar es, ha sido y será factor decisivo de eta población- dijo Malversario Castro, juez municipal.
- Señoras y señores, si gracias al robo hay vida en este pueblo- señaló el personero- pues es gracias al robo…qué le vamos a hacer. Para mí, es absolutamente improbable que el nuevo nombre que nos pongamos, obedeciendo ahora a las falsas razones de dolor de conciencia y remordimiento de una minoría que quiere ganarse el cielo, convenga en algo y más bien déjenme decirles que conozco de pueblos con nombres de santos y de santas donde también se roba en forma abominable y aquello hace parte de la buena costumbre; entonces, mejor ufanémonos de ser ladroneneses. Si en otros pueblos hay ladrones honestos, ¿por qué vamos a ser nosotros los únicos defectuosos? Robar para vivir, en este caso, es un valor cultural. Aquí lo prohibido es no robar. Aquí quien no raba está en notable desventaja. Aquí el engaño prevalece ante la verdad. Llamarnos de otra manera nos hace completamente incompetentes.
- Si algo absurdo he escuchado en mi vida, es esto. “Ladronera” debe continuar llamándose “Ladronera” por razones de ocupación. Sería un desastre no seguir siendo los ladrones de “Ladronera”…Me asombra la insensatez de los proponentes de este exabrupto. Robar es nuestra armonía social y felicidad personal. Yo le he robado a uno y ese uno a otro y este otro a otro y otro a otro, etc., etc., etc., con excesiva frecuencia y por necesidad. Desde niños en la escuela, tu hijo, el mío, el suyo, entre sí, se roban lápices, plumeros, cuadernos, reglas, compases, borradores, marcadores, sacapuntas, carpetas, monedas, meriendas, trompos, bolas de uñita, yoyos,… ¿Por qué? Porque nos han visto también robar descubriendo en ello el placer de hacerlo con una sonrisa angelical… y luego el afectado se ponen a llorar, a llorar porque toda persona robada llora y por dentro se dice que se cogerá algo de alguien porque ya le tiene el ojo puesto a algo. Yo, con lo ladrona que soy, considero natural que “Ladronera” se llame como se llama. Ya recuerdo la vez en que a Rateriana Ríos, de niña, le dije que me prestara su reloj de pulsera para devolvérselo en dos días y aún lo tengo porque me lo quedé… ¡Mírenlo!... ¿Y todo por qué? Porque prestar sin devolver es también robar. Me opongo a ese cambio y más bien propongo se apruebe en esta importante reunión el siguiente lema que identificaría todavía más al pueblo; es éste: “Ladronera”, el pueblo donde nadie está seguro de lo que es suyo”- consideró Fraudelina Arteta, la tesorera.
- Seamos prudentes. Confirmémonos como ladronenses, es un derecho de propiedad. Hemos hecho del robo un dar y un recibir, un recibir y un dar; lo que tiene muy en el fondo algo de divertido… ¡Qué buen ladrón es Birlardo Molina! Ya tiene carro, casa, finca con ganado, lotes, apartamentos…oigo decir, y resulta obvio: Está rico porque hace correctamente lo que está prohibido comportándose con digna indignidad porque él no es tonto- dejó conocer Rataplán Echeverría., miembro de la acción comunal.
- Colegas, todos. Generaciones enteras de ladronenses han enseñado a sus hijos a robar- dijo Timarto Padilla, secretario del alcalde- quien tomando la palabra así extendió su discurso: Quiero recordarles que es preferible robar a morirnos de hambre. Es que familia que roba unida permanece unida. Pueblo que robo unido permanece unido, porque nos rinde más que por separados…Acuérdense que los modelos inspiran…Y no nos avergoncemos cuando nos digan ladrones; no bajemos la cabeza y miremos a los ojos a las personas que nos lo gritan para que sepan que lo somos con mucho orgullo. Al contrario, cuando uno de ustedes le robe una gallina a otro, sea solidario e invítelo al sancocho o mándele una ramo de flores al día siguiente. Asumamos el nombre que llevamos responsablemente: este pueblo nunca debe dejar de llamarse “Ladronera” porque, sin excusa y sin pretextos, ninguno de los aquí presente en el curso de su vida se ha privado de robar a alguien…Y no olviden nunca que la oportunidad existe siempre, siempre- expresó con agrado.
Acto seguido, con 5.998 votos a favor del no cambio del nombre de “Ladronera”, se firmó un acta pública en la que además se exigía a todos los ciudadanos seguir comprometidos con este obrar como un deber a la patria chica; se reprochaba la absurda propuesta de unos pocos ya que es sólo con el robo como se puede prosperar en la vida y, además, se votaba por la sabia decisión de no culpar a nadie de lo que se robara a otro ni por echarle en cara a alguien el insulto de ladrón.
Y entonces ocurrió que, en medio del goce de los resultados obtenidos, rodeado de tanta gente a la que, como periodista entrevistaba con el fin de conocer distintos criterio y opiniones, no supe en qué momento un ladronense me robó la billetera.
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