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Los burros de la humildad
Un tema de Semana Santa
Cuentos y relatos globales. 22.04.18 
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Jamás un burrito como el de la fotografía que Rubiela, mi más consagrada lectora, me enviara, y que hoy utilizo para ilustrar este texto, llevando a siete inocentes y contentos niños no mayores de cinco años de edad en su lomo, por lo que veo, fue tan feliz haciéndolo y, yo, que en mi infancia me permití esta dichosa práctica o experiencia, razonando por él, diría que nunca como esa vez el mismo animalito quiso ser más burro y más noble y útil complaciendo a la cándida carga infantil que gustoso por el campo paseaba.
…Y entonces vuelvo a mirar la foto y discurro y reflexiono que quizá ese día el burrito de esta historia, el burrito de la humildad, igual que el usado por Jesús al entrar en Jerusalén, montado por EL HOMBRE MÁS GRANDE DE LA HISTORIA, “razonaron” que mejor eran burros y no unos fatuos y vanidosos cisnes de hermoso plumaje. Y asimismo medito que tanto el uno como el otro, dejando de lado la dura y resignada vida que les tocaría vivir, rebuznando gozosos y satisfechos, “se dirían”:!Qué honra ser burros!

-¿A dónde me llevarán estos loquitos?- digamos que se preguntaría el burrito de los siete niños viviendo su propia dicha haciendo de carrusel y de atracción de feria yendo de allá para acá y de acá por allá cual juguete cabalgado…En tanto el bíblico, el del Domingo de Ramos, doblemente dichoso y gratamente sorprendido, tuvo que haber deducido que el jinete que llevaba, aclamado con gritos de ¡Hosanna, bendito el que viene en nombre del Señor!, y al que le ponían tendidos en su camino para que él los pisara y era recibido con un batir de palmas y de aplausos, era sin dudas un digno y meritorio cabalgante que valía la pena cargar…
Pensemos en que el amistoso y tierno burrito de los siete chicos, haciendo de borriquillo niño que también entendía a los niños y que como ellos igualmente miraba el mundo con sus ojos grandes, asombrados y limpios, lo mismo que un niño de escuela, hasta “sonrió” por primera vez en su vida llevando complacido tan singular carga bullicios a y revoltosa encima; mientras que el burro del Domingo de Ramos, “quizás invirtiendo el orden de las cosas”, tal que si pisara nubes, pudo haberse dicho: “ Qué maravilla, qué portento…me vitorean, me ovacionan…¿Qué pasa hoy en Jerusalén para que me reciban de este modo?...Pero al mismo tiempo, humilde y dócil, virtuoso en conocer sus propias debilidades y limitaciones, conteniendo sus ganas de saltar de alegría a riesgo de hacer caer a quien llevaba en su sillón, sumiso y obediente, con pasos suaves, como el burrito usado por María para llegar al pesebre, cumplía el cometido que burro alguno ha tenido desde los lejanos tiempos en que Dios creó los de su clase. Y recalando en lo suyo, ambos burros, conscientes de su misión harían lo suyo. El de los niños en “repetirse a cada momento que él era un carrusel con orejas y con cola…y el de Jerusalén, confundido por lo de los aplausos y los hosanna que recibía su importante caballista y todo él, preocupado por pisar fuerte fijándose dónde lo hacía…
…Y así, un burro, el de los niños de la fotografía, pisaría con agrado el fresco pasto de la pradera; el otro, el de la Biblia, pisaría finos mantos que le ponían en frente procurando no enredar en ellos sus pezuñas…y ambos, humildes y más allá de la humildad, servían a sus amos para que, en el de los niños no tuviera fin la dicha y la alegría, y en el del Domingo de Ramos, haciendo lo mejor posible su trabajo, la gloria y la eternidad, en su nombre, también alcanzara a todos las generaciones de burros del mundo.
Claro, estoy escribiendo sobre animales que a lo mejor no razón -¿Quién sabe?- Y todo lo veo tan claro que, me atrevo a decir, aunque muchos lo consideren una estupidez, que el burro del Domingo de Ramos no cayó en la absurda vanidad de considerarse un burro especial y que, antes por lo contrario, siendo un borrico como cualquier otro, a la trascendencia y magnitud del llamado de Dios, Este lo hizo el burro más importante de su familia por lo que, sencillo y profundo de corazón, sin cansancio y sin fallarle al magnánimo montador, hasta Jerusalén le llevo sin desviar el camino…en tanto al burrito de los siete jinetes, Dios le concedió lo suyo: siete dueños de carga liviana que le pintan de distintos colores en sus libretas de la escuela…
…Y así, un humilde burro, el de Jerusalén, quiso la vida llevara en su lomo la Palabra del Maestro, y, el otro, también quiso la vida llevara a sus siete dueños de viaje eterno por la vida…
Qué manera má simple de entender lo que es la verdadera humildad definida en la misión de estos dos afables y cordiales burros, lo que me lleva a repetir y a dejarles escrito aquí lo que alguna vez, sobre quienes se creen grandes e importantes en este mundo, alguna vez dijera el poeta cubano José Ángel Buesa: “Sólo es grande en la vida quien sabe ser pequeño…

walter pimienta jimenz <walter53pimienta@hotmail.com>  

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