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Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
“Espiritualito”, imaginario amigo niño viejo
| | Cuentos y relatos globales. 11.06.17 | | "Bacano haber tenido cuando niño un amigo imaginario, no se enfermaba, no peleaba contigo aunque le rompieras la cabeza y siempre estaba ahí. Lo barro era que a uno no le creían que existía”Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Espiritualito” me acompañaba a todas partes cuando yo, de niño, con él jugaba a solas y no le veía por ningún lado pero con este hablaba…Tenía mi edad… era mi amiguito imaginario; quizá mi mejor amigo hasta hoy. Tenía cosas buenas “Espiritualito” en aquel tiempo… me sabía escuchar…Me miraba y no perdía interés en lo que le decía, así fuese algo trivial e insignificante, a veces mentía. Le gustaban los perros y los gatos como a mí…. Hablábamos por teléfono…aquel teléfono de vasitos de cartón e hilo que los niños de antes hacíamos para oírnos a nosotros mismos…que también es la mejor manera de oírnos… | Una vez, de noche, supuse ver a “Espiritualito” al pie de mi cama. Se parecía mucho a mí; casi igual. Lo saludé y me dijo que había nacido en Alhaurin de la Torre, un pueblo español donde duró poco tiempo porque se vino con una caravana de gitanos a vivir al mío. No le creí una sola palabra. Era tan mentiroso como yo…fantasioso…y consideraba en su inexplicable imaginación que las personas deberían también caminar al revés porque así, igual, se llega a alguna parte…Vainas de “Espiritualito”…
En el extenso patio de mi casa, “Espiritualito” y yo, nos divertíamos cortando pedazos de madera con los que hacíamos corrales para imaginarias vacas y terneros que eran los caracoles vacíos y conchas del arroyo cercano y que, juntos y a escondidas de mi mamá, solíamos ir a buscar. De vez en cuando jugábamos a las escondidas y siempre me ganaba; por ningún lado le encontraba…Era invisible, impalpable. Asistía asimismo conmigo a la escuela, pero no entraba a la clase; no le gustaba hacer tareas Se quedaba afuera esperándome y de nuevo nos veíamos en el recreo…tenía en los bolsillos de su pantalón mocho, cualquier cantidad de bolitas de uñita, un trompo siempre enrollado con su pita de curricán, un imán bendito que atraía a las monedas y una guayaba medio comida que llevaba de merienda… ah…y me dejaba solo cuando le buscaba pelea a otro niños…
A “Espiritualito” le gustaba mi cartilla “Alegría de Leer” y en ella le buscaba explicaciones al dibujo de la zorra y las uvas diciendo que ésta era una gran majadera porque, montándose en una silla las alcanzaría. Leía en voz alta con un fastidioso sonsonete repetía y repetía lo mismo leyendo invariablemente en la página 25 de dicho texto, lo siguiente: “el pato no tiene pelo, piano, peineta, pie, pila pule, pola, polo, pepe pe”… “el pato no tiene pelo, piano, peineta, pie, pila pule, pola, polo, pepe pe”… Vainas de “Espiritualito” para joder la vida a otros con su desesperante mamadera de gallo… “el pato no tiene pelo, piano, peineta, pie, pila pule, pola, polo, pepe pe…”.
Hizo de músico y cantante. Con una peinilla negra marca “Vandux”, envuelta en papel brillante, de aquellos que venían en el interior de las cajetilla de los cigarrillos “Pielroja”, sacaba sones y resonancias y cantaba: “vuelve el golero emparamao/ que siempre vive parado en una estaca””…o: “…Ahí viene la perra/ la que me iba mordiendo/perra valiente que mordió a su dueño/”…”Espiritualito” se sabía la ranchera “Cielito lindo”… y en algún momento la cantó en la sesión solemne cuando yo hacía el tercer año de escuela primaria… se llevó los aplausos de los asistentes…Cualquier día me dijo que había ido a París, una ciudad con unos edificios altos, altos, muy altos, altísimos y llenos de gente…Y siempre me preguntaba que por qué el mar es azul si el agua no tiene color…y por qué a la leche le llaman leche cuando podían llamarla jugo de vaca…así como a la gallina deberían llamarla galla…Y, entonces, de nuevo, volvía con su misma chunga…“el pato no tiene pelo, piano, peineta, pie, pila pule, pola, polo, pepe pe…”. De cuando en cuando me disgustaba con “Espiritualito”… quería empujarle la mano… no sabía amarrase los zapatos o se ponía las medias al revés y le costaba trabajo conjugar el vosotros del verbo haber y en su indiscutible irrealidad “se las picaba” de ser un cipote futbolista argentino…Esa vaina me daba rabia…esa misma rabia que sentía cuando el Niño Dios, en Navidad, nunca me traía la bicicleta que le pedía…Recuerdo el día en que me enfadé con él porque no me defendía cuando en la escuela buscaba peleas. Le dije tonto, imbécil, bobo, estúpido, idiota, memo, mentecato, necio, corto, tardo, torpe, retrasado, tarado, subnormal, demente, desequilibrado, idiota… quería ofenderle pero no se ofendió y me dijo que no se iría de mi lado, que yo necesitaba tener mi doble y que si alguien debía ponerse bravo conmigo, era él porque le preocupaba que yo no me comiera toda la comida y por eso me podía enfermar…y porque, además, no estaba yendo a misa los domingos a hablar con Dios y estaba perdiendo un poco lo que de ángel aún me quedaba…
En compañía de “Espiritualito” hice algunas travesuras… Con una honda de caucho partíamos juntos botellas de vidrios afinando pegada, y una que otra teja del algún techo vecino. Ni él ni yo lustrábamos los “Zapatos Grullas” de ir a la escuela, los teníamos pelados en las puntas de tanto patear latas y piedras en la calle. Nos divertíamos haciendo figuras con una pita entre los dedos y respetábamos a los señores canosos…lo mismo que a la bandera quitándonos la cachucha cuando la veíamos en la puerta de la alcaldía izada…
Con los amigos del barrio, Jaime, Ernesto, Romelio y Galo; “Espiritualito” y yo, jugábamos a “El Llanero Solitario”… el enmascarado justiciero que veíamos en el cine de Bolmar, en el Teatro Montecristo…Nos parecía tan real que no era necesario que en el pueblo hubiese policías…Nunca perdía y tenía con su revolver colt 45 la mejor y más fina puntería…Cómo nos agradaba cuando decía a su caballo: ¡Hi-yo, Silver, away! … Y en medio de una nube de polvo, burlando a los indios sioux, desaparecía.
Desarrollando las mismas emociones e inquietudes del corazón, a “Espiritualito” le gustaban las mismas muchachitas de la cuadra que a mí, y en aquel mundo imaginario y poco convencional , negociando entre los dos, con el pensamiento quisimos a muchas como hasta los siete u ocho años cuando mi pensamiento deductivo dedujo otras cosas sin necesidad de médicos ni psicólogos…Fue grande mi pasión por una de ojos verdes que vivía en la Calle Grande pero de temperamento ácido, agrísimo; tanto así, que él también le tenía miedo y ninguno de los dos le dijo nunca “ni los ojos verdes tienes”…
Tengo aún la fortuna de seguir siendo amigo de “Espiritualito”, creo, o no sé si es él quien tiene la suerte de que yo sea su amigo…El asunto es que está aún allí, siempre que lo necesite…Es un amigo incondicional a pesar del tiempo… Yo lo llamé así, “Espiritualito”, porque mi madre me dijo que todo niño, mientras lo es, tiene en la vida como otro uno… como un espíritu…y con él he asegurado y construido hasta hoy, una amistad valiosa, estimable…Aceptándonos como somos y no como quisiéramos ser . Escuchándonos y abriéndonos el corazón invariablemente. Confiándonos, sin crítica, defectos y secretos. Dejando de lado ser orgullosos, siendo comprensivos y reconociendo nuestros errores…Y con el tiempo nos hemos vuelto algo más sinceros.
“Espiritualito” debe tener ahora mi misma edad…y por ahí anda: Es como un niño que empezó a ponerse viejo igual que yo…
walter53pimienta@hotmail.com |
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