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El Valorador
Capítulo VII
El Valorador. 07.06.17 
Todo olía a muerte en aquel sitio: todas las caras que me cruzaba en ese largo pasillo; cada baldosa, cada tubo fluorescente extenuado por dar luz a un lugar donde solo habitaba la oscuridad, cada puerta en mi camino preservando dolorosos secretos.
-Es aquí, escuché.
Ante mí, la inexpresiva figura de un hombre de mediana edad, al que los muertos parecían haberle robado la capacidad de sonreír o llorar.
-Buenos días. Si es tan amable me puede seguir; tendrá que identificar a su mujer, fue lo que dijo el forense, como si de un guía turístico se tratase. En una camilla yacía lo que parecía un cadáver. A medida que me iba acercando a él me aferraba a la posibilidad de que Silvia aún estuviese viva.
-¿Se encuentra bien?, preguntó el forense.

Las palabras ya no conseguían salir de mi boca. Una simple afirmación con la cabeza fue la respuesta. Al destapar a aquel cadáver mi vida desaparecería para siempre. Era ella, la mujer de la que me había enamorado en la facultad, y la madre de la hija que nunca tendría. Dirigí mi mirada hacia su barriga buscando alguna señal de mi pequeña, pero nada indicaba un embarazo en el perfil que definía la sabana que abrigaba a Silvia.
-Lo siento: hemos tenido que practicarle la autopsia a su hija para determinar la causa de su muerte.
Ese falso ¨lo siento¨ pronunciado cientos de veces de la misma forma aséptica, terminaría por robarme el último rastro de humanidad que habitaba en mí.
-¿Han sufrido?, era lo único que deseaba saber.
-Su mujer murió en el acto por traumatismo craneoencefálico. Su hija, pocos minutos después. Ninguna de ellas ha sufrido, respondió tapándola de nuevo.
El pasillo se me hizo interminable ante la idea de que ya no tendría a nadie esperándome, ni a ninguna niña que algún día me llegase a llamar papá. Ya no tenía nada por lo que vivir, aunque sí por lo que luchar. Debía encontrar a la persona que las había dejado en medio del monte como si fuesen dos perros atropellados que molestaban en la carretera. A partir de ahora ese sería mi único fin. Y no pararía hasta conseguirlo, costase lo que costase.

EL MISMO SEGURO LES DEBÍA ABONAR POR MUERTE. Y  AÚN ASÍ QUERÍAN REDUCIR EL COSTE POR NO IR CON CHALECO REFLECTANTE DE NOCHE.

Antonio Sánchez VAlera

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