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El último vuelo
Cuentos y relatos globales. 28.05.17 
Estaba despuntando el alba en el Aeropuerto Jorge Newbery cuando el ex comandante López se paró delante del avión. Era un viejo 737-200 o 732 como es llamado también. Hoy en día estas aeronaves casi no vuelan, dicen que consume mucho combustible para el trayecto que cubre, dicen que es lento…,  pueden incluso decir que es pequeño; pero nadie puede dudar de su nobleza, es el preferido de 9 de cada 10 comandantes que lo pilotearon.
López se detuvo en la escalerilla de ascenso con cierto temor y tristeza, entró sin ánimo, algo agobiado por el momento aspiró profundo, y dejó que sus pulmones se llenaran por aquel aroma característico del interior de un avión, una mezcla indescifrable de “queroseno y aire acondicionado”. No pregunten, ¿que es ese aroma?, López lo conocía de años…
Observó un poco los asientos vacíos. Se acordó de la primera vez que piloteó el viejo 737-200, de la vibración de las turbinas al encender y el frío en el estomago que sintió entonces. Aquel avión entero bajo su mando. Todos confiando en él. La vida de 100 personas en sus manos, dependiendo de su juicio.

Lentamente anduvo por el pasillo, por donde alguna vez pasaron los carros, con las comidas y la bebidas. Al cerrar por un instante los ojos, se le vinieron a la memoria miles de sonidos e imágenes de treinta años en un segundo…, pasajeros yendo y viniendo, conversando con sus familias, azafatas sonriendo entregando servilletas, bebidas y auriculares a los pasajeros, momentos de alegrías y hasta algunos pánicos.
Llegó a la cabina, donde observó fascinado, como la primera vez el panel, con todas las luces e interruptores tan familiares. Viviría la vida entera para eso si pudiera. Se sentó en la butaca del piloto y cerró los ojos. Ahora podía ver el tráfico, escuchar a los controladores que daban instrucciones a las aeronaves. Sentía la presencia del copiloto a su lado y a veces un colega en el jump-seat.
Con las manos firmes en el mando, pudo sentir el control de aquel pájaro de metal y alma. Si, porque no importa cuan avanzada es la tecnología del hombre, un artefacto de aquellos no saldría del piso si no poseyera un alma para volar.
Una mano se posa en su hombro.
 - Querido, tenemos que ir. -
Era su esposa, estaba sonriendo…, sabía lo que pasaba por el interior de su marido. Él la miró con un gesto de pena y tristeza

- Sabes María, que adentro de este avión pasé los mejores 30 años de los 70 que tengo?
- Si, lo sé.
- Pensé que iba a morir volando. Nunca fue mi miedo, por el contrario fue mi sueño. Ya en la escuela de vuelo, todos decíamos: “Si hay que morir, que sea volando, no es justo morir en tierra”.
- Querido..- pretendió interrumpir María
- Sabes…, nunca nadie pensó en el después. Yo no pensaba. Solo sabía que estaba destinado a volar. Y nunca me paré a pensar que un día iba a tener que parar. Simplemente un día quería entrar en el avión como el piloto, como el comandante!!. Pensaba que aquello iba a durar para siempre -
- No digas eso.. tenemos hijos y nietos que te adoran -.
- Esta profesión me consumió, rara vez estaba en casa con vos, y cuando lo hacía, mi cabeza estaba aquí adentro – decía esto recorriendo con su vista ese escenario de treinta años de su vida
- Este avión es el ultimo 732 operacional en la compañía y en el mundo creo…, ¿sabias eso? -
- No.. pero…, que suerte que tuvimos para que nos dejaran entrar antes de embarcar los otros pasajeros, ya va a llegar la tripulación y tenemos que ir a sentarnos, junto con los demás – lo invitó la esposa
Él se levanto y se fueron a sentar en sus asientos, mientras los pasajeros entraban y ocupaban sus lugares. El personal de a bordo iniciaba el servicio, ayudando a las personas a encontrar sus asientos, ayudando con los equipajes y sacando dudas. Cuando las puertas del avión cerraron, se oyó la voz mecánica por lo parlantes:
 - Señores pasajeros, buenas tardes, les habla el comandante Suarez, les doy a todos las bienvenidas al vuelo 1.322 de nuestra compañía. Hoy es un vuelo muy especial, pues éste es el último viaje de este avión 737-200 antes de ser sustituido por el nuevo Boeing 737-800. Nos sentimos muy felices de contar entre nosotros en este vuelo de despedida al Comandante López, que lo voló durante 30 años. Hoy el comandante López cumple 70 años de edad y seria un gran placer tenerlo en la cabina de comando durante el vuelo.
Dicho esto, los pasajeros se dieron vuelta, buscando al anciano. Atónito, él se levantó, bajo una enorme cantidad de aplausos y se dirigió a la cabina. El comandante lo recibió con una gran sonrisa sentado en el lugar del copiloto.
- Comandante López, es un enorme placer recibirlo en la cabina y le entrego a Ud. los mandos para el último vuelo de nuestro querido 732. Yo me quedo aquí de copiloto, en caso que no se acuerde de algunas cosas.
Con los ojos llenos de lagrimas y sin articular palabra, miraba el asiento del piloto libre, temiendo despertarse en cualquier momento.
- Con todo respeto, - logró decir finalmente - en ningún momento de mi vida olvide como se hace esto. -
- No lo dudo, comandante López, no lo dudo, su fama como piloto es legendaria, y si no fuese por ella, jamás hubiéramos tenido permiso de la compañía para que Ud pilotee. Ahora seria bueno salir, ya que estamos atrasados.
Así es que se sentó, y su expresión se modificó y sus gestos se tornaron precisos y mecánicos. El avión se tornó parte de su cuerpo. Todos los procedimientos formaban parte de un ritual sagrado que el conocía tan bien como el acto de andar, masticar o parpadear.
Por la radio, pidió autorización para taxiar a la pista. En respuesta, otra sorpresa , el conocía aquella voz que le respondió por radio:
- Antuña?? - preguntó.
La respuesta vino precedida por una carcajada.
- Entonces López, Ud piensa que es el único viejo suertudo que va ha tener la oportunidad de despedirse de ese pedazo de ojalata? En nombre de todos los controladores, jubilados le doy mis felicitaciones por su cumpleaños y le deseo un hermoso vuelo. No podría estar en mejores manos.
Dejando caer una lagrima rápidamente, dijo:
-Es bueno saber que no soy el único viejo gagá en este aeropuerto. Ahora me da autorización antes que quede en el último lugar de la fila de despegues.
- No se preocupe, parece que todos los comandantes saben del momento y esperan verlo decolar a Ud. primero , en el ultimo vuelo de ese 732, ``López y su cóndor de lata´´- lo instruyó Antuña desde la torre de control.
- Hacia tanto tiempo que no escuchaba esa expresión.. bueno.., entonces tenemos una platea preferencial , que ¡ comience el show !!. – se entusiasmó taxiando la nave al punto de espera de pista 09.
Es difícil describir lo que sintió en su interior al despegar, acompañado por un coro de aplausos de los pasajeros y de la torre, fue saludado con entusiasmo por el personal de control radar.
Se fue internando entre las nubes, las turbinas silbaban acompasadamente con la brisa, el 732 sacó pecho llegó a los 5.000 pies de altura, un leve giro, siguió en ascenso, pasaron los 10.000 pies, la coordinación de López era asombrosa, el comandante Suarez admiraba esa pulcritud y concentración; llegaron a 20.000 pies, el seguimiento de la nave pasó a control central, López acató las indicaciones, otro giro muy suave, imperceptible para los pasajeros, el 732 brioso trepó a los 25.000 pies a más de 600 kilómetros por hora, pasaron algunos minutos, momentos de éxtasis para López, una comunión perfecta entre el hombre y la máquina.
Estabilizó la nave en la altura de crucero, cercana a los 33.000 pies, revisó los controles antes de pasárselos a Suarez, giró su mirada a modo de despedida alrededor del espectáculo que le ofrecía la cabina, acarició por última vez el timón de mando que empuñó por más de treinta años, entrecerró sus ojos y se desplomó sobre la butaca.
Ahora sí, había llegado el momento tantas veces soñado de permanecer junto a su 732, ambos libres por el azul del cielo. Hoy quienes visitan la tumba del legendario comandante López, en su lápida, se puede leer: “Piloteó para vivir y piloteó para morir” Debajo de ella, una foto reciente del comandante, tomada en la cabina la última vez que acarició al 732.
En la foto, dice: “López y su condor de lata. Uno no viviría sin el otro.”

 ELDO LAPPE

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