Casimiro tuvo cara de cura; pero no lo fue, de médico y tampoco lo fue…su perfumada presencia, su ropa elegante, su anillo de oro y con piedra ónix al dedo anular de la mano derecha y sus finos zapatos de dos tonos y con hebilla de plata, decían de él otra cosa…, decían que, además de hombre sabido y empresario, poseedor de una bonita letra que usó para escribir por encargo cartas ajenas y que posteriormente le serviría para hacerse notario casi vitalicio, fue también listo piloto de su asombroso e historico “FORD”, “El Aire”…y, de la suerte y el albur un efervescente, entusiasta y empedernido jugador y, a la par, lector de revistas y periódicos que, en la oscuridad de los tiempos, le hacían más culto y le entretenían en aquel desierto cultural en que vivía descifrando en sus ratos de ocio jeroglíficos teniendo en cuenta normas de costumbres , así como también resolvía crucigramas silábicos que se sabía de memoria.
A decir verdad, por muchos años el nombre de Casimiro estuvo estrechamente ligado al de “El Aire”, su camión de carga y pasajeros o, mejor, el de “El Aire” al suyo y para el caso era como si entre los dos, palmo a palmo y contra el atraso de tales años, librara una desigual batalla que fuera menester ganar en nombre del desarrollo y de la historia a pesar de la resistencia y el querer de una naturaleza antagónica a la llegada del alumbrado eléctrico y a la formación de los primeros jóvenes renovadores bachilleres, adolescentes soñadores, anfitriones sórdidos, vegetando entre la indiferencia desdeñosa, hostil e irracional de una sociedad que les prohíba traspasar las cimas de las lomas de Cazuela en busca de un destino promisorio y de un mejor futuro…
…Y entonces llegó Casimiro y con Casimiro “El Aire”… y con “El Aire”, Casimiro…y mostramos sin miedo la cara a otros y en aquel tiempo se pensó en los libros, en las letras y los números que se enseñaban en las escuelas y colegios de la ciudad…y en el encuentro arriesgado con ésta, traído de allá, abismados conocimos el portento del hielo y el sistema métrico decimal para medir terrenos y parcelas y el norte de la brújula y los puntos cardinales y ahora sí saber por fin dónde estábamos parados… …Y entonces llegó Casimiro y con Casimiro “El Aire… y con “El Aire”, Casimiro y abrimos los virginales ojos al mundo como con 150 años de demora anclados en una estación por siempre elemental y doméstica, detenidos en la crianza de cerdos, gallinas, burros, vacas, mulos y caballos, ocurriendo que allá, allá afuera todo para nosotros apenas empezaba…
El viaje del pueblo a la ciudad resulta ahora demasiado fácil y cómodo, pero en tiempos de Casimiro y “El Aire” o, mejor, de “El Aire” y Casimiro, por entre los atollantes barrizales de Cazuela y Tubará, la inédita aventura duraba días en búsqueda de lo desconocido…y él lo sabía, sabía que aquellos montes eran mutación de la selva; que los arroyos bramaban entre los socavones…y él, él, cual “caballero andante motorizado”, reventando cadenas de jalamiento y de amarres, procedente de la urbe, en cada homérico viaje, descubría de nuevo esta tierra, hazaña que los textos de historia olvidaron sin darle al pionero personaje el merecido título de: “descubridor de caminos”…
Hoy los pueblos se hacen de la noche a la mañana; pero en tiempos de pero en tiempos de Casimiro y “El Aire” o, mejor, de “El Aire” y Casimiro, los dos, como salidos del barro y templando el alma como el hierro, se hacían a golpe de buenas voluntades porque el milagro estaba en hacer lo bueno por costumbre...
Con el paso de los años y siendo yo apenas un niño, desvencijado y sin poder jamás resucitar, carcomido por el cáncer del óxido, abandonado a su suerte y sirviendo para nido de gallinas, en el patio de la casa de Casimiro conocí lo que quedara de “El Aire”, vieja estampa del pueblo hacha chatarra de un mundo que para todos, hacia mil novecientos y pico, apenas comenzaba y que, como evidencia del tiempo, me mostraba en su roto timón las verdaderas dimensiones de lo que ahora es nuestro destino…
Walter E. Pimienta Jiménez. Todos los cuentos editados en www.cuentosglobales.es
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