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Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
“Ves a la tienda y me compras un envelope” | | Cuentos y relatos globales. 22.01.17 | | *Nadie es más solitario que aquél que nunca ha recibido una carta. (Frase de Elías Canetti, escritor y pensador en lengua alemana, Premio Nobel de Literatura en 1981.) Escribe; Walter E. Pimienta JiménezLa gente de hoy en el pueblo, ya no escribe cartas a manera de la de antes. El don de la palabra escrita parece haber muerto después del punto final que mi madre, con fuerza expresiva, sobre el papel imprimiera en la última correspondencia que desde la aldea, por correo certificado, enviara a su r hermana Ofelia residente entonces en los Estados Unidos, sitio para mi lejano y nada familiar y al que yo en mi infancia consideraba el último del mundo. Con bonita letra grande y clara, mi madre escribía “en voz alta” para oírse a sí misma porque cuando se siente la nostalgia y la ausencia de otro u otra, por dentro habla el corazón y el pensamiento creador dice cosas alegres y tristes tal que la vida misma…¿Qué sobre qué le escribía?...De lo mismo aunque no fuera igual; es decir, de lo cotidiano, de nosotros sus cuatro hijos, de la gente del pueblo, de los malestares familiares y ajenos, de los vivos y los muertos y hasta de los sueños más nobles y cordiales como si allí, en la mesa de comedor, sentados, mi tía, ella y yo, conversáramos en familia. | Mi madre, con letra de corrido, escribía a la tía Ofelia cartas nostálgicas con frases y palabras memorables convertidas en imágenes que transportaban en el espacio y el tiempo… “Querida y siempre recordada hermana, quiera Dios que al recibo de esta”…era el párrafo inicial que, fiel en todas y cada una de ellas, nunca faltaba asumiendo por demás en el saludo un beso y un abrazo de parte y parte, expresado con el más profundo agradecimiento y compromiso fraterno de seguir siendo hermanas por siempre nacidas en la esencia de un hogar donde todo, sin la internet de ahora, se compartía…, todo, la salud y la enfermedad; la prosperidad y la decadencia; los proyectos y los fracasos, confiando en que con el patrocinio inquebrantable de Dios, los años fueran buenos sin limitaciones… Queda entonces en el tiempo de ahora el rezago de la escritura de cartas que parecían charlas de café y que, por lo común, se extendían en cuatro y hasta cinco hojas de papel de libreta escolar, y allí, allí, a renglón seguido, reuniendo ideas, se reunión también amigos, compañeros, conocidos, afectos, aliados, incondicionales y partidarios…Ya no se escriben hogareñas cartas como las que escribía madre y que más que cartas eran converssaciones de casa, hechas con el alcance de las palabras sencillas que apenas sí se aprendían en la escuela primaria, administradas con la justa precisión de expresar tanto y colocadas en el sitio preciso donde sabían configurar manifestaciones convincentes de alegría y amor…Ya no se escriben hogareñas cartas como las que escribía madre porque nadie tiene tiempo para el tiempo y cada quien, a su amaño y poco comunitario, de la manera más egoísta y egocentrista, administra sus propios deseos y sus pesares… Cómo me agradaba ver a mi madre, sentada a la mesa del comedor, escribiendo sus cartas hogareñas; era aquello lo mismo que asistir a una ceremonia familiar de la cual todos nos sentíamos concelebrantes… “De mi hijo Jesús te cuento que se fue para Cali a trabajar y que a Carmen, en Baranoa, le va muy bien en los estudios. Tal vez recuerdes que le prometiste a Cristina y a Walter unos regalos de Navidad”… Todo aquello lo escribía ella con el corazón en la mano y con letra de la que se usaba en la docencia del siglo XIX estando en la del siglo XX… Irremplazable letra escrita con la pausa que el pensamiento le dictaba, necesaria de puntos, comas y tildes que, en forma insospechada o mágica aparecían en aquella grata conversación de papel provista de lógica razón… La pedagogía moderna suele no preocuparse ahora por la comunicación escrita; la ve como un problema para el cual la escuela carece de horarios y maestros y la anula por un sistema tecnológico sin iniciativa verbal en el cual “los muchachos punto com”, fuera de contexto no exploran en ella ni juegan con las palabras prescindiendo para todo de lo virtual, “inventores” de un endemoniado recorte de términos y vocablos a los que toca hacer “malabarismos” lingüísticos para poder entender, escribiendo de derecha a izquierda en los chismorreos de correos electrónicos y “facebooks” que matan nuestro rico idioma y acallan las ideas y que cada vez más vuelven inconsulto el diccionario… y toca entonces ver y leer cosas como estas: vaca con “b” y no con “u ve” ; hermano con “ e” y no con “h”… y pare de contar… Escribir cartas hogareñas como las que escribía mi madre a sus hermanas, era en tal tiempo una construcción eminentemente estética, favorable al sano diálogo, algo nacido en la paz envolvente de un tiempo sin apremios…escritas a la escasa y nerviosa luz de una vela que daba calor al salero familiar, haciendo que yo, terminada y correctamente doblada la epístola casera, la sintiera más propia que de ella cuando luego de un … “Dios me la conserve siempre bien”… y un “ Sin más tu hermana Átala”… así me ordenaba:... “Ves a la tienda y me compras un envelope... y la llevas enseguida al correo”…
Walter53pimienta@hotmail.com |
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