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Entrevista a Walter E. Pimienta Jiménez
Federico Ortega. 20.09.16 
Walter E. Pimienta Jiménez es colombiano, docente jubilado, periodista y escritor de cuentos
Federico Ortega.- Vd. escribe cuentos desde hace varios años y los publicamos en la web www.cuentosglobales.es  ¿De dónde viene su afición por la escritura del cuento y qué supone esto para usted?
Walter E. Pimienta.
- Empecé a escribir desde la infancia, en la escuela de enseñanza primaria, en mi pueblo natal Juan de Acosta. Disfrutaba la clase de composición escrita en la que relataba lo que veía, lo que otros me contaban y lo que inventaba. Mi infancia, al lado de mis abuelos y padres, me ayudó  mucho a vivir en un mundo de fantasías con las historias de su tiempo. Esto me hacía imaginar cosas (¿?)…Historias de las cuales, en ocasiones ellos mismos eran protagonistas o conocidos del pueblo… Lo cotidiano, lo que ocurría a diario lo escribía en viejas libretas de escuela que quién sabe qué se hicieron.  Me crié en un mundo sin libros, en un pueblo de campesinos  donde el periódico llegaba con quince días de atraso y en casa de Rosana Arteta  lo leía, ella también me prestaba revistas viejas… Como en mi pueblo no había alumbrado eléctrico, creo que eso me ayudó mucho…al  no tener televisión, me imaginaba lo que oía… Mi abuela Cristina tenía un radio receptor  donde oía  radio novelas y cuentos infantiles que luego retrataba en mi mente como si fueran una película… Mi abuelo Hernán vivió 103 años y  él me enseñó un mundo feliz… era mi héroe. Mi abuelo Ismael tenía una imaginación única, su Tío Conejo nunca perdía en sus cuentos. Ellos fueron personajes infaltables en mi infancia con sus  moneditas como regalo o el  dulce guardado como premio a lo bueno Hicieron su papel de abuelos protectora muy  bien hecho. Algo de todos ellos soy ahora…Ellos, sin darse cuenta, me hicieron escritor.
Esto supone para mí,  un trabajo, el más solitario de los trabajos,  lleno de angustias y de sudores. No es fácil comprender para quién escribe uno…hay gente  que critica lo que uno escribe sin saber siquiera qué fantasmas inconscientes hacen que uno escriba, sin suponer ni sospechar siquiera que se tiembla ante el teclado porque las palabras pueden ser vida y pueden ser muerte…Y se está siempre al borde de esto. Hay que tener hígado para escribir en una hoja de papel  algo humano y no llorar…  
 
Federico Ortega.- Preséntese a los lectores de Alhaurin.com y Malaka.es. ¿Quién es usted, de donde es y donde vive, en qué trabaja y cuáles son sus aficiones?
Walter E. Pimienta.-
Walter Enrique Pimienta Jiménez es un  escritor, docente y periodista colombiano, ya pensionado. Nací en el municipio de Juan de Acosta, Departamento del Atlántico, a 7 kilómetros del mar. Vivo en Cajicá, Cundinamarca, pero me la paso viajando entre Pijao, Quindio, y Barranquilla, lugares donde tengo mis familiares. Trabajé durante 42 años en la docencia como profesor licenciado en español y literatura y  escribo como periodista y columnista en distintos medios de la ciudad de Armenia, Santa Marta, Montería, Bucaramanga y Barranquilla. Mis aficiones: leer, escribir, oír baladas y rancheras, de vez en cuando unas cervezas y beber a diario mi buen café colombiano…

Federico Ortega.- Colombia es para los españoles la tierra de García Márquez, de la guerrilla y de la coca. ¿Qué nos puede contar de la firma de los acuerdos de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de la FARC? Vemos que hay división de opiniones en su país aunque desde Europa, sin saber mucho, nos alegramos de ese pacto entre las partes.
Walter E. Pimienta.-
Me parece que proceso de negociación que adelanta el gobierno nacional con la guerrilla de las FARC, es sin duda una apuesta interesante para terminar con más de 50 años de conflicto en Colombia. Sin discusión,  requiere de todo el apoyo institucional, de la confianza de la nación colombiana y del acompañamiento de toda la comunidad internacional para desactivar el conflicto y a uno de los grupos armados que más violencia ha generado en el país como las FARC.
La experiencia internacional ha mostrado que el 82% de los conflictos internos y  las guerras civiles libradas en los Estados durante la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI, han terminado con la firma de un tratado de paz y no con una derrota militar total del adversario, la cual se ha dado solo en el 18% de los conflictos. Se negocia fundamentalmente por varias razones: la imposibilidad de derrotar al adversario, por la presión internacional, la derrota inminente del adversario o por su deslegitimación. De allí, que estas razones sean fundamentales a la hora de sentarse en la mesa con el oponente y de llegar a los acuerdos finales.
No podemos olvidar que un proceso de paz es una negociación política que implica una lucha por el poder, el reconocimiento del adversario, algún grado de impunidad y la posibilidad de ganar en algunos aspectos, y ceder en otros ámbitos de la negociación. Es importante anotar que el reconocimiento que hace el gobierno del conflicto interno colombiano y el inicio de los diálogos con la guerrilla le da a las FARC un estatus político que le permite acceder a los beneficios políticos, jurídicos y sociales que se desprenden de este tipo de procesos y que van más allá de una simple desmovilización y reincorporación a la vida civil de sus combatientes.

Federico Ortega.- ¿Podría resumir (aunque sé que es difícil) para que los lectores de Alhaurin.com y Malaka.es comprendamos algunas claves de la larga contienda de la guerrilla sudamericana y concretamente de la colombiana?
Walter E. Pimienta.
  Trataré de resumirlo. El conflicto armado interno en Colombia es una guerra asimétrica de baja intensidad que se desarrolla en Colombia desde la década de 1960. Los principales actores involucrados han sido en un comienzo el Estado colombiano y las guerrillas de extrema izquierda, sumándose décadas después los grupos paramilitares de extrema derecha, los carteles del narcotráfico y las bandas criminales. Ha pasado por varias etapas de recrudecimiento, en especial desde los años ochenta cuando algunos de los actores se comenzaron a financiar con el narcotráfico.
El conflicto tiene sus antecedentes históricos en la época de «La Violencia» (conflicto bipartidista -Liberales y Conservadores- que se gestó a finales de la década de 1940 y los 50´s y que tiene sus orígenes primigenios cuando Colombia -entonces llamada la Nueva Granada- se independizó de España e inició una pugna sobre el modelo de Estado que debía adoptar el país), sin embargo, cada etapa de la historia del país ha traído consigo un enfrentamiento diferente.
Las causas para que se desarrollara el conflicto armado colombiano se centran en una amalgama de elementos entre los que cabe destacar la debilidad del Estado, el conflicto por la posesión de la tierra, la existencia de marcadas diferencias económicas, o la polarización y la persecución de la población civil debido a su orientación política. También destaca la permanencia de guerrillas de orientación comunista y la existencia de una industria del narcotráfico que se ha introducido en todos los sectores de la sociedad y del Estado.
Durante la década de 1980 el conflicto armado presentó un rápido escalamiento que se caracterizó por la intimidación generalizada que produjo la guerrilla en numerosas regiones del país, por los asesinatos selectivos de miembros civiles de la izquierda a manos de los nacientes grupos paramilitares, así como por la aparición de sectores del narcotráfico que chocan con la guerrilla en desarrollo de sus actividades delincuenciales (en particular, por el secuestro extorsivo de familiares de capos del narcotráfico por parte de la guerrilla). En esa década, el país experimentó transformaciones económicas que se centraron en la transición de Colombia de país cafetero a país minero y cocalero, con el dinamismo de nuevos sectores de la agroindustria, así como de la minería del carbón, el petróleo y el oro. A esta irrupción de nuevos polos de desarrollo económico se sumó el suroriente del país, donde creció la industria ilegal de la coca.
La época en la que se ubica el mayor recrudecimiento ocurrió entre 1988 y 2003, pero es en la segunda mitad de la década de 1990 cuando se presenta la mayor degradación del conflicto debido a que se generalizan las tomas armadas de poblaciones, las desapariciones forzadas, las masacres indiscriminadas de civiles, el desplazamiento forzado masivo y los secuestros colectivos de civiles, militares y políticos; el pico de este recrudecimiento se presenta durante la presidencia de Andrés Pastrana y el gobierno de Álvaro Uribe, cuando confluyen el accionar del Estado, las guerrillas, grupos de narcotraficantes y paramilitares.
A partir de la desmovilización de los grupos paramilitares que se lleva a cabo entre 2003 y 2006, sumado al debilitamiento de la guerrilla, se presenta un descenso de la intensidad del conflicto. No obstante, las estructuras paramilitares no cesaron su accionar sino que siguieron comportándose como carteles de droga con gran capacidad militar (llamados ahora Bacín), mientras que la guerrilla todavía conserva capacidad de acción y confrontación en ciertos lugares del país.
En 2013 un estudio cifró en 220.000 las muertes causadas por el conflicto desde 1958. Sin embargo, si se suman el resto de personas que han sufrido otros crímenes de guerra, la cifra total supera los 6 millones de víctimas. Dentro de estas categorías se encuentran las personas que fueron desaparecidas, amenazadas, secuestradas, víctimas de algún acto de terrorismo, personas afectadas por el asesinato de un ser querido, víctimas de minas antipersonal, tortura, reclutamiento forzado de menores de edad y violencia sexual.
De, esto,  en verdad,   no me gusta hablar mucho… soy hombre de paz.

Federico Ortega.- ¿Nos puede contar el proceso de escritura de un cuento?
Walter E. Pimienta.- Soy costumbrista por naturaleza. Me gusta escribir sobre lo popular, tratando  de que mis lectores se incorporen en la obra y  hasta se comprometan con los acontecimientos y personajes… Muchos se reconocen en ellos… Algo del paso de la historia y la nostalgia hay en mis cuentos en un afán por que la memoria le gane al olvido y así no mueran por siempre  ni las personas ni los lugares pues siempre se cree que se fue  más feliz en el pasado
Lo primero que hago es contarme el cuento a mí mismo, luego a otras personas y si les gusta así sea con un simple movimiento de cabeza, entonces sí lo escribo, pero con pasión como mirando todo en una película y sin que en él falte  lo humano, la risa, el llanto, el hambre, el frío, el amor, la muerte, los sueños……al fin  y al al cabo eso es la vida, un  vicio bueno  que se llama vivir…

Walter E. Pimienta.- 

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