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Tu diario. Libertad de expresion

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En el Día Universal de los Padres…
Cuentos y relatos globales. 02.07.16 
¿Somos los  hombres, buenos o malos padres?
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez
*Gobierna tu casa y sabrás cuánto cuesta la leña y el arroz; cría a tus hijos, y sabrás cuánto debes a tus padres. Proverbio oriental      
A Vanessa, Camilo y Federico, mis hijos.
Empezaré honestamente por decir a quienes me leen - y en este caso especial a los hombres- que nunca expresaré que como padre, (refiriéndome  en este caso únicamente a mí), he sido yo el mejor del mundo.
Pero sí lo pienso.
La verdad es que me sentí buen padre cuando, con conmovedora reverencia y acabados de nacer, tomé en mis brazos a mis hijos y los sentí como una parte mía, salida de acto mágico llamado vida y entonces, con fuerza latió mi corazón y se me humedecieron los ojos… y no me diga que no porque igual debió pasarle a usted…

Aquellas tibias formas de niños (dos) y de niña (una), hechas por las manos de Dios, en tales veces, me dejaron sin palabras y, siendo así, haciéndoles con la familia doscientas mil orgullosas reparaciones, vinieron los “se parece a ti”; “sacó tus ojos”; “tiene tu nariz”; “se ríe como el abuelo”; “le robó la cara a la abuela”… y  la impenitente criatura que es lo que es y más honrada que una hostia porque no le ha robado nada a nadie, y sólo ha venido al mundo con las mejores intenciones de ser feliz,  cargada por nosotros, muestra cara de enojo y ante la crítica, como represalia, seguro nos orina…y no me diga que no porque  igual debió pasarle a usted…
La primera orinada que mis hijos me dieron, fue la realidad más sencilla de que, en efecto, me sentí padre: bueno o malo, no sé… pero lo fui sin más controversia y hasta el punto de que, no supe cómo pero hasta me aprendí varias canciones de cuna, desentonadas claro…pero que como estas: Duérmete niño/Duérmete ya/Que viene el coco/Y te llevará./…Señora Santana por qué llora el niño/Por una manzana que se le ha perdido/Yo le daré una/ yo le daré dos/Una para el niño/ y otra para vos/Yo no quiero una/ yo no quiero dos/Yo quiero la mía/
Que se me perdió/…   tenían la  singular virtud de que si no hacían dormir  el recién nacido, seguro era yo quien  me dormía con él en el pecho… y no me diga que no porque  igual debió pasarle a usted…
Pero si hay algo  que  va más allá de querer saber si los hombres somos buenos o malos padres, lo es que en la pizca en que lo hubiésemos sido, lo fuimos o lo somos de buena fe…, tanto que por  el desasosegado llanto nocturno de la criatura, inclusive nos volvimos investigadores tirando a clarividentes y estando en esas, tratando de comprender por qué llora el niño, decíamos: “ese llanto tan chillón es de hambre”; o “ese llanto es de dolor o de sueño” cuando no es que en otras “los verriondos” igual lloran por cansancio, por frustración o simplemente lloran por joder y joder… y no me diga que no porque  igual debió pasarle a usted…
En mi “decorosa” posición de buen o mal padre, por favor, que nadie me juzgue… no tiene derecho…, porque a mi manera puse pañales y preparé teteros y di de comer compotas y como todo un héroe, sin asco ni repulsión, a mis tres hijos les limpié “el popó”… y no me diga que no porque igual debió pasarle a usted…
Hay que decir que en la misma función de padre bueno o no sé si malo, llevado de la mano  de los hermanos Jacob y  Wilhelm Grimm, transité de nuevo por los caminos de los fantásticos cuentos de la niñez, intentando darle cualidades de santo a un lobo malvado que podía ser un mal ejemplo para mis hijos…  y  por lo tanto me hice responsable de que en mi versión, faltándole algo a la historia,  esta fiera no se comiera a la pobre Caperucita… y no me diga que no porque  igual debió pasarle a usted…
Lo fregado con el dichoso cuento de si uno es buen o mal padre, y con relación a la anterior fábula, era entrar en los detalles: eso de “las orejas grandes para oírte mejor”… “eso de los ojos grandes para verte mejor”…” y eso de la boca grande para”… bueno ya ustedes lo saben…, en nuestra impostada voz, no era sino la afirmación de un documento históricamente cruel e inequívoco de que el lobo que no haga eso no es lobo sino una mansa oveja carajo…y no me diga que no porque igual debió pasarle a usted…
Así pues, en otras ocasiones, tratando de cumplir cabalmente mi papel de buen o mal padre, cualquier cantidad de veces con  mis hijos fui al parque de la tortura china corriendo detrás de un crío que corría tras las palomas; que no se caía pero yo sí y que le jalaba sin miedo alguno  el rabo a un perro que también salía corriendo y aullando porque el niño lo mordió…”… y no me diga que no porque igual debió pasarle a usted…
En un instante de mi profunda incomodidad social porque no sabía cómo era de padre, fue grande la preocupación que  me cayó cuando me di cuenta que uno de mis niños no decía agua sino “gua”; no decía comida sino “ia”; no decía teta sino “eta”; no decía mazamorra sino “morra”; no decía leche sino “eche”…y en aquel tiempo, como si mi propio hijo me lanzara justificados improperios, en ocasiones se  me venía con unos trabalenguas y cacofonías  que dejaban a toda la familia inquieta y preguntándole con voz pechichona pendejadas como estas: ¿Qué  quele  el niño? (qué quiere el niño) ¿Le lele la baliguita? (le duele la barriguita)... ¿Quele lelatina? (quiere gelatina)…y en aquel período historico, padres al fin y al cabo, sin considerar que esto  no es más que un paso lógico en  la formación del habla del pequeño, caprichosos recurrimos a darle “arroz de loro”, si era posible,  con tal de que el pequeño hablara claro y hablara bien no joda……”… y no me diga que no porque igual debió pasarle a usted…
Hay que anotar por otra parte que, haciendo de maestro de mis hijos, viví la desesperante y sofocante  odisea de enseñarles a leer por deletreo… y qué problema con las palabras “mamá” y “papá”… Vanessa, por ejemplo, las leía así: “eme a ma; eme a ma: palito arriba (era la tilde), “mamá”…En tanto Camilo, en cuestión  de matemáticas, me decía que dos más dos no son cuatro sino veintidós… y que uno más uno no son dos sino once…Federico, entre tanto, salió biólogo naturalista: coleccionaba grillos para, con una cuchilla de esas de afeitar, sacarles el pito…
Hoy, de canas y como dice Piero…”Ahora ya camina lerdo… como perdonando el viento…sólo pido a mis hijos que me recuerden como padre, ni bueno ni malo…ni en el primero ni el segundo ni en el tercer puesto…a lo mejor ya relegado…quise; eso sí, estar siempre en el primero…
Que quede en consecuencia con esta confesión plasmado, que mi intención, como la de todos los padres que en el mundo lo son, fue heroica, auténtica… y merece su lugar en la historia… Y en cuanto a que si somos los hombres buenos o malos padres… se las dejo ahí…
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