logo

Tu diario. Libertad de expresion

Buscador de alhaurin.com Telf. de interés Normas de alhaurin.com Hemeroteca Todas las carpetas de alhaurin.com
La chiva* del café
Cuentos y relatos globales. 12.06.16 
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- La chiva* del café venía al pueblo los jueves a la media mañana.  Era de color verde oscuro, marca “GMC” y desde Barranquilla, por la sinuosa Carretera del Algodón,  la traía mi tío Ismael, empleado en tal tiempo en la Cafetería Almendra Tropical.
El característico vehículo al que todos llamaban así: “la chiva del café”, sin falta, cada semana,  lo esperaban  tenderos y consumidores que con sólo verlo pasar por la calle principal, sentían como si sorbieran ruidosamente una humeante y aromática  taza de café negro al tiempo que con la calma y la paciencia de los siglos,  leían un periódico atrasado o escuchaban en sus radios Philips de pila, por Emisoras Riomar  del Circuito Todelar, las radionovelas del momento. Era aquella, entre los pobres, la única  opción capitalista. 
Mi tío Ismael en persona, fue en todo momento en  el pueblo la imagen pública y publicitaria del  “Café  Puro Almendra Tropical”, tanto así que,  al alba, tempranito,  mi abuelo Hernán, por ejemplo, antes de ordeñar a la “Regalito”, la  vaca del desayuno, a placer y cómodamente sentado en un taburete de cuero de los que le hacía Julián, el carpintero, lo de gustaba y con   la calma y la paciencia de los siglos, decía: “ ¡Ah! Sabroso el café que trae Ismael, el de la chiva del café”…Y en tal momento, en cada casa, exactamente,  los actos y el ajetreo cotidiano estaban señalados por la misma realidad porque el viejo Pablo Charris no se iba en su burro a trabajar a su parcela sin antes,  con la calma y la paciencia de los siglos,  tomar una taza de café y decir: “¡Ah! Sabroso el café que trae Ismael, el de la chiva del café”…Como igual acontecía en la carnicería donde Marceliano, el de la “Niña Ramona”,  de madrugada, vendiendo tinto a Mauricio Molinares, a Gustavo Arteta, a Luciano Reyes y a “Carro”, los matarifes, daba crédito a esta realidad en el instante en que éstos,  por un momento suspendían la faena y, pocillos en manos, mirándose a las caras,  con la calma y la paciencia de los siglos, luego de probarlo, sentían  la honrada necesidad de decir  lo mismo: “¡Ah! Sabroso el café que trae Ismael, el de la chiva del café”…Era que hasta los gallos que a esa hora afinaban sus clarines, antes de pedir maíz a sus dueñas, parecían pedir café y si  se lo daban, con la calma y la paciencia de los años, seguro que en su canto decían: “¡Ah! Sabroso el café que trae Ismael, el de la chiva del café”… Inclusive las vacas, en atención a esta especie de lema que de boca en boca andaba, con la calma y la paciencia de los siglos, querían tomar café para evitar así a sus dueños el trabajo de ordeñarlas y, tras un  mágico proceso inexplicable y fantástico, por vacuna cortesía, ese día no dar leche sino café de leche ya listo y preparado y luego de tres largos mugidos decir: “¡Ah! Sabroso el café que trae Ismael, el de la chiva del café”…

Había también fiesta y un hermoso día sin escuela ni maestros aburridos cuando mi tío Ismael, en la fabulosa promoción del producto  que vendía, por las bolsas  ya utilizadas y guardas para tal fin, por cincuenta de ellas nos daba en cambio un cuaderno escolar, un lápiz, o una regla ; por cien, un plato de loza o dos vasos de cristal; por ciento cincuenta, una olla de aluminio o una sartén; por doscientas, tres pocillos…y  así, de barrio en barrio,  la popular  chiva del café, seguida por una bullosa  y alegre multitud de niños entre los que desde luego  estaba yo,  no se iba de regreso a Barranquilla sin  que el querido hermano de mi madre, dadivoso y desprendido como siempre fuera, dejara primero en las más humildes casas agradecidas un presente que nunca  más se perdía en el recuerdo… “Esa olla, me la dio Ismael, el de la chiva del café”- hubo quienes dijeran…

Pero  hay algo más que manifestar, con la presencia de la chiva del café, mi tío Ismael, propiciando un reencuentro con el tiempo, regalaba llamativos calendarios de año nuevo promoviendo el consumo de la tradicional infusión y así, así fue como los típicos almanaques de la recordada firma, fieles a su propia identidad milenaria, entrando en nuestras hogares, adquirieron el valor de cosa familiar colgados de manera casi irremplazables en sus sitios de siempre y a los que iban nuestras miradas consultivas para fijarnos por igual en la fecha y el santo del día.

Difícil, muy difícil, entonces, que en esa época alguien perdiera así porque sí, la noción del tiempo anunciado en años,  meses, semanas y días y sin desespero ni angustia en el canto matutino, cortante y claro  de un gallo grande en el patio de la casa porque, los almanaques de la "Cafetería Almendra Tropical" que obsequiaba mi tío Ismael, el de la chiva del café,  hablaban por sí solos en aquellos sus números grandes y expresivos, resaltando en rojo las fechas más importantes de la iglesia y de la patria al tiempo que, en éstos, la imagen de una imperturbable mujer bebiendo a placer el contenido de un pocillo del humeante café, sugería a las abuelas en las cocinas hacerlo y colarlo hablando no sé qué cosas fantásticas de la aromática bebida entre vahos de leche recién ordeñada, rancio queso criollo, bollos  de yuca mohosos y el humo espiritual de encendidos leños de trupillo daba calor a las frías  mañanas de octubre en tiempos de  “desayunos trancaos”*...

El tiempo pasó y algún día mi tío Ismael y su siempre esperada chiva del café no volvió más y nada de esto encontramos ahora en el desolado patrimonio doméstico de la gente de este tiempo como quiera que, hoy,  en el pueblo,  la llegada de un nuevo año se recibe desprovista de esos sencillos elementos y detalles que hacían de la vida una jornada más poética y romántica. Se nos dio, en cambio, un mundo mecánico y artificial en el que la técnica nos pone el calendario en el reloj de pulsera, en el teléfono celular y en la pantalla fría de una computadora ya que así lo designa y lo ordenan las nuevas políticas de la moderna vida en decadencia.


Recordar  eventos buenos y agradables hace bien al alma y digamos  que entre los almanaques de la "Cafetería Almendra Tropical",  regalados por mi tío Ismael, el de la chiva del café,  y los de hoy, obsequiados hasta por bares, moteles y discotecas, habrá siempre una gran distancia histórica pues aquéllos, cual trompetazo sin prohibiciones, sumaban en sus hojas desprendibles la  existencia de días más amables,  de  días más tranquilos y vividos en paz… Algo se  derrumbó a nuestras espaldas… ¿Creen ustedes que en  este mundo materializado, con esta civilización de pólvora y de bombas, se pueda desear a la humanidad que todos seamos verdaderos hombres amigos de la conciliación y  practicantes de la buena voluntad como antes nos lo deseaban los optimistas mensajes navideños y de fin de año en los más sencillos calendarios que a las compras hechas encimaban  en diciembre los graneros y las tiendas que se nos fueron?... De ayer a hoy, ¿será que alguien tiene guardado por ahí siquiera uno de aquellos  calendarios?

Me da nostalgia por dentro y por fuera y se me destempla el ánimo a la vista de los almanaques de ahora, coloridos en mujeres desnudas y sin disciplina y con vocación de vagabundas decentes mientras en los que  obsequiaba mi tío Ismael, el de la chiva del café, desdoblando las suaves litografías nos dábamos de cara con la imagen   del amoroso Sagrado Corazón de Jesús;  o con el de la  la Virgen del Carmen sacando almas del infierno en actitud de plegaria y súplica; el del  humilde Cristo Crucificado, así también el del Ángel Guardián socorriendo a unos niños que cruzan peligrosamente un puente roto; el de  la niña gordita y cachetona que sentada en el pasto se sacaba una espina;  y el de la infaltable  Inmaculada Concepción aplastando con su pie al demonio en forma de serpiente…y así  también el que plasmaba el rostro intemporal de la amorosa mujer que tomaba tinto dentro del "modernista dibujo" de una verde y reluciente hoja de café.

 Los almanaques de la "Cafetería Almendra Tropical que mi tío Ismael en la chiva del café traía y que a todos en el pueblo regalaba,  llenos de profunda lección humana, llegaron a todos los rincones y entraron en cada uno de  los cristianos hogares  porque en estos no se daba cuerda al irrespeto ni a la  vulgaridad y  allí, de la pared colgados, alcanzaron la categoría de cuadros para enmarcar y mostrar, incorporados a una cultura popular al lado del Almanaque de Bristol, llevando el primero de los mencionados, de pueblo en pueblo y de vereda en vereda, su humeante, aromático y caliente mensaje de café puro y recién colado y que, como pintoresca bienvenida, se daba a las gratas y amables visitas.

Relegados al sitio de la leyenda los almanaques de la "Cafetería Almendra Tropical”, con los cuales  mi tío Ismael,  para diciembre, de buena voluntad  a la gente agasajaba,  sin la posibilidad de volver a ser, ya no marcan los días de paz de la paz de antes, ocupada por los campesinos también de antes  y que en sus hojas  miraban las precisas fases de la Luna para entonces sí, desmontar sombras y montes y preparar la siembra o para traer de ésta la cosecha fruto por fruto o, en otro caso, para fijar allí,  en  un círculo hecho con un lápiz  rojo, la fecha de un matrimonio, de un bautizo,  la llegada del hijo soldado, el nacimiento del último nieto o el parto de la yegua...

Eran tiempos en que  el tiempo mismo a nuestras madres alcanzaba para, con la calma y la paciencia de los años y los siglos, entre sorbo y sorbo dado a la balsámica bebida, tejer una madeja de mansedumbre y con  satisfacción decir: “¡Ah! Sabroso el café que trae Ismael, el de la chiva del café”…

...Con qué dolorosa nostalgia y arrugándoseme el alma,  porque en la familia y en el pueblo nunca olvidamos la memoria del generoso y  bueno de mi tío Ismael, el de la chiva del café, húmedos los ojos y honrado de corazón,  hasta aquí escribo esto...
____________________________
 
*Chiva; En Colombia, cierto tipo de vehículo.
*”Desayuno trancao”: Un plato mediano, con arroz calentado con fríjoles, huevos revueltos, tomate y cebolla de rama u otro, con lentejas, papa, carne desmechada y por qué no unos espaguetis.

 
Esta noticia ha recibido 3778 visitas       Enviar esta noticia



<-Volver

Artículos de opinión y colaboraciones:
Animamos a los alhaurinos a expresar sus opiniones en este periódico digital. Alhaurin.com no se responsabiliza del contenido o datos de dichas colaboraciones. Todo escrito debe traer necesariamente, incluso si quien escribe es un colectivo: Nombre, apellidos y un teléfono de contacto del autor. Envíe su artículo o carta a: redaccion@alhaurin.com
Alhaurin.com Periódico Independiente - Alhaurín de la Torre - Málaga. Dep. Legal: MA-1.023-2000. Andalucía Comunidad Cultural S.L.
Servidor de Internet. Director: Alejandro Ortega Navarro. Fundador: Federico Ortega. 678 813 376

Webs que alojamos:

15967554
visitas desde nov. 1998