logo

Tu diario. Libertad de expresion

Buscador de alhaurin.com Telf. de interés Normas de alhaurin.com Hemeroteca Todas las carpetas de alhaurin.com

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
El hombre que jugaba con el fuego

Cuentos y relatos globales. 03.04.16 
Walter E.  Pimienta Jiménez.- Este era un hombre que tenía una primitiva y prehistórica virtud: jugaba con el fuego y no se quemaba… Que nadie ose hacer esto, lo digo en prevención... como tampoco  le propongo a alguien lo intente porque, sencillamente no lo haría igual ya que, reitero, este hombre, con la abnegación de un científico y aún a riesgo de su propia vida, gozaba con su arte y se entretenía con él, a  lo mejor llevándose hasta la muerte esa cara de satisfacción y de placer que uno siempre pone cuando sabe que ha hecho las cosas bien.
Diré más, diré que a este hombre le apetecía divertirse con el fuego y, como zambulléndose en éste, sin miedo, pienso yo, dado su arduo trabajo, era el viviente que, mientras estuvo en la tierra, más se ha acercado hasta hoy al sofocante infierno sin hacerse parte de las huestes de la chusma del diablo porque él, él fue un hombre bueno, servicial y honesto y a las puertas de la casa de las tinieblas ni siquiera se asoman los buenos ni los serviciales ni mucho menos los honestos sino los que mueren sin agonía y sin Dios...
 ...De eso vivía este hombre, de jugar con el fuego como cuando uno juega al dominó con un embaucador y en franca contradicción, con dignidad, le reclama por haber querido "meter una cabra"*... Se "apuebló" (es decir, se hizo del pueblo), después de darle novecientas noventa y nueve mil novecientas noventa y nueve veces la vuelta al mundo y cuando consideró que para llegar al pueblo,  no tenía más que empujar suavemente el portón de la honradez... y así lo hizo... encontrando de inmediato para su familia y para él, refugio y hierbas de alivio, de sosiego y estima pues trajo consigo un noble oficio que nadie aquí ejercía: era herrero, herrero de los de antes, herrero de viva y encendida fragua en la que, caldeando los metales al rojo vivo, a éstos volvía domésticos, maleables, complacientes y sutiles..., herrero de martillo aplanador, de yunque de acero, de prensoras tenazas y de reverberante fuelle atizador de llamas que, ocultas, siempre dormían escondidas entre cenizas tibias y coloradas brazas.
Cuando el hombre que jugaba con el fuego llegó al pueblo, hacía mucho tiempo que el óxido del olvido y los severos colmillos de la intemperie y la escasez, en forma asombrosa, habían desfondado ya los calambucos de la abundancia, los baldes de los ríos de leche, los calderos de "la jactancia", las ollas de los convites, los fondos del despilfarro, las palanganas de la gloria; las bacinillas de la alcurnia, de la estirpe y el linaje; las pailas del jubileo y los peroles de las sopas de la buena salud; trebejos de lo inservible y que en las colas de los patios de las casas formaban un anticuario de riqueza en decadencia pero que, de pronto, gracias a él y a la calentura delirante de la soldadura enmendante, volvieron a adquirir existencia y regresaron relucientes a las quiméricas cocinas.
 Agréguele usted al hombre que jugaba con el fuego, muchas y otras tareas y ajetreos propios de la forja porque de su casa que tuvo siempre voces entrañables, jamás dejaron de surgir ruidos metálicos y acompasados y era tanta verdad su faena que, a veces, sin darse cuenta, sudando y con la cara sucia de hollín, interrumpiendo su intimidad, salía a recibir clientes. Alguna vez,  invitado por su hijo Aristóteles, compañero de escuela primaria, visité su taller y a este  entré sin anunciarme. Tomé asiento en un banco que allí estaba, eché una mirada en derredor y fascinado por toda esa realidad inmediata, pregunté:
 - "Señor, ¿qué es esa cosa?"- señalando algo que me llamó la atención. No hubo respuesta inmediata. Él, inalterable, parecía ignorarme de manera intencional ocupado con dinamismo en lo suyo, de pronto accionando un soplador, sin mirarme, contestó:
 -"No es una cosa. Se llama fuelle y sirve para esto que ve estoy haciendo”.
Y, entonces, ya no me pareció el herrero del pueblo sino un viejo patriarca de delantal blanco, sereno y santo hacedor de un asombroso milagro: el de hacer crepitar el carbón que en su fragua, lanzando remolinos de chispas y llamas como lenguas pálidas a veces, doradas, azules y resplandecientes en otras, enrojecían, al brillo del fuego, largas barras de hierro que luego colocaba sobre el yunque y enseguida... ¡Tan! ¡Tan! ¡Tan!.., las aplastaba a martillazos como si quisiera aplastar así sus malos recuerdos...
No sé cuántos años vivió en el pueblo el hombre que jugaba con el fuego pero, aquí le ha alcanzó el tiempo para encontrar con cara de sabio otras aplicaciones prácticas a su conocimiento. Que yo sepa, arreglaba bombas hidráulicas; lámparas  de gasolina a prueba de las noches más oscuras de septiembre y, con su rara crisopeya* de caldero, trató de encontrar un virtual exorcismo, seguro y fuerte,  con el cual ponerle puntos de soldadura a la mala suerte...
...Y finalizo diciendo que en la hora una de un día cualquiera, con el alma indispuesta y desmantelada, el hombre que jugaba con el fuego, así como vino, se fue del pueblo y después se marcharía de  este mundo durmiendo para siempre sin reloj despertador... y en un lugar sin historia, con las lágrimas que su mujer y sus hijos por él derramaran, como aleteante paloma herida, se apagaría lentamente la llama con la cual en el infierno de su fragua GENITOR OTERO, jugaba con el fuego sin quemarse y enseñándonos a todos con su partida que no es más la dureza del hierro que la dureza de la vida...

*"Meter cabra": colocación de una ficha del dominó que no corresponde según el orden numérico del juego.
*Crisopeya: alquimia.
Esta noticia ha recibido 4363 visitas y ha sido enviada 435 veces       Enviar esta noticia



<-Volver

Artículos de opinión y colaboraciones:
Animamos a los alhaurinos a expresar sus opiniones en este periódico digital. Alhaurin.com no se responsabiliza del contenido o datos de dichas colaboraciones. Todo escrito debe traer necesariamente, incluso si quien escribe es un colectivo: Nombre, apellidos y un teléfono de contacto del autor. Envíe su artículo o carta a: redaccion@alhaurin.com
Alhaurin.com Periódico Independiente - Alhaurín de la Torre - Málaga. Dep. Legal: MA-1.023-2000. Andalucía Comunidad Cultural S.L.
Servidor de Internet. Director: Alejandro Ortega Navarro. Fundador: Federico Ortega. 678 813 376

Webs que alojamos:

15966993
visitas desde nov. 1998