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Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
¡Cocá! ¡Cocá! ¡Cocá!

Cuentos y relatos globales. 13.03.16 
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez.- No hubo en ocho leguas a la redonda del pueblo, cocás más exquisitas, apetitosas, sabrosas,  apetecidas y deliciosas al gusto como las que vendía José María Pérez, “el Pollo Pérez”.
El más famoso y fino caramelo importado  de Europa, no le daba la talla a las pintorescas cocás de coco de José María…
…Hasta que éste singular personaje viviera, estuvo en verdaderos aprietos comerciales  el vendedor de maní y de otras golosinas con las cocás de José María…éstas eran un agrado, un deleite,  un goce, un placer, una satisfacción, un gusto y un regalo de los dioses…, cualquiera las probaba y pedía dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete… y le encarga las que tuviera por vender mañana y pasado mañana…Nadie las hacía honradamente  igual… ni los griegos ni los romanos que en su tiempo  expendían en las plazas de mercado el cristal de azúcar que puede llegar a ser la golosina más antigua conocida…
Soy de los que piensa que si en lugar de la consagrada hostia el padre Hernández hubiese dado  a sus feligreses, a la hora de comulgar, unas cocás de coco de las que vendía José María, nadie le  hubiera faltado a misa porque nada podía en aquel tiempo ser más apreciable, dulce y gozoso al placer humano que el cuerpo de Cristo en forma de una deleitable cocá.
José María sabía que la infantil clientela que tenía –entre ellos yo-  sólo le permitía como mucho dar dos vueltas al pueblo y que tras él, al grito quedo de… ¡Cocá! ¡Cocá! ¡Cocá! Como siguiendo un camino de miel, los chiquillos le acompañábamos haciendo coro a su primorosa industria de fantasía.

A punta de dulce, mejor, de cocás,  José María, providencial y paternal  crió a   sus diez hijos que heredaron de él el oficio y el mismo grito quedo que sin tanta estridencia y disonancia, como pregón… ¡Coca! ¡Cocá! ¡Cocá!... le identificaba…  y que  le servía para que sus dulces caseros y familiares, uno por uno, se vendieran   solos porque,  nunca fueron  un fraude al paladar de quien quería que también sus cocás le endulzaran para siempre el mal genio y la vida…
Justo después del almuerzo, por alguna calle o callejón del pueblo, con si olla en la mano,  aparecía el infaltable José María, el de las cocás, como una manera grata de decirle a la vida que, gracias a él,  se estaba salvado de lo amargo y acibarado al alma…
Hay quienes dicen aún que la receta con que José María hacía sus cocás, debe estar empastada en los grandes tratados de la dulcería universal con letras de oro como un verdadero arte. Por lo menos allí tendría el lugar que le pertenecen; pero no, algún día también el viejo dulcero que por todas las calles de mi viejo pueblo la alegría llevaba en forma de cocá, hasta el cielo se fue llevando sus dulces para que hasta Dios, igual que un niño goloso, se las   probara… Y, en tanto,  yo en la tierra este canto le hice:

Por todas las calles
De mi viejo pueblo
La alegría llegaba en forma de cocá
Y José María
Así pregonaba
El meloso canto
En forma de Cocá…
De leche las hice
Para que se sientan
Toditos felices
Y llevo de piña
Para que las prueben
Las hermosas niñas
Y vendo de coco
Para que se curen
Los cuerdos y locos
Vendo de guayaba
Para que se calle
El niño que lloraba
Y en miel y papaya
En miel y papaya
Llevo caballitos
Llevo caballitos
Que son exquisitos
¡Cocá! ¡Cocá! ¡Cocá!
Pero hoy el dulcero
Que esta vida amarga
A todos endulzó
En tiempo muy breve
Se ha ido hasta el cielo
Llevando sus dulces
Para que su Dios
También se los pruebe…
Ya no hay quien pregone
Por la viejas calles
El meloso canto en  forma de ¡Cocá! ¡Cocá! ¡Cocá!
Y en mi confitero
De recuerdos idos guardo mi dinero
Por si acaso un día
Por si acaso un día
Me voy hasta el cielo
Y a José María, a José María, le compro ¡Cocá! ¡Cocá! ¡Cocá!
De leche las hice
Para que se sientan
Toditos felices
Y llevo de piña
Para que las prueben
Las hermosas niñas
Y vendo de coco
Para que se curen
Los cuerdos y locos
Vendo de guayaba
Para que se calle
El niño que lloraba
Y en miel y papaya
En miel y papaya
Llevo caballitos
Llevo caballitos
Que son exquisitos
¡Cocá! ¡Cocá! ¡Cocá!
________________________________
*Cocá: En la costa atlántica colombiana: Golosina casera hecha de coco, leche, papaya, guayaba y otras frutas

Walter E.  Pimienta Jiménez

www.cuentosglobales.es

 


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