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Tu diario. Libertad de expresion

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Crónicas del otro Macondo -Historias para  ganarle al olvido-
Era época de exámenes finales

Cuentos y relatos globales. 06.12.15 
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Los jurados: don Arturo Jiménez, juez municipal; don Drigelio Arteta, inspector de educación; don Avelino Padilla, alcalde municipal , y “la Niña Ramona”, en representación del padre Robles, cura párroco; vestidos  de gala, se hicieron a una mesa larga de manteles blancos sobre los que estaban la campanilla del orden, un florero de cristal con flores de coral, la bandera de Colombia en pliegues de libertad, el globo terráqueo y siete frascos grandes y bocones llenos de papeletas recortadas y marcados con las siguientes leyendas: historia y geografía, zoología, mineralogía y botánica, gramática y lengua castellana, matemática y geometría, religión y catecismos, cívica y urbanidad.
Medio pueblo,  apretujado y expectante, para presenciar los exámenes orales que daban término año escolar, se había volcado esa mañana a la escuela de varones. Era noviembre.
En correcta fila doble y organizad de menor a mayor estatura, procedentes del patio de recreo, pálidos y en silencio, al inquisitorio recinto  y consumidos por el miedo, entramos los estudiantes ocupando nuestros  pupitres de reos. Lucíamos todos, pantalón de lanilla turquí; camisa blanca de mangas largas; corbatín negro y zapatos “Grulla” igualmente negros y relucientes.
A mí me temblaban hasta las vértebras y, con expresivo terror, miraba el rostro de mi madre al otro lado del ventanal de vidrio como queriendo estar con ella.
De pronto, el largo y duro silencio fue roto por la voz de la profesora Ruth ordenando: -“Todos de pie y a la voz de tres, entonemos el Himno Nacional.
Acto seguido, la misericordiosa “Niña Ramona”, en sentido piadoso nos miró a todos como dándonos la bendición en nombre de Dios y con un padrenuestro y un avemaría, nos encomendó a la Divina Providencia.
Los jurados, atrincherados detrás de la mesa del terror, con ojos severos y desconcertantes nos hacían temblar… Yo,  en ese momento de angustia, hubiese cambiado con ellos todos mis  trompos de juego con tal de no enfrentar al pelotón de fusilamiento que tenía al frente…
Un nudo duro se me hacía en la garganta y mirando de nuevo  el expectante rostro de mi madre, comprendí que de nada me había servido la toma de valeriana que me hizo beber para calmar mis nervios, en tanto en las caras de mis compañeros una intensa palidez de ejecución y un silencio de muertos vivos, ahogaba un grito colectivo de perdón.
Como anunciando un toque de queda, sonó la campanilla la seño Ruth; ella estaba vestida tal que para ir a una fiesta de la Inmaculada Concepción y olía a lo que los bosques de madrugada…Ya nada nos salvaría del suplicio escolar…
…Yo no sé qué resulta más conmovedor en ese gélido momento: si mirar a nuestros  padres sin poder decirles una palabra, o si la devolución de  esa misma mirada de aflicción de parte de ellos alentándonos con una forzada sonrisa…En el salón no se oía el volar de una mosca… ¡Pobres chicos! Escuché que alguien dijo afuera… Y mientras, el inspector de educación, con gesto señorial, golpeando preciso sobre una hoja de papel en la  que escribía, colocaba punto final al acta de inicio, la pasaba al resto de jurados para que la leyeran y la firmaran.
Desde mi pupitre tengo la sensación de que todos los de afuera me miran sólo a mí como quien, sin sentimientos, con un  revólver  me apuntara…Galo, a mi lado, tenía cara de  desmayo…
Miré el cuadro del Sagrado Corazón colgado encima de la pared del tablero y nunca como ese día, le vi una mirada de amor y de buena fe. El espectáculo estaba por comenzar y en nuestros ojos llenos de silencioso miedo, un  invierno de llanto interior estaba a punto de asomar.
El inspector de educación, serio de nacimiento, como enredado en su propia trama, con su mirada tormentosa se fija en cada uno y, de pronto, con voz cortante y definitiva, dijo: -“Empecemos”.
El terror se apoderó del salón. Suspiré profundo y sentí un vacío visceral y un ligero temblor en la mandíbula.
El inspector de educación estaba serio, tremendamente serio, más serio que nunca y que siempre. Un fantasma de pavor se paseó por el lugar. Los espectadores, en tanto, practican rechiflas, voces y gritos de burla estremecedora esperando la función.
La campanilla sonó y se apretó mi corazón que ya estaba bien reducido. La seño Ruth, sentada en un rincón llamó al primero de la lista.
-“Arteta Coronell Galo José- dijo.
La muchedumbre de mirones se atropelló en las ventanas y el llamado salió al frente sin auxilio de nadie.
Galo, de pálido pasó a rojo y después se puso blanco. Los ojos de don Avelino le miran con profunda consternación.
-“Saque una papeleta del frasco que dice geografía e historia, léala y conteste la pregunta- le ordenó
Con mano temblorosa Galo extrajo una papeleta y entre cancaneo y cancaneo, así leyó:
-“Debe…debe decir el… el estudiante…qué…qué es mon…montaña”.
El evaluado dio un suspiro de angustia, levantó los ojos  a un cielo que no encontró y, dudoso, esto dijo:
-“Montaña…este…este…montaña es…es monte grueso, monte de hacha…Me lo dijo Roque.
La seño Ruth y los jurados se miraron entre sí y con un lamentable no de cabeza, desaprobaron la respuesta.
-“Tiene un dos y vaya a su puesto”- le dijo con determinación el inspector de educación.
Los curiosos, haciendo burlas  y rechiflas, a la voz  repetida de… ¡Se rajó! ¡Se rajó!..., festejaban el doloroso momento.
Conforme a lo enseñado por la seño Ruth, Galo debió haber contestado que montaña es una elevación de tierra que supera los dos mil metros de altura; pero ahora entiendo que Roque, su primo, campesino éste, y con quien resolvió el cuestionario de geografía, sin la menor malicia y por razones de oficio y contexto, le enseñó lo que para él, en efecto es una montaña: más sin embargo, el jurado no le aceptó  al estudiante tal respuesta llena de gran verdad. Nunca como esa vez, lo que es montaña había sido tan bien definido, considero ahora.
Y así, con ajustadas y desajustadas respuestas dadas por algunos compañeros en las siguientes evaluaciones; con burlas y mofas; con aplausos y aclamaciones, siguió el examen al conjuro silencioso de oraciones que yo no  sé si Dios oía.
Con voz suave, oí que la seño Ruth dijo mi nombre. Mi prueba de fuego había llegado. Salí al llamado y una ola de nervios borró de mi cabeza todo conocimiento, tanto así que quise regresarme a mi  asiento; pero hice un esfuerzo y me arrojé a lo que dDios quisiera pidiendo misericordia. La “Niña Ramona”, dirigiéndose a mí, dijo:
-“Saque del frasco de religión e historia sagrada su pregunta y en voz alta lea”.
Con trémula mano extraje el papel y con voz quebrada por la turbación, leí:
-“Debe decir el…el estudiante…qué…qué es un milagro”.
Miré por el ventanal a mi mamá haciendo un gesto heroico por ayudarme pero no le entendí su mensaje de labios.
-“Un milagro es…un milagro es…-alcancé a decir.
La “Niña Ramona”, buscando un medio para que no me rajara, con este ejemplo quiso auxiliarme y me dijo:
-“Walter, imagina que una persona se arroja del piso más alto de un edificio y no le pasa nada… ¿qué sería eso?”
Me refugié en mi mudez con ganas de llorar.
-“Walter-dijo de nuevo la “Niña Ramona- supón que esa misma persona se lanza otra vez del mismo edificio y no le pasa nada… ¿qué sería eso?”.
Con ojos profundos decía a todos que no sabía. La “Niña Ramona”, llena de consternación, se llevó una mano a la frente y sin darse por vencida, otra vez me dijo:
-“Walter, por ultima,  figúrate que la persona de la que te hablo,  nuevamente se lanza del alto edificio y tampoco se lastima… ¿qué sería eso?”.
Hostigado y como queriendo salvarme contesté:
-“Niña Ramona”, eso ya es cuestión de práctica.
Las risas rompieron el pesado silencio y ella, encaminándose hacia mí, me  abrazó y me dio un beso de consideración que me hizo salir vivo de mi propia tumba.
Una terrible opresión salió de mi pecho como por encanto. Quería irme de allí, cambiar de aire, dejarles a mis compañeros la cara de  duro mármol del inspector de educación y en veloz carrera refugiarme en casa de mi abuela Cristina olvidándome para siempre de lo que era un milagro y del sitio donde quedaba la escuela.
Dejo a consideración de los amables lectores cualquier opinión o comentario entre la educación de otros tiempos y la actual.
Walter53pimienta@hotmail.com
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