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Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
En el día de las madres…

Cuentos y relatos globales. 31.05.15 
Tona, por siempre Tona
Otra manera de ser madre

*Madre: amoroso ser que sabe dónde dejas las pantuflas
* A José Víctor, su hijo…y a mis primos.  

Petrona Coronell

Lo primero que diré acerca de este  humano y singular caso de maternidad que hoy me ocupa, es que la llamada madre de crianza también es madre sin serlo. No me es posible decirlo de otra manera. Así como el hijo de crianza es hijo de ésta aunque ella no lo hubiese traído al mundo. Parece complicado el asunto pero no; es más explicable de lo explicable porque de ellas y de ellos está llena la historia de la humanidad.

El sueño de toda mujer en la vida es llegar un día a ser madre, entendiendo este deseo como el de la mujer que tendrá o ha tenido hijos; pero implica el mismo término que, algunas, siéndolo biológicamente, dándonos una gran lección de vida, asimismo lo son de crianza aunque para ello no lo hubiesen sido de vientre, situación de uso común en la raigambre humana y que incluso ha sido tema literario de base social que eleva un himno vibrante a todas las mujeres así llamadas: Madres de Crianza…
Es Visitación (en Cien Años de Soledad), una indígena guajira que llegó a Macondo con un hermano huyendo de una peste de insomnio que flagelaba a su tribu desde varios años, quien se convierte en la madre de crianza de José Arcadio, el hijo de Pilar Ternera, y quien llevado a casa de sus abuelos a las dos semanas de haber nacido, fuera admitido por Ursula (su abuela), ante la terquedad de su marido que de mala gana no aceptaba la idea de que un nieto suyo navegara a la deriva por la vida sin familia, y entonces se lo encargó a ésta (a Visitación) junto a los suyos a fin de que aquella le ayudase en los oficios domésticos mientras la  pareja matrimonial se ocupaba en prometedores negocios sin tiempo para la familia.
…Pues bien, un caso algo parecido a este es el de Tona, no en el sentido de que ella criara un bastardo (como se decía antes), sino que llevada muy joven como servicio a casa de mis  tíos José Martín y Julia, resultó ser todo un personaje que hiciera en forma perfecta este papel, el de madre de crianza, colaborándoles en la esmerada atención y cuidado de diez hijos (más el de ella) a quienes por más de cincuenta años sintió como suyos, afirmándose en  probarle al mundo que para ello se nace y se tiene irreductible vocación.
Tona, por siempre Tona, la nunca distante en la historia de los hijos de mis tíos José Martín y Julia, los manoseó en todas edades y, de buena fe, estuvo presente en la risa y en el llanto de éstos hasta la hora de su muerte; ocupando la importancia de una “aya” inofensiva, feliz de hacer contagiosamente felices a mis primos y primas siendo protectora sombra de sus sombras, maestra en lo poco y en lo mucho, capaz de meterse a las vivas llamas de una casa en incendio dando la vida por ellos.
Ya recuerdo yo a Tona cuidando a Pío un enjaulado “carricarri” (ave de rapiña), dándole a comer pedazos de carne fresca y pollitos recienacidos; como también cambiándole en forma oportuna el agua y el alpiste a unas galanderas que éste en una mazorca de millo, con cerdas de la cola de una vaca, en un lazo como trampa cogiera, o, en otras, regando con totuma el jardín de laureles de mi tía mientras ésta, en su tienda, con los sentimientos encontrados, fiaba más que lo que vendía; en tanto  ella (Tona), obligaba a Hernán a comer con cómplices engaños carne molida por carne frita o, en la complacencia extrema de aquel niño caprichoso, le hacía  sopa de letras que él, para mortificarla, demoraba en ingerir diciéndole que no podía apurarse porque le tocaba tomarla en estricto orden alfabético.
Labor de Tona también fue, con inflexible rigor, darle por la noche cuerda al reloj de cucú para que todos se acostaran y se levantaran temprano, adquiriendo ella el compromiso previo de bajarle el dobladillo a los pantalones de los muchachos porque…”esos pelaos sí crecían rápido”…, el de endulzar la masa de las arepas del desayuno, el de darle con aguja siempre enhebrada un nuevo lugar en el mundo del reuso a la ropa remendada, oficio para el cual tenía manos mágicas elaborando con hileras invisibles, en la rota tela, la trama de zurcidos corregidos  con el entretenimiento entre labios de esta su preferida ranchera: “Preso me encuentro tras de las rejas/ tras de las rejas de mi prisión/ cantar quisiera, llorar no puedo/ las tristes quejas del corazón/”…
Tona, por siempre Tona, la de los avisos y presagios inquietantes al arribo del cigarrón anunciando visita y que por ella era así recibido: -“¡Jeee cigarrón qué traes, si es bueno que venga y si es malo que se detenga!”…Tona, por siempre Tona, la de todos los favores, la elemental, la cariñosa y la humanitaria como no habría nunca otra; la de las trenzas siempre encintadas cuando era domingo; la rezanderas de rosarios para curar la mala salud y las prolongadas hambres viejas de algunos vecinos; la del picante casero que le diera a probar a Juan el de Rebeca a fin de quitarle el vicio de comer barro…la de la sabrosa carne puyada y el exquisito “arroz volao”, bocados con los que  gusté las delicias de su cocina en la sencillez de un plato de peltre comiendo cucayo con una cuchara de platina en la mano… Tona, por siempre Tona, la que curó las pataletas de mi primo Hernán con enrevesados regaños que terminaban en el fuerte y claro …¡Hijo de la mala leche!..., en tanto él, haciéndole perder la calma, de Vicente Echeverría, su aborrecido enamorado, una carta inventada en voz alta le leía…
Tona, por siempre Tona, una hija más de la familia y la de los mejores afectos para quienes siempre fueron sus  hijos sin serlo, de modo tal que éstos terminaron por merecerle el trato de mamá Tona, el que siempre llevó con dignidad hasta el día en que, ya vieja y terca, cocinando unos guandules, en la intensidad de su cocina, olorosa a santidad y a condimentos, humilde y feliz bien murió.
Hago recuerdos de infancia y aún me río de algunas cosas de Tona. Era, por ejemplo, infaltable radio escucha del programa “Cocine Cantando” que por allá, por los sesenta, RCN emitía y que  como alumna aplicada seguía para aprender recetas de cocina y consejos para el hogar… El locutor de tal espacio lo iniciaba saludando a las oyentes con un…”buenos días tengan las amables señoras”…, a lo que ella, cordial y respetuosa, al radio respondía: -“Buenos días tenga el señor”… Preguntaba luego el presentador: -“¿Y qué han pensado cocinar hoy las señoras?...Y ésta, con voz descansada, así le contestaba: -Estoy pensando hacer arroz y carne puyada”…
Sabía también Tona el valor medicinal de las hierbas y las plantas y con brebajes de toronjil, de orégano, de yerba buena y yerba santa, curaba los nervios, el mal genio y los dolores de garganta. Con agua de rosas serenada se lavaba de mañanita la cara pues eso la hacía más bonita…Y con cataplasmas de café molido, la sangre de las heridas paraba… Rezaba secas y cogiendo un huevo caliente acabado de poner por la gallina, a los orzuelos hallaba efectiva medicina…
Tona, por siempre Tona, no fuiste más que otra manera de ser madre, la madre de crianza, mujer noble de la que hoy, al escribir esta llorosa necrología, menciono tu nombre, Petrona Coronell, y embargado de nostalgia y afecto comprendo que la muerte se llevó contigo un montón de cosas buenas y entonces, con un nudo en la garganta, afligido se me arruga el alma…

De  Walter E. Pimienta Jiménez.

'Una historia cada día, un cuento cada semana' www.cuentosglobales.es


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