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Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido- La “Niña Sara”
| | Cuentos y relatos globales. 01.02.15 | | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez..- Cuando conocí a la Niña Sara Padilla -como le sugiere al lector el título de esta crónica- ésta no era una niña; era, por lo contrario, toda una señora… ¡y vaya qué señora, oyó¡ … Lo de niña no fue sino el trato respetuoso, amigable, cariñoso y cuidadoso -merecido por demás- que en el pueblo se ganó y que le dábamos quienes pretendíamos cruzar con ella metódicos lazos de amistad y de consideración, desinteresados y sin halagos lisonjeros. La Niña Sara cantaba como una alondra cuando amanecía de buen humor y con el hígado en su puesto; recitaba, además, hermosas poesías de su pariente el poeta Juan V. Padilla, en especial aquella que así empezaba: “Su pecho sube y baja y ondula como el mar”… Y, en tales momentos felices, por la expresión suave de su rostro, era una matrona exquisita que de haberlo querido, hubiese pasado la vida en olor a rosas, nada sufrida y como detenida en una perenne edad de diecisiete floridos años…libre de penalidades… | … Pero había días de días en que la Niña Sara parecía otra…muy distinta…y como si se castigara en carne viva, tenía cara de remedio amargo, acibarado y, poco parroquial, ni cantaba como una alondra ni recitaba las hermosas poesías de su pariente Juan V. Padilla porque habiendo amanecido con el Padilla revuelto y el hígado en otro lugar, verseaba a carajos mandando a muchos a la mierda con flores de aromáticos no jodas, según el merecimiento de quienes los recibían si era que en demanda de algo que requerían, a su cantina iban y vacilantes cambiando de parecer pedían otra cosa y siendo así, de ella, seguro se llevaban a secas estas dos destempladas y temperamentales joyas de la literatura universal… ¡Se joden, no hay¡ !Vayan a fregar a sus madres¡ En el extremo de su carácter intransigente e inflexible, la Niña Sara, cuando amanecía muda como una piedra y ni cantaba ni recitaba, hasta cerraba por dentro y por fuera su cantina y en tal caso perdía encanto la poca vida municipal sin aquellos memorables borrachos que allí , a punta de Ron Blanco, se auto fabricaban y que, como derivación de todo ello, tenían en su defecto que ir a azotarse con tragos menudeados en el estanco clandestino de Belisa Coronell con la incomodidad, el fastidio y la prohibición de no escupir a ésta el piso y de no atreverse a pagarle con décimas y rimas sino con moneda sencilla y corriente porque ella, dependiendo del cliente que a lo mejor le dejaba empeñado su sombrero, a lo sumo, sólo por horas le fiaba.
…Pero cuando la Niña Sara cantaba y recitaba poemas como este por ejemplo…
Pobre burro murió, quien lo creyera Quien en sus manos el poder tuviera Para la vida al pobre devolver Yo me parara en frente del jumento Lázaro, irracional vuelve a tu ser Ayer no más lo vi correr desesperado Tras la burra que fue su sueño amado Vástago afuera y húmedo el cogón II De sus ojos el cóncavo huesoso Demuestra que el golero hizo destrozo Con su acerado pico destructor Bien encascado fue y mecha de pecho En su niñez fue un burro bien hecho Aunque de pronto se le vio cambiar III Cuando a la sombra solo reposaba Pues que perdió de su lomo la figura Merced a una tremenda matadura En que el sillón lo quiso acariciar Cualquier diría que pensaba En otros tiempos de su edad mejor O que humilde tal vez se arrepentía Mostrando de azabache su color De algunos pecadillos que tenía Pues se tocaba el pecho con furor Ostentando su diestra puntería A la burra le metía El vástago llamado genitor Y que al sacarlo placentero Quedaba convertido en un sombrero IV Si una yegua en los caminos encontraba Con la yegua también ensombrerada Cuantas sonrisas presagiaba al cielo Cuando el hocico lo pegaba al suelo Del jugo aspiraba el orín El vástago sacaba, lo metía Y en su rebuzno al cielo le pedía Que aquella dicha no tuviera fin Cuando la burra en estado interesante Y con voz altisonante la pobre solo gemía V Pues ni en alcurnia ni reparo oscilaba Pero así la vida se iba consumiendo Hasta que al fin sus sienes doblego Yo quisiera cantarte burro viejo ¡Pero no! Que te cante otro pendejo Porque ya hiedes mucho mamón. En este basurero de cartón.
… qué encanto de mujer era…bajaba su temperatura el Sol, la tarde se hacía más fresca y salían por las puertas y ventanas de su cantina, nostálgicos boleros que el profesor Lucho así cantaba… /Por unos ojazos negros/ igual que penas de amores/… Décimas al amor hacían Laureano Redondo, “el Guacho” y Pedro Rada, y todo ello le quitaba el gris a la vida porque, uniéndose a las gozosas horas se presentaban Lisímaco Arteta, Eduardo Macías, “el Churre” y Goyo Pimienta que al ritmo del tambor de Pedro Licricio alzaban copas y se brindaba por la amistad y se compartía entre ellos con el corazón y con el alma… …Pero cuando la Niña Sara ni cantaba ni recitaba, era áspero el día, los laureles de su patio mustios se volvían, las palomas de la torre de la iglesia sus pichones y nidos abandonaban porque algo extraño de allí les desterraba, las flores pintadas en las faldas de las muchachas borrosas se veían y un tanto del agradable olor del Jabón de Reuter que la Niña Nené una calle más abajo vendía, también se perdía…todo por culpa de la fuerza lírica de las palabras de grueso calibre que ella, armada de rabiosa lengua, al aire, sin ayuda de diccionario descargaba… …Pero cuando la Niña Sara cantaba y recitaba, una tenue y suave brisa por las calles del pueblo su voz más humana se llevaba y todos sentíamos deseos de estar allí, en su cantina, escuchándola y queriendo verla siempre así, así por siempre, sensible y animosa, a riesgo de que, de pronto, por lo alterable que era, con estos dos grecorromanos ultrajes… ¡Vayan a joder a su madre! ¡Se me largan de aquí…no joda!..., de su monárquico imperio a todos nos echara… Indoblegable y creyendo en Dios y en la gente a su manera, la Niña Sara esplendor de un tiempo fue, hasta el punto de que si estuviera aún con vida, de nuevo como un alondra cantaría, de Juan V. Padilla versos de amor recitaría y con carajos y eches memorables nos pediría el favor de no olvidarla... |
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