“Platero II” tiene una historia que aflige y que, de tristeza, arruga el
corazón. Su burra madre, sin vocación de madre, tan pronto en los
corrales de ordeño le parió una noche lluviosa y de truenos infernales,
sin olerle ni lamerle siquiera, lo aborreció sin razón alguna y,
trastornada, le negó su leche dándole en cambio de coces y mordiscos
con un desprecio que él no entiende aún, viviendo así, con desamor de
ausencia brutal, su repudio y diríase que si los burriquitos no lloran,
éste sí lloraría su tragedia a causa de una lacerante e inconcebible
falta de afecto maternal.
La historia cuenta que luego de dos días de nacido, “Platero II”, indefenso, no logró con ojos de tristeza quebrantar la bruta voluntad de su mala madre y que, agotados todos los recursos de la súplica animal, él, con cara de burrito olvidado, débil y a punto de morir de hambre, tembloroso y con la cabeza metida entre sus patas delanteras, por instinto o por un milagro, buscó consuelo terrenal merodeando por la casa de la finca igual que un corderito extraviado. Carmen, Marceliano y los trabajadores de la heredad, ocupados en otros menesteres, ignoraban lo que al burrito ocurría y al ver con preocupación el lamentable estado en que éste se encontraba, buscaron la burra con afán de amamantarlo; pero comprobado el duro desprecio de aquella a su propio hijo, entendieron la desdicha que el animalito padecía y, en tal caso, generosos, compasivos, tocados por Dios en el alma, optaron por criarlo entre todos igual que a un hijo y de la manera en que crían los padres y madres responsables a un sucesor con el privilegio y la facultad de un corazón amoroso. …Y así las cosas, “Platero II”, el borrico solitario, tomado en adopción, es ahora el encanto de la finca y por esto, sin rencor en contra de su madre, se pasea como burro por su casa…y dicen de él quienes le cuidan que muy pronto irá a la escuela porque al libro de Urbanidad de Carreño que le leen, presta especial atención… Y, entre tanto, el revivido, de un pote de nutrición completa con sabores de todos los sabores buenos y que contiene almidón de maíz hidrolizado, sacarosas y sodio en aceite de girasol y soya; minerales, sulfato ferroso, sulfito de cinc, potasio, cloruro de magnesio, fosfatos básicos, proteínas, vitaminas y omega tres, en agua de maíz tibia se bebe siete teteros al día buscando por toda la casa el rastro de olor humano de quienes con abnegación le cuidan. “Platero II” tiene algo así como dos meses y medio de nacido y en el recogimiento pacífico y rendido del crepúsculo, contagiado de sueño, bajo la luz de las estrellas, junto con una puerca que le brinda calor, duerme hasta el otro día despertando soñoliento con el canturreo bajo de los ordeñadores en los corrales y él, volviendo de nuevo a las cosas conocidas, va primero a la cocina donde con un suave golpe de hocico saluda a Roció quien cariñosa le dice: -“Fuera de aquí, no quiero ladrones”- .…Y al ladrido de una perra, de allí sale rumbo al cuarto de Carmen y Marceliano perezosos de dejar sus cobijas… resuena sus cascos, resopla, como si fuera gente se asoma, les mira dulcemente y, aprendiendo de sí mismo, también mira con cara de hambre la nevera donde están sus teteros. “Platero II”, que por su pelaje negro mejor debe llamarse “Sombra” o “Negrito”, juega con los perros, con la puerca, con los hijos de Rocío y Javier -los cuidanderos de la finca- les cabecea gracioso y manso va de tras de ellos y de todo cuanto se mueve: detrás de las gallinas, detrás de los patos, de las vacas, de los terneros de los pavos; detrás de Germán, de Rodolfo y de Alcibíades, los trabajadores, a quienes quiere invitar a jugar saltando la cuerda o a la lleva lo mismo que un niño que pensara… ¿Será que hay un paraíso para los burros?...No lo sé; pero “Platero II” encontró el suyo en la finca de Carmen y Marceliano viviendo una vida de vacaciones igual que un niño sin colegio y donde, aburrido de ser feliz, no sabe qué hacer confiado en que todo aquello es suyo. Yo propongo para “Platero II”, cuando crezca, el regalo de una fina jáquima de primera y el arrastre de una colorida liviana carreta dominguera en la que Carmen y Marceliano, por los verdes vallados y veredas, a modo de los viejos de antes, salgan a pasear galantes… …El próximo sábado, lo prometo, visitaré a “Platero II” y tal que a un niño a quien le gustan los lácteos, haciendo de su afectuoso padrino, le llevaré una bolsa de leche deslactosada recetada para pollinos… Walter E. Pimienta Jiménez
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