logo

Tu diario. Libertad de expresion

Buscador de alhaurin.com Telf. de interés Normas de alhaurin.com Hemeroteca Todas las carpetas de alhaurin.com
Un tema navideño -Historias para ganarle al olvido-
Sabores, olores, colores y sonidos de… Mis Navidades de ayer
Cuentos y relatos globales. 24.12.14 
Escribe, Walter E. Pimienta Jiménez.- De pronto, como si un reloj arbitrario hubiese apurado las últimas horas del año, con este diciembre llegaron a mi memoria los recuerdos de mis Navidades de ayer, un algo sin tiempo, tanto como lo he permitido en mi corazón; llevando de ellas conmigo un poco de lo que éstas ayer fueron…el susurro en los labios de un villancico secreto y recóndito que me retorna lo bello que fue haber sido niño y entonces no había aún descubierto el dolor y las miserias de la vida…o el recibimiento de una y colorida tarjeta navideña enviada por una tía que se quedó a vivir en otra parte donde hay renos y cae la nieve…
Mis navidades de ayer no eran excluyentes con nadie; sus sabores, sus olores, colores y sonidos característicos, a todos pertenecían porque el Dios que en ella nacía, a los niños nos alcanzaba por entero, por derecho propio y por jurisprudencia de hijos que, compartiendo en compañía costumbres y tradiciones, vivíamos en esta fiesta lo más cercano de lo que alguna vez pudo haber sido el paraíso antes del bíblico castigo.

Mis navidades de ayer, por las mañanas, en casa, allá en mi pueblo natal, sabían a buñuelo de maíz verde cosechado por mi padre en la postrera; delicia que llevaba a la boca acompañada de un vulnerable pedazo de queso criollo con una humeante totuma de café de leche, de leche pura y fresca exprimida suavemente por los dedos de él a la “Regalito”, aquella vaca buena y mansa que sonreía complacida mientras la ordeñaban…
…Y, en aquella orilla del tiempo, llegada la Navidad, cenábamos la cena de las buenas intenciones con un acreditado “qué delicioso está esto”, que explicaba a satisfacción la empresa acometida por mi madre al darle exquisita sazón al pavo relleno, al sancocho de gallina de patio “corretea” o a los pasteles de la imaginación y la abundancia porque todo dependía de las amorosas manos que los hacían, secreto de ollas y salsas,  revelación de fogones a fuego lento…
Al ritmo de las horas, mis navidades de ayer, desde los patios de las casas vecinas, olían después a ropa recién lavada a mano en la batea y puesta al sol en un tendido multicolor de camisitas y vestiditos que, mecidos por la suave brisa decembrina, parecían banderas de todas las naciones del mundo y que, en la gloria de aquel paisaje, se asimilaban con el callado mensaje de que a Dios, si no se le recibe con ropita nueva, por lo menos se le espera con atuendos viejos pero lavados y planchados.
Mis navidades de ayer, a manera de una matizada fiesta viva, nos mostraba asimismo su esplendor en el color exacto y retocado de las casas pintadas por “el Cuco” (el pintor del pueblo)…Y era aquello un disparate de todas las tonalidades posibles. Se trataba, sin duda, de un espectáculo de viviendas estrenando pintura o impunemente pintadas de verde con amarillo, de azul con rosado o de rojo con rojo bajito para que ninguna se pareciera a la otra y se tuviera por todos una percepción clara e imperdible de sus existencia y de quiénes vivian allí…
Y como no decir que mis navidades de ayer olían en forma profunda a ron y vino… bebidas insignes de la juerga, expresión de todo júbilo embotellado, decantado y filtrado en los alambiques de la alegría y que, al descorcharse, presumían al olfato y al gusto la satisfacción trastornada de un paladar que, como el de mi abuelo Hernán, acabándose de beber un fino moscatel, a mi abuela Cristina le volvía a decir:
-¿Me das otro vino si no es mucha molestia?
A lo que ella, sirviéndole el pedido, pero antes bebiéndose el suyo, le preguntaba:
-¿Te sientes bien?
Y él, con cara de satisfacción, soliviantado el deseo, guardando un silencio primario, parecía contestarle:
-¡Uf! Mejor que nunca.
Y, desde luego, mis navidades de ayer sugerían en ellas la presencia infaltable de la música igual que esa pizca de sal que le pone buen destino a un excelente plato. Toda la Navidad era una partitura musical vinculada a los sentimientos más entrañables por lo cual, de súbito, al ritmo  de: arbolito de navidad que siempre floreces los 24/ no le vayas a dar juguete a mi cariñito que es muy  ingrato/… escuchado en su radio viejo, mis abuelos tenían la certeza de que el secreto del amor renovado se revelaba mejor en la tensa pulsación del corazón y, contentos se ponían a bailar.
Los sonidos de mis navidades de ayer, me hicieron entender por igual que, en tales épocas, Josecito, Julián, Simanca y Silvestre (los carpinteros del pueblo), volvían de nuevo al ensayo de ser niños y, como jugando, con madera, clavos, martillo y serrucho, por encargo, me armaban lo más semejante a unos atractivos camiones a los que, con pintura fresca, estos sugestivos nombres les ponía: “El Titán de la vía”, “El Vencedor”, “El León de Apure”, “El Preferido”, “Llegó tu amor”, “Busco a San Billete”; juguetes que salidos de sus manos, tomaban en las mías la dimensión insospechada de que yo, si sabía agregarles motor y pito de boca,  halándoles con una pita o cordel, por los rumbos de la infancia con éstos viajaría a las regiones de la felicidad…
Sonidos y más sonidos tuvieron mis navidades de ayer…ruidosos tambores de lata rompían el silencio rural, dulzainas sugestivas en despilfarro de notas se volvían incontrolables en los labios de la infantil inventiva; matracas aficionadas a la bulla despertaron al hijo de María y José en el homenaje de la adoración y, mientras, alguien con quien no podían hacerse concesiones, divirtiéndose así mismo, no se aguantaba las ganas de agitarle el alma de fuego a un triquitraque que, en chispas saltantes parecía repicar su nombre de pólvora… Y, así, una fuerza misteriosa que ordenaba el curso de mi existencia, de la cual yo era apenas un dócil e insignificante instrumento, me hacía obedecer el conforme recibimiento de mis rústicos  juguetes naturales dejando nacer en mi corazón el nacimiento del Niño Dios junto con este bíblico vaticinio que ahora de adulto siempre tengo presente: “Les aseguro que el que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”.
¡Feliz Navidad para todos¡

Walter E. Pimienta Jiménez.-

Esta noticia ha recibido 2610 visitas y ha sido enviada 11 veces       Enviar esta noticia



<-Volver

Artículos de opinión y colaboraciones:
Animamos a los alhaurinos a expresar sus opiniones en este periódico digital. Alhaurin.com no se responsabiliza del contenido o datos de dichas colaboraciones. Todo escrito debe traer necesariamente, incluso si quien escribe es un colectivo: Nombre, apellidos y un teléfono de contacto del autor. Envíe su artículo o carta a: redaccion@alhaurin.com
Alhaurin.com Periódico Independiente - Alhaurín de la Torre - Málaga. Dep. Legal: MA-1.023-2000. Andalucía Comunidad Cultural S.L.
Servidor de Internet. Director: Alejandro Ortega Navarro. Fundador: Federico Ortega. 678 813 376

Webs que alojamos:

15967548
visitas desde nov. 1998