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La ignorancia y la corrupción van de la mano...
Luis Sandino Daban. 22.11.14 
Les invito a los lectores que mientras leen este escrito, hagan volar su imaginación y trasladen los acontecimientos que vivimos en nuestro país, con las vivencias de un pueblo que cambió el paradigma de la ignorancia por el de la cultura.
Finlandia no tiene muchos recursos naturales. El himno nacional dice: ...somos un país pobre, que no tiene oro. El recurso que tenemos es nuestro pueblo. Así, invertimos en nuestro pueblo. Toda persona tiene que recibir formación y educación para ir tan lejos como su capacidad lo permita.
Si un país busca inspiración para enfrentar dos de sus principales problemas (educación y corrupción), difícilmente se podría dejar de visitar un lugar más apropiado que Finlandia.
La presidenta finlandesa, Tarja Halonen, adelanta algunas palabras-clave: “fuerte inversión en educación” (6% del PIB en Finlandia, sin contar investigación); transparencia en el gobierno; y fidelidad partidaria; es muy importante tener el coraje de reservar los recursos para la educación básica", resalta ella.
Un pueblo educado sabrá elegir a dirigentes honestos y competentes. Estos elegirán los mejores asesores. Un pueblo inteligente y educado no permite corruptos ni incompetentes.
Un pueblo ignorante desperdicia sus recursos y se empobrece. Un pueblo ignorante vive de ilusiones.
Un pueblo educado sabe muy bien diferenciar un discurso serio de una disertación demagógica. Un pueblo educado prospera también en condiciones adversas.

Finlandia posee una economía altamente industrializada, con producción “per cápita” mayor que la del Reino Unido, Francia, Alemania e Italia. Un pueblo ignorante es terreno abonado para la demagogia.
El patrón de vida finlandés es elevado. El sector clave de su economía es la industria - principalmente maderera, metalúrgica, ingeniería, telecomunicaciones (se destaca Nokia) y productos electrónicos. El comercio exterior es importante, representando cerca del 1/3 del PBI. Con excepción de la madera y de varios minerales, Finlandia depende de importaciones de materias primas, energía, y algunos componentes de bienes manufacturados.

El pensamiento de su Presidenta difiere bastante con el de nuestras autoridades actuales, cuanto más ignorante sea el pueblo… más van a perdurar ellos y más enriquecimientos ilícitos habrá. La corrupción siempre estará presente porque es el negocio de los sinvergüenzas.
Pero, en cambio, en nuestro país decimos que en Finlandia hace mucho frio y oscurece antes, y que aquí preferimos el tapeo y las movidas nocturnas. Claro está, así nos va, la España de la pandereta y ferias. Amigos míos que tuvieron la oportunidad de unas becas Erasmus, decidieron quedarse allí, y aunque echen de menos la familia y el clima, se sienten orgullosos del conocimiento que han aprendido en esos años, que no cambiarían por nada del mundo.

El Consejo de Europa ha tomado nota de dos de los temas que más alteran a la opinión pública española: “El aumento de casos de corrupción política que están causando verdaderos estragos en la credibilidad de las instituciones, y la gestión de algunas regiones y gobiernos locales en relación con prácticas irracionales de gasto”. En esas prácticas incluyen “la construcción de faraónicos proyectos o el pago de enormes salarios a algunos políticos locales y regionales, entre otros dispendios”(leamos Gurtel, Punica, Viajes, dietas, etc.)

Por eso quiero hablar hoy de cultura, y que no es otra cosa que aquellas expresiones, que el hombre ha ido incorporando a la naturaleza. A la tierra como un todo. Nuestros pensamientos, nuestra arte, la arquitectura, la literatura, la historia, la investigación, el cine, el teatro en fin, toda creación humana, es cultura. Se dice que cultura, es todo aquello que un hombre necesita saber, para poder actuar de manera correcta, dentro de un grupo social. Por lo mismo, a veces, cuando vamos a otros países, podemos cometer ciertos errores de procedimiento. Ya que nosotros, no compartimos los mismos códigos culturales. Y no hablamos aquí de la cultura del entretenimiento, sino de aquella que nos lanza hacia la creación, hacia la libertad, hacia lo generosidad y el compromiso.

Hemos llegado a un punto de saturación tal que considero que es necesario re-humanizar la cultura y, más concretamente, las actividades culturales. Soy consciente de que no es una labor fácil y que la tecnificación sigue su curso, pero también percibo por mis propios ojos que la cultura mediterránea, la cultura latina, sigue valorando los espacios abiertos y la calidez de las relaciones humanas, por lo que todavía existe la esperanza de que esta tendencia sea reversible. Su acercamiento nos haría más felices y más crítico con la realidad, en definitiva, más humanos.

A nosotros sí que nos gustaría subrayar la importancia de la cultura más que nunca en tiempos de crisis, la cultura nos enriquece como personas, nos hace crecer, nos abre la mente y nos da la oportunidad de conocer muy distintos puntos de vista, diversos rincones del planeta, cada uno de ellos con su idiosincrasia particular, consiguiendo así replantearnos las “verdades absolutas”, cuestionar los status quo, y que nos llena de argumentos con los que poder rebatir o aplaudir determinadas actuaciones.

Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Al final, con que carta nos quedamos, ¿con la ignorancia, la corrupción, o con la cultura? En nuestras manos está el destino de nuestro país.
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