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Jornada de la memoria histórica  en Istán
Memoria Histórica. 29.05.14 
El cartel de la Jornada de la memoria en Istán nos causó horror nada más verlo. ¿Qué despropósito era este? Cabezas cortadas situadas sobre una concertina, que es como llaman ahora al alambre de espinos, cráneos y cabezas cortadas por doquier en el folleto, el libro y los carteles, al punto de banalizar tanto dolor y muerte como trajo el fascismo. Respeto a los que sufrieron es la primera obligación.
Antecedentes
La Lomilla de los muertos estaba a la vista de todos, casi al lado de la carretera Istán Marbella; durante décadas todos pasaban a su lado, pero nadie había hecho nada nunca. Aquel día, Juan Granados, el Durruti, se dijo que ya era suficiente, el es una de esas personas que nunca se ha rendido, que sabe muy bien quien es y porque lucharon y murieron los suyos, así que fue al encuentro de Ana María Merchán (IU), primer teniente de alcalde de Istán en aquellos momentos y decidieron actuar, contactaron con Miguel Cerón, del Foro por la Memoria de Málaga dispuestos a poner fin a tantos años de silencio e impunidad. Así empezó todo. La Federación de Foros acudió a la llamada.
Eran nuestros compañeros los que yacían en una fosa oculta, asesinados por un escuadrón de la muerte de Falange en 1937 y que en 2012 siguieran allí era la dolorosa prueba de la miserable impunidad en la que se ha basado la Transición Española. El Durruti lo dejó claro, aquello era intolerable. 28 personas acudieron desde Burdeos, París, Madrid, Guadalajajara, Barcelona, Toledo, Huelva, Sevilla y Málaga; historiadores, abogados, psicólogos, arqueólogos, periodistas, obreros especialistas, militantes de la Federación.
Nadie cobró nada, no se pidió subvención alguna, se llevó a cabo la tarea con los recursos propios de las organizaciones, mucha economía y mucho esfuerzo, proporcionando el ayuntamiento de Istán el apoyo logístico que buenamente pudo y con la solidaridad de muchos vecinos. Entre el 2 y el  7 de agosto de 2012 se llevó a cabo la tarea. Los primeros restos aparecieron el día 3 y se acudió de inmediato al Juzgado nº 5 de Marbella: aparecidos los cuerpos con signos de muerte violenta de cuatro personas se denunció el caso por crímenes contra la Humanidad. La denuncia fue archivada casi de inmediato y la Guardia Civil o la Policia Judicial no hicieron acto de presencia de ningún tipo, ante esta situación se prosiguió hasta rescatar por completo los cuerpos.
El día 4 se llevó cabo un acto de homenaje público a pie de fosa. Fue impresionante. Participaron Ana María Merchán (Ayunt. de Istán), Luis Naranjo (Director General de Memoria Democrática de la Junta de Andalucia), Antonio Romero (Diputado nacional y dirigente histórico del PCE-IU), Jordi Estevez (Federación de Foros, Catedrático de la Universidad de Barcelona), Juan Granados el Durruti (campesino y familiar de combatientes de la resistencia asesinados), Miguel Cerón (sindicalista y secretario del Foro por la Memoria de Málaga) y José María Pedreño (Presidente de la Federacion Estatal de Foros por la Memoria); si las intervenciones fueron todas excelentes, Antonio Romero logró además resumir a la perfección el desafío que tenemos ante nosotros, las 700 fosas y más de 50.000 muertos solamente en Andalucia que exigen justicia, y la necesidad de lograr la Tercera República. Al acto acudieron un centenar largo de vecinos de Istán y en él se realizó una ofrenda floral y de apoyo a los familiares de los asesinados. El acto se cerró con el Himno de Riego, A las Barricadas y La Internacional con las que la Federación, este Frente Popular de la Memoria que no se ha rendido, cierra siempre sus acciones.
En el transcurso de aquellos días y posteriormente, el equipo de la Federación grabó entrevistas a los familiares de las víctimas que complementaron la investigación realizada. Parte de ese material fue empleado posteriormente en la obra «El silencio del agua», de Miguel Ramos Lorente que intenta reconstruir aquellas vidas truncadas por el fascismo, si bien lo hace con una pretensión equidistante y relativista en la que no hay lugar para la lucha actual por la República y se critica el «pretendido» fanatismo de la memoria, enemigo de la «reconciliación», extremos estos que desde la Federación de Foros ni compartimos, ni apoyamos.
La Jornada de la Memoria en Istán, el sábado 17 de mayo de 2014
Pasados dos años tras la acción de la Federación en la Lomilla de los muertos, el ayuntamiento de Istán programó de forma completamente independiente una Jornada de Memoria, es decir, no un acto que completase el anterior y lo culminase con la entrega de los cuerpos y un homenaje tanto público como institucional en el propio pueblo, sino un acto con un contenido más genérico, relacionado, pero no continuador. La Jornada convocada tenía otra lógica; habría un tiempo para debatir — sesión de la mañana—, y un momento para un acto público en torno a un nuevo monumento dedicado a las 42 víctimas de Istán entre 1937 y 1944. Acudimos a la convocatoria con la mejor buena voluntad y apreciando el esfuerzo de la alcaldía por contar con todas los puntos de vista.
Hay cuestiones en este tipo de actos que conviene tener en cuenta, no es algo materia de opinión. El respeto a las víctimas y sus valores en actos públicos es obligado, lo señala el llamado Protocolo Joinet de la ONU que explica cómo proceder en inhumaciones u homenajes a víctimas de crímenes contra la Humanidad: es decir, no se trata de la opinión de la Federación respecto de la opinión de un ayuntamiento sobre cómo proceder; se trata de no olvidar que los crímenes contra la humanidad se llaman así porque los verdugos intentaron matar a todos los testigos, borrar de la historia y el recuerdo a sus víctimas y a cuanto representaban y cuando pasado el tiempo se combatía este hecho era obligado que el resto de la humanidad se erigiese en testigo y acusase a los verdugos, rompiendo así la pretensión de olvido. El Protocolo Joinet señala que las víctimas tienen derechos, en primer lugar al del respeto a sus ideas y sus símbolos que deberían ser tenidos en cuenta en cualquier homenaje público. En la Federación no se recibió consulta o petición de consejo alguno sobre cómo proceder, solicitándose, eso sí, nuestra participación en la así llamada Jornada de Memoria. Al ver la convocatoria se pudo observar que no estaba prevista la entrega de los cuerpos ni un acto público con la presencia de los feretros de los cuatro compañeros rescatados, sino que se había optado por un acto de otro tipo.
En la sesión matutina del día 17, se contó con la presencia de periodistas, historiadores, sociólogos, testigos de la historia, se procedió a la exposición del informe forense realizado a los cuerpos rescatados en la fosa dos años atrás y a una valoración de la situación de la lucha por la memoria histórica en el momento actual. Fue una sesión pública de gran interés, en la que se habló con plena libertad y en la que el Ayuntamiento actuó como correcto anfitrión. Por la tarde, ya en el cementerio, se procedió a la segunda parte de la Jornada y que por su especial contenido y desarrollo nos merece un análisis mas detallado y obligadamente crítico.
El acto de homenaje en el cementerio de Istán.
Más de 70 años después del asesinato de 42 vecinos de Istán (Málaga) a manos del fascismo, sus nombres fueron pronunciados en alto y recordados en una estela erigida en el cementerio de la localidad. En el acto de homenaje y en la placa se refirieron a ellos como «los nombres de la memoria, así como a su compromiso con la Justicia y la libertad. El acto comenzó con unas palabras del alcalde José Miguel Marín en las que señaló que «[su] desconocimiento sobre lo acaecido en Istán durante los años treinta y cuarenta del siglo XX era practicamente total hasta [hacía] muy poco tiempo», explicando que en su familia «apenas se hablaba nada sobre ello y entre los conocidos y amigos menos aún»; en fecha reciente, añadió, pudo estar presente en las entrevistas a vecinos de la localidad llevadas a cabo durante una investigación del prof. Fernando Arcas que le permitieron comprobar que «las personas mayores que habian vivido aquellos años eran incapaces de recordar o al menos de contar lo que sin duda sabían»; ¿la causa?, Marín señaló al «miedo, siempre el miedo» que «seguía vivo en sus rostros y tapaba sus bocas». Nos hizo pensar su intervención, realmente; en cierto modo, quizás de forma inconsciente aquellas palabras podían explicar parte del drama que vivimos. En la España de 2014, un cargo público de una organización de izquierda o incluso del PCE puede llegar a serlo desconociendo por completo la historia de la resistencia antifascista y de la represión sufrida incluso en su propio pueblo de origen; esto es algo, de por sí alarmante, pero por mucho que luego se haga un esfuerzo personal por saber que ocurrió, si eso no acaba alcanzando al sistema de valores no vamos a lograr avanzar. Los valores se traducen en la conducta, al menos desde un punto de vista de ética republicana, y si la conducta no lo refleja es que algo ha ido mal. Tuvimos un ejemplo en el acto de homenaje que nos ocupa: ¿qué sentido puede tener que en un homenaje a las víctimas del fascismo se emplee la palabra memoria de forma eufemística y se niegue a la República como promesa de futuro y esperanza?
Lo primero que lee el visitante al ver la lápida es «los nombres de la memoria», un mensaje equívoco, un eufemismo. No es explícito, no comunica, oculta los hechos y el sentido. ¿Cómo podría entenderlo el visitante no avisado? ¿Le quedará claro al visitante alemán, por ejemplo, que hubo vecinos de Istan en la resistencia antifascista en Francia y que murieron en la deportación a los campos nazis? ¿qué este pueblo supo luchar y sacrifcarse por la libertad contra el fascismo? ¿Se puede conocer eso viendo la estela que les recuerda? Si la respuesta es no, es que objetivamente el esfuerzo realizado no sirve, ha estado mal orientado.
¿Porqué murieron los 42 vecinos de Istán? En la intervención siguiente se intentó dar respuesta. «Murieron por significarse públicamente», explicó Ramos Lorente, «se significaron y les costó la vida», reiteró varias veces. Este mensaje no era preciso repetirlo, está grabado a fuego en el alma de los supervivientes, de las viudas, de los huérfanos, de los que vivieron sus vidas en una sociedad sometida al dictado de los verdugos. El mensaje ha sido durante décadas «quien se significa, morirá». Este tipo de actos debe combatir duramente el mensaje de los verdugos y destrozarlo, llevar no sólo consuelo — Ramos sí lo intentó en este sentido—, sino también orgullo y reconocimiento a la dignidad de los que supieron vivir de acuerdo con sus valores de libertad y justicia. Pero si oculta en el acto aquello por lo que lucharon y se reduce todo al «drama humano» del choque de «totalitarismo» y al «fanatismo» entonces es que sencillamente no se ha entendido nada de nada y que existe un abismo gigantesco entre los valores y la identidad de las víctimas y quienes han organizado el acto.
En la intervención de Ramos el miedo fue denunciado como algo que pervivía todavía. Miguel Ramos Lorente, escritor y erudito local, ofreció una interpretación de lo sucedido en Istán y de cómo leerlo hoy, en una versión que el Ayuntamiento ha puesto en piedra en la estela y lápida del monumento. Ramos Lorente empleó la imagen del agua, el agua de la memoria, para acompañar la recuperación de los nombres de los asesinados por la «sinrazón humana», sorprendiéndose en sus palabras de la persistencia actual de miedo en muchos de los familiares «pese a que vivimos en un estado de derecho y democrático», como hizo notar.
La obra «El agua de la memoria», de Ramos Lorente aportó al acto su inspiración y sentido ideológico, ante el cual el ayuntamiento se plegó totalmente; en esta obra, el autor rescata las vidas y circunstancias de los vecinos de Istán asesinados, en una estremecedora evocación de lo que fueron las ilusiones, el esfuerzo y la esperanza que alumbraron la República y que tan cruelmente fueron aniquiladas, aunque ofreciendo un intento de establecer una equidistancia entre todas las víctimas de los «totalitarismos», recordando también las caídos del otro bando y la necesidad de pasar página e impedir que algo así suceda de nuevo. Es un tema delicado: los criminales comunes sacados del Penal del Puerto de Santamaría que los Falangistas alistaron para formar con ellos un escuadrón de la muerte, tenían un cometido: matar a los suficientes como para que nunca fuese precisa una nueva matanza, aplastando de raíz toda esperanza de rebeldía y todo deseo de libertad y república. Si 75 años después estamos así todavía, sin que un ayuntamiento se atreva a dar homenaje a sus vecinos exterminados llamando a las cosas por su nombre, qué podemos pensar. ¿Qué no se quiere hacer nada que pueda ofender a los verdugos?¿Qué queremos decir con que nunca se debe repetir? ¿El qué no se debe repetir? ¿Cuál ha de ser la enseñanza de la memoria? ¿La de que quien se significa muere?
En honor la verdad, ha de reconocerse que Ramos intentó llevar consuelo a los familiares, que evocó las ilusiones y las esperanzas de los que cayeron y que, entre otras aportaciones, con la ayuda de las  entrevistas realizadas por la Federación, logró en su obra escrita reconstruir las vidas y el sacrificio de los que cayeron y sus familias. Si nos vemos en la necesidad de expresar un cierto disenso sobre la solución que ofrece para superar este trauma se debe al desconocimiento —no vamos a decir rechazo— que muestra de cual ha sido, por ejemplo, la clave de la reconciliacion entre Francia y Alemania, por ejemplo, en el espacio aliado en Europa. La única reconciliación posible es la que se hace sobre la base del reconocimiento de la superioridad moral de los valores democráticos y la miseria del fascismo. El antifascismo es un valor esencial en una sociedad democrática, y si en España no es reconocido como tal, al punto que incluso en un acto como este el ayuntamiento y sus portavoces demuestran no estar a la altura de esta tarea, se debe a que los verdugos han logrado perpetuar su dictado de olvido. El peso del franquismo sociológico, de la herencia carrillista y la mistificación de una Transición basada en la impunidad son algunas claves para poder comprender qué nos ocurre.
El arquitecto que diseñó el monumento, Pablo García Moreno,  procedió a leer las palabras que se recogen en una pequeña lápida lateral y que se supone han de explicar a los visitantes el sentido de la obra y el espacio. Recordemos que estamos en un memorial donde se recuerda a 42 personas asesinadas y mantenidas en el olvido, sepultadas por el miedo durante décadas y con sus nombres y sus vidas borradas de la historia oficial. Es preciso recoger fielmente las palabras escogidas para identificarlas y mostrar el sentido de su recuerdo:
«Istán es pura ladera, puro frescor, aire puro donde siempre nacen las flores
Istán es fuente, es mantanial donde surgen 42 gotas de agua, donde fluye la vida en el recuerdo, en la memoria colectiva.
En la bravura de los arroyos que nacen de los montes, se reflejó el espíritu inconformista de los panochos, que un momento de nuestra más triste historia fue ahogado sin más por sus propios hermanos.
Que el agua de esta fuente ayude a sanar las 42 heridas abiertas por unos hombres a otros hombres, nos purifique y nos haga libres.
Y siguiendo su curso ladera abajo, este río de la vida acariciará el mar. Sus almas llegarán al Mediterráneo, evaporándose como gotas en contacto con nuestro cálido sol, completando el ciclo de la vida. Convertidas en nubes de tormenta primaveral… ¡nos lloverá el agua de la memoria!; que al impacto en el rostro nos haga conscientes de la suerte de vivir en paz, con sencillez y humildad para aprender de nuestros errores… y las heridas cicatrizaran). (sic)
PD: (Junto a la fuente, escuchando el susurro de su agua, yace erguido el recuerdo a 42 almas)».
El conjunto monumental ocupa el centro del espacio que uno se encuentra al traspasar la entrada del cementerio. Un gran ciprés de ancha base domina la escena, y a nuestro frente tres grandes cubos de piedra, unidos lateralmente en escalera, impiden la visión de una gran estela puesta de lado en la que se encuentran «los nombres de la memoria», los 42 asesinados. Los nombres estan repartidos por la superficie, esparcidos como en un protector de pantallas de ordenador, de forma que se hace imposible añadir alguno más si las investigaciones en curso lo descubrieran o confirmasen, aunque el alcalde ya indicó que con este acto Istán daba por cerrada esta página de la historia y que era momento de pasar a la siguiente. Los cubos pétreos tienen una fuente de agua, cuyo curso cae de uno en otro hasta desaparecer por un desague a ras de suelo. A una lado, en placa aparte, el texto «Istán es pura ladera» con la pretensión, según explicitó García Moreno, de explicar el sentido conjunto.
La palabra «república» no está recogida en ninguna parte; las palabras «fascismo» o «crimen» tampoco. No existe referencia a las causas o lugares de la muerte, algo muy relevante pues unos fueron asesinados cruelmente en cunetas por los escuadrones de asesinos falangistas, otros asesinados tras caer prisioneros formando parte de la guerrilla, otros ejecutados con pretensiones de legalidad en los paredones franquistas —con sentencias que aún son legales en 2014—, y dos de ellos en la deportación nazi en el campo de Mathaussen. Los asesinatos se produjeron entre noviembre de 1937 y julio de 1944, pero ni esto, ni sus profesiones (campesinos, obreros, maestros) o filiación (CNT, UGT, PSOE, PCE, Izquierda Republicana), ni su compromiso público (alcaldes, concejales), ni sus edades, desde muy jóvenes a personas ya maduras, ni otras informaciones relevantes que dieran medida de las dimensiones del crímen, se recogen en la gran estela. ¿Motivos? Resulta bastante evidente que tanto el artista que ha realizado la obra como la autoridad municipal que la ha dado por válida, o bien desconocen el estilo y diseño de los monumentos memoriales de este tipo que existen por toda Europa, o bien no acaban de entender su sentido, utilidad y función.
Tomaron la palabra dos miembros de la familia Merchán, de quienes podemos decir que son la mejor prueba del fracaso de los verdugos en su dictado de terror y olvido, pues han mostrado una extraordinaria dignidad y firmeza democrática, no olvidando nunca ni quienes eran y de donde venían, ni lo honrado de las ideas de libertad, igualdad y fraternidad que defendieron sus abuelos al precio de sus vidas. El sr. Merchán reconstruyó en un texto formidable las dificultades de los supervivientes de la matanza para poder asimilar tanto dolor y dar explicación del porqué de tanto horror a sus hijos en una España dominada en los altares, la escuela, la prensa, los trabajos y la calle por el discurso de los verdugos. Ana María Merchán por su parte nos remitió a un escrito que se publicó con estos actos y que no pudo pronunciar en la ceremonia. Ambos pronunciaron en voz alta los nombres de aquellos que cayeron a manos del fascismo, y como escribiría tan justamente Ana María, «tuvieron que pasar setenta y seis años para que los nombres de [sus] abuelos se pronunciaran en un edificio oficial, el ayuntamiento de Istán» y para que la historia de su familia «floreciera como la primavera, con una exquisitez infinita en el libro «El agua de la memoria». En su texto —cuya palabra se nos hurtó en el acto público—, «Las manos de una niña», esa niña que miraba en la vieja caja de cartón de una camisa de bodas, guardada durante tres cuartos de siglo, donde se guardaba los más preciados recuerdos de la familia como eran las fotos y pequeños objetos de los abuelos asesinados, esa niña que buscaba la mirada que le devolvían serenamente desde los viejos retratos, que llegó a comprender que los verdugos le habían negado un mundo de cariño y humanidad al repasar aquellas cartas que hablaban de amor y respeto, de trabajo honrado, que ya de mayor se sorprendía de que en una sencilla y vieja caja cupiese toda la historia de una familia, esa niña, ahora una mujer adulta y comprometida con la lucha por la dignidad humana, pone en muy pocas palabras un gran mensaje: su lucha por la memoria de los suyos le lleva a exigir hoy, sin sentimiento de venganza ni de odio, dignidad y justicia para sus abuelos y su familia.
Acabó el acto casi sin parecer que se acababa, como una puerta que se cierra al paso del viento, suavemente. Un chelo acompañó los entreactos, sin que la música evocase ni la lírica de la República o los cantos de lucha o trabajo, fue una música grave, digna, pero despojada de alma republicana; esto no es solamente una opinión. ¿Qué clase de país es España que en un acto así no se toca un himno oficial, histórico o actual —o los dos—, o una canción que explícitamente identifique a los que cayeron? ¿Qué nos ocurre?
El alcalde insistió una vez más que aquello cerraba esta página de la historia y que tras esto se iniciaba una nueva. Hubo dos banderas republicanas, una ondeaba entre el público, la otra a modo de velo tapando la estela, y a modo de velo fue tratada, aunque al descorrerse, al menos un espontáneo y firme ¡Viva la República! de boca de un compañero sindicalista del SAT arrancó el aplauso de los presentes.
En Istán se intentó en esta jornada emplear la palabra memoria para ocultar la palabra república, así se hizo en los textos inscritos en la piedra; la presencia de la ausencia fue tan enorme que acabará haciéndole pagar un precio político al alcalde Marín. Un alcalde y militante de IU tiene la obligación de ser un puntal de la lucha republicana y negarla como ha hecho desconectando a sabiendas las luchas del pasado con las del presente es, como mínimo, un  error inaceptable.
Pese a todo, pese a la confusión política y moral con la que se han llevado algunos extremos de este asunto, la dignidad de las víctimas, de sus familiares y la de cuantos todo lo han dado para que se rescatase el ejemplo de los que lucharon antes que nosotros, se mantiene intacta.
En recuerdo de Francisco Rivero, Juan Toro, Manuel Granados, Miguel Tineo, cuando ondee la República diremos de nuevo vuestros nombres…

Hay momentos en la vida en los que callar es una culpa y hablar una obligación, Juan Granados
Necesitamos Justicia en nuestro país y necesitamos cambiar los jueces si es preciso, Miguel Cerón
Las fosas son un ejemplo del horror que puede ocurrir si no nos organizamos, J.L. Muga

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