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Hasta que el árbitro pita el final, hay partido
Esteban Alcantara. 25.05.14 
Mi padre, que como futbolista profesional jugó en el C. D. Málaga y otros equipos de ámbito nacional, guardando cosas interesantes en su memoria, cómo cuando batió al guardameta internacional Guillermo Eizaguirre, en Valencia; el marcaje que le hizo en el viejo Metropolitano al “cerebro” del Atlético de Madrid (entonces Campeón de Liga), el internacional sueco Henry Carslons; o sus experiencias, jugando en el homenaje de César, delantero centro del Barcelona, o compartiendo la banda izquierda del C.D. Málaga con el interior Bazán, cuya hazaña aún se mantiene en el Guinnes World Records; me enseñó dos cosas muy apreciables para mí sobre el fútbol: ser aficionado más que hincha, y que los partidos duran hasta que pita el final el árbitro. Sobres estas premisas y a colación de la “décima”, ganada por el Real Madrid, escribo.
1966-2014.
 
Al nacer en 1953, las diez copas de Europa ganadas por el Real Madrid jalonan en recuerdos la vida de uno mismo. Cuando anoche, todos los medios destacaban la cualidad  del equipo blanco de entregarse hasta el final, y obtener por ello el triunfo; no pude evitar recordar aquella final entre el Partizán de Belgrado y el Real Madrid, celebrada el 11 de mayo de 1966 en el estadio Heysel de Bruselas.
Anteriormente, el Real Madrid había ganado consecutivamente sus primeras cinco copas de Europa, entre 1956 y 1960. También, la Intercontinental de aquel último año. La mayoría de los españoles habían seguido en directo aquellos triunfos a través de la radio, y en diferido por la prensa y los NO-DO.
Cuando el Real Madrid llegó a la final de 1966, un sector de la población española ya tenía televisores en sus hogares. Eso sí, eran en blanco y negro y funcionaban con lámparas que, por la elevada temperatura que cogían, se estropeaban con frecuencia, lo que hacía proliferar en Málaga los talleres de reparación de televisores, casi todos por el tema de la sustitución de las citadas lámparas.
Para mi desgracia, el día antes de la final de Heysel, una lámpara de nuestro televisor saltó, y el electrodoméstico pasó al taller de reparación sin que pudiera regresar a tiempo para ver en casa el partido. No me quedó más solución que ir con varios compañeros del Instituto de Martiricos, que estábamos por entonces acabando 2º de Bachiller, a ver la final en la cafetería "El Tiburón". El local estaba abarrotado, por lo que nosotros, entre doce y trece años, trepamos para encaramarnos en una cornisa y sentarnos sobre ella. Por debajo de nuestras piernas bramaba “el universo” de los hinchas. Entre los gritos desaforados e insultos contra los entonces yugoeslavos, porque estos ganaban ya por 1-0; en aquella “caldera hirviendo” sólo parecía haber un aficionado con fe en su cabeza, que repetía: “El Real Madrid no se va a entregar y va a luchar hasta el final”. Dicho y hecho. Marcaron Amancio y Serena, y en medio del clamor general, el llamado Real Madrid “ye-yé” se hizo con la sexta Copa de Europa, haciendo realidad que  los partidos están en vilo hasta que el árbitro pita.
Anoche ocurrió lo mismo, el Madrid no se entregó y se alzó con el triunfo. Pero también es verdad, que  al Atlético de Madrid le faltó la suerte del campeón, pudiendo haber levantado la “orejona”. Tuvo la misma y penosa suerte de 1974. Ojalá todo suceda mejor el día que juegue su tercera final. El equipo del Calderón se lo merece. 

En recuerdo de Antonio Betancort Barrera, portero de Real Madrid, que tras jugar todos los partidos de la Copa de Europa en 1966, sufrió una fuerte lesión en el Bernabeu en el primer encuentro de la semifinal contra el inter de Milán, debiendo ceder su puesto a su compañero Araquistáin. Antonio Betancort fue un portero de los de verdad, no de "los que menten la mano o la manopla" para despejar y crear un nuevo peligro en el consiguiente saque de esquina, sino para atrapar el balón con seguridad, pues el blocaje era requisito indispensable entonces para calificar a un buen guardameta.

Esteban Alcántara.

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