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La procesionaria del pino: una plaga con moraleja
Eduardo Saez Maldonado. 24.03.14 
“…traeré mañana sobre tus tierras la langosta, que cubrirá la faz de la tierra y devorará lo que quedó salvo del granizo. Devorará todo árbol que crece en vuestros campos. Invadirá tus casas, las casas de tus servidores y la de todos los egipcios, cual nunca vieron tus padres, ni tus abuelos, desde que fueron sobre la tierra hasta hoy.” Éxodo 10:4-6
Las plagas no son nuevas como podemos deducir de la cita anterior. Son inherentes a la especie humana desde que inventamos la agricultura y, por tanto, los monocultivos. Los monocultivos de pino tienen la suya: una discreta mariposa nocturna, la procesionaria del pino, que resulta ser más peligrosa de lo que puede parecer a priori.
Las orugas, que estos días bajan de los pinos para “procesionar” por todos sitios, lanzan al aire al sentirse amenazadas unos pelos urticantes que provocan una reacción alérgica que puede llegar a ser grave si afecta a las mucosas y, en particular, a los ojos. Al ser animales vistosos y desplazarse en largas y llamativas y filas, son particularmente peligrosos para los niños que pueden llegar a tocarlas y llevarse las manos a la boca o a los ojos. De hecho no pocos perros, muy dados a olerlo todo, si tienen la desgracia de intentar comerse alguna, pueden llegar a perder trozos de lengua y de labios e incluso morir por inflamación de la tráquea y asfixia. Pero, ¿por qué hay tantas orugas?

El año que viene seguramente la virulencia sea menor, pero este año hay una abundancia particularmente elevada de orugas. Los ciclos biológicos generan estos altibajos pero no nos escapamos: cerca de los pinares todas las primaveras sufrimos esta molesta plaga. La reacción inmediata es: hay que fumigar apara acabar con estos peligrosos bichos. Pero si queremos aprender a controlar esta plaga conviene analizar con alguna profundidad sus causas originales.

La vegetación natural de esta sierra, la típica del monte bajo mediterráneo, era de bosques poco densos de encinas y algún alcornoque y quejigos y pinos con grandes claros y un importante matorral mediterráneo. La explotación humana de siglos había deforestado completamente esta sierra (como casi todas) pero, a mediados del siglo XX, la administración de la época decidió, con buen criterio, acometer una reforestación que contribuyera a evitar la erosión, a disminuir la evaporación y a regenerar las laderas de la cara norte de la Sierra de Mijas.

Cuando el suelo está muy degradado, las especies más “nobles” como encinas y quejigos no prosperan pues necesitan que haya sombra, suelo, nutrientes y humedad. Se suele hacer la repoblación pues, inicialmente, con especies que tengan pocos requerimientos hídricos, de nutrientes y que sean de rápido crecimiento: típicamente el pino carrasco (“Pinus halepensis”) y el pino resinero (“Pinus pinaster”). Se suelen plantar los pinos a altas densidades (hasta 1500 pies/Ha, que viene a ser un pino cada 2 o 3 metros) con objeto de que, dado que el pino renueva su masa foliar aproximadamente cada dos años, se vaya creando suelo con la hojarasca que cae permanentemente y que, junto a la sombra que generan al crecer, retiene la humedad. Pasados diez o veinte años, tenemos unos pinares impenetrables en los que no crece casi nada pero que han generado una capa de suelo fértil importante.

La siguiente fase (a la que no suele dedicarse gran esfuerzo) consiste en entresacar pinos para ir abriendo claros que permitan a las especies autóctonas (como las encinas) crecer aprovechando el suelo, la sombra y la humedad generada. Para ello se requeriría que la planificación fuera a largo plazo (décadas), pero lamentablemente en España la altura de miras que requieren estos proyectos a más de cuatro años vista no es una de las características más destacadas de nuestros gobernantes.

Cualquiera que haya intentado penetrar en uno de estos pinares de repoblación de la cara norte de la Sierra de Mijas habrá sufrido lo suyo pues es casi imposible caminar. Y habrá comprobado además, quizá con cierta decepción, que la biodiversidad no es particularmente alta. De hecho prácticamente sólo hay pinos. Y un lugar donde sólo hay pinos, es el paraíso terrenal para la procesionaria, que prolifera sin control. Una de las medidas paliativas naturales más inocuas y agradables consiste en promover el desarrollo de poblaciones de pájaros insectívoros autóctonos (no vayamos a liarla más) de la familia de los páridos (carboneros y herrerillos) que son muy aficionados a comerse las larvas de procesionaria en los primeros estadios de su desarrollo. Pero estos pájaros requieren bosques maduros en los que haya árboles muertos, grandes ramas caídas etc. que les proporcionen los huecos que necesitan para anidar. La instalación de cajas nido en los árboles es pues, una práctica recomendable y suelen tener muy buena acogida.

Pero esta medida, por sí sola no soluciona el problema, lógicamente. La solución pasa, a largo plazo, por llevar a cabo en serio las labores de clareo y entresaca (que nunca se hicieron con la deseable intensidad) para permitir que el bosque se vaya “naturalizando”, los pinos no sean la única especie sino que haya también encinas y quejigos, algarrobos y acebuches, jaras y tomillo, y la procesionaria sea una especie más de un ecosistema maduro y rico en especies con sus sistemas naturales de control adecuados.

¿Y qué hay del uso de insecticidas? Dada la situación, y puesto que estas medidas descritas requieren décadas, a veces es necesario usar insecticidas localmente en zonas habitadas, sobre todo en parques, colegios etc. Afortunadamente, y gracias a las directrices europeas, ya se prohibieron las fumigaciones masivas con medios aéreos porque somos muy dados a usar venenos alegremente sin pensar en las consecuencias de afectación a otras especies de insectos (abejas polinizadoras, por ejemplo) o incluso a nosotros mismos con la contaminación de acuíferos etc.

Esto no es más que un ejemplo de desajuste ecológico relativamente leve, pero debemos ir pensando que no podemos estar eternamente matando moscas a cañonazos y que nos tenemos que acostumbrar a respetar en la medida de lo posible nuestro entorno natural pues el desarrollo de nuestra especie está llegando a un grado de alteración ambiental tan grande que nos acerca a un punto de no retorno (si no hemos llegado ya) cuyas consecuencias no podemos (y lo que es peor, no queremos) prever.
No sea que tengamos que desempolvar la Biblia para volver a leer el libro del Éxodo. O incluso el Apocalipsis…
http://actualidad.rt.com/ciencias/view/122596-nasa-civilizacion-colapso

Eduardo Sáez Maldonado.
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