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 “Llevamos insertos un mundo de miedos (…).”
Mariano Cabrero Barcena. 27.01.14 
Llevamos insertos un mundo de miedos-en el interior de nuestros corazones-: miedo al amor,  al infarto de miocardio, al cáncer, al Sida, miedo a perder la cabeza, miedo al  sufrimiento, miedo al dolor…Todos estos miedos nos producen zozobra, tristeza, desasosiego, y al final, la inevitable depresión, la cual nos hunde en un mundo desconocido lleno de tinieblas…De este mundo podemos y debemos salir con la ayuda de médicos, familiares y buenos amigos. "La luz entra a raudales por la ventana, el teléfono no suena, el despertador ha sonado pero no lo escuché, que cansancio y tristeza y malestar invaden mi alma. Ganas tengo de nada. Quiero no ver a nadie, porque nadie me importa…lo más mínimo”, he aquí un cuadro depresivo, que se nos puede presentar a cualquiera de nosotros a lo largo o a lo corto de nuestras vidas.
Que la depresión es una enfermedad del estado de ánimo, sin duda, por todos es conocido como tal. No es un padecimiento mental, y  convenimos en que la depresión alcanza dos vertientes muy concretas: la endógena y la exógena. La primera de las nombradas se desarrolla cuando obedece a causas exteriores: duelo por una persona, duelo por un ser amado, pérdida de empleo, enfermar de una mal incurable, el estrés de la propia vida…La segunda de las nombradas procede de una alteración en ciertos componentes del sistema nervioso central (SNC), y entre ellos de algunas sustancias (serotonina, norepinefrina…). Este desajuste producido en el interior de nuestro cerebro, cuando procede en  sentido contrario, provoca síntomas opuestos a la depresión, la manía.

Quien no ha tenido una depresión no puede  comprender lo que es la tristeza. Cada época viene determinada por una  enfermedad preponderante. La nuestra tiene su máximo representante en la  depresión. Padecemos otra a la que conocemos con un nombre: el cáncer. Podemos considerar a la primera como más frecuente.  A la segunda, como la más grave. ¿ Cuándo se padece cáncer-de-seno-causas-factores-de-riesgo? Son muchos y muy conocidos hoy en día.

Un enfermo de depresión se  manifestaba de la siguiente manera: "Siento, a veces, las pisadas de alguien que  camina cerca de mí, y creo –ilusión pérdida– que me están espiando, que saben –algo o todo– de mi cita que tuve ayer con la señorita…, por así llamarla, dado  que está casada, con marido y escopeta, con  escopeta y marido".

Me comentaba un amigo mío: "Estoy deprimido y me duele el alma porque no me conozco a mí mismo. Sé que no tengo una enfermedad mental,  pero me siento enfermo en mi estado de ánimo y en mi afectividad". ¡Qué tremenda  manifestación! Más tarde, continuó diciendo: "No tropecé con almas que amé –hombres y  mujeres, compañeros míos–, porque habían fallecido”. Y pensar que pude haber sido  el último hombre/mujer sobre la tierra, si al salir por la mañana temprano la  ciudad estuviera ya muerta… Y pensar que pude haber sido el último hombre/mujer  sobre la tierra… sin llegar a tener el tiempo necesario para escribir mi último  poema".

¡Ya... me encuentro solo! De regreso, y cuando me hallo en mi casa, sobre la una de la madrugada, solamente escucho el ruido al paso de los últimos coches-sus ruedas.-. Doy dos vueltas al cerrojo de la puerta– ¡hay tantos ladrones hoy en día!–, y busco silencio–mi silencio– en mi soledad. El día ha sido francamente penoso: hablar con amigos que no lo son, saludar a personas que casi no conozco, recomendar a ciertos jóvenes–tunantes por naturaleza–que se presentan a oposiciones del Estado (lo cual hice por mero compromiso, aunque no puse mucho interés en tales recomendaciones, y entiendo que resultarán ineficaces), escuchar mentiras que luego se convertirán en verdades.

A los ojos penetrantes de mi buen amigo, que tanto sufría y  hacía sufrir sin darse cuenta, le recomendé la lectura de los siguientes versos,  para que bajando en el desarrollo de su enfermedad, pensase que habría de 'subir  bajando' a su pronta curación: Si a la Soterraña vas, ve que la Virgen te  espera que por esta su escalera quien más baja, sube más. Pon del  silencio el compás a lo que bajas pensando baja y subirás volando al  cielo de tu consuelo que para subir al cielo siempre se sube  bajando (Gabriel y Galán, 1894-1905).

La sociedad que nos ha tocado vivir tampoco nos  ayuda a superar estas barreras del intelecto. Es lógico que nuestro estado de  ánimo se deprima, amén de que nuestra cotidiana vida está llena de  preocupaciones y desasosiegos.
Nosotros –los mortales–, que somos meros  pasajeros en tránsito, buscaremos siempre aquello que nos une con nuestros  semejantes: el mismo origen, el mismo hábitat, el mismo destino...; y  olvidaremos lo que nos diferencia: religión, xenofobia, racismo, idiomas  diferentes, pobreza, etc. "¡Hoy tengo un mal día! ¡Todo lo veo negro! ¡Me duele el  corazón!", solemos decir, como si dicha víscera muscular fuera capaz de detectar  dolores.

Porque cuando apago la luz de la mesita de noche, al objeto de dormir unas pocas horas( con mi edad son pocas las horas de sueño, que se aprovechan), mi cerebro que no duerme–y saliendo de la noche oscura de mis pensamientos,–entre sueños y ensueños, me habló: De los peces mil colores; de la mujer asesinada por su pareja sentimental sin que nadie ponga solución efectiva a estas muertes violentas; de la discusiones encontradas en relación con las corridas de toros( para mi ‘los toros’ son una fiesta, y una muerte claro está, respetando las ideas discrepantes al respecto); de la mezcla de sangres distintas entre los contrayentes de la futuras monarquías( genes que cuentan) y de los falsos profetas Rajoy y Rubalcaba.

Vérselas  con la depresión  y luchar contra ella es harto difícil aquí y ahora. La sociedad que nos ha  tocado vivir (¿esa maravillosa democracia española, que nos habla del Estado de  Bienestar para todos, que nos habla de la igualdad de oportunidades, que nos  habla de viviendas asequibles para nuestra juventud?) ha 'roto aguas', y ha  relegado a las personas longevas, única y exclusivamente, para que emitan su  voto cada cuatro años.

A lo sumo ha construido unas pocas residencias -jaulas de  soledad- donde podemos ir a morir, y, desde luego, ser olvidados por propios y/o  extraños. Eso sí, para morir con tranquilidad, llevando sobre nuestras espaldas  sacos pesados con tierras cargadas de olvidos, penas y sinsabores.

Nuestra alma que  navega negra por el mundo actual que nos ha tocado vivir, nuestra alma que nos  duele y llora lágrimas de invierno: muchas hambres y muchas guerras, hambres y  guerras.

Pensamos y actuamos, como seres humanos que somos.  Y es que la panorámica mundial es problemática: guerras fratricidas, violación  de mujeres -con resultado final de muerte- y sus derechos, malos tratos  psíquicos y físicos a menores, detención ilegal de menores que desaparecen para  siempre, etcétera, etcétera.
 
El faro que alumbra al mundo entero, desde la ciudad de La Coruña (España), y donde nadie es forastero...
http://www.centrogallegoregiondemurcia.com/imagenes/torre-de-hercules.jpg

La Coruña (España), 27 de enero de 2014
©Mariano Cabrero Bárcena es escritor
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